20 años desde un desayuno
Spiff les invita a viajar en el tiempo. No se preocupen, no saldrán lastimados ni despeinados.
A principios de la década de los 80, Hollywood descubre el mercado de las películas dirigidas para jóvenes. Pero esos primeros filmes estaban enfocados en despertares hormonales, desnudos semi-totales y argumentos tan banales que colocaban a las películas pornográficas de la época al mismo nivel de “Hamlet”, “Macbeth” o “Romeo y Julieta.” Recuerden títulos como “Porky´s.”
Todo ello cambia con la contratación del guionista y director canadiense John Hughes por parte de Universal Pictures en 1982; y con él, llega una nueva visión de la juventud en el cine, más cercana a la realidad (primeros amores, aceptación social, desadaptación, y altas y bajas como cualquier vida) que el tinte pornográfico de otras películas (seamos francos, si viviésemos la realidad cual película XXX estaríamos de pabellón de esquizofrénicos).
Su primer proyecto se estrena en 1984. “Sixteen Candles” trata sobre una muchacha a la cual su familia se le olvida el día de su cumpleaños, y quien se lo recuerda es el muchacho del cual ella está enamorada. Mezcla de comedia de enredos con historia rosa, “Sixteen Candles” se hace popular por apelar a una trama diferente para lo que se estilaba en aquél momento. La película fue una de las primeras apariciones de Joan Cusak en pantalla, amén de propulsar la carrera de los para entonces desconocidos Molly Ringwald y Anthony Michael-Hall.
Su segundo proyecto (aun cuando fue el primero que presentó a Universal, y el estudio le dijo que lo hiciera después) trataba sobre sus experiencias de joven cuando asistía al conocido “detention class” o salones de castigo. Para ello, creó personajes que eran arquetipos de cualquier preparatoria, sea en Estados Unidos, Europa, Latinoamérica o hasta en la Antártica: el cerebrito, el deportista, la lunática, la princesa y el delincuente. Hughes los ubicó junto con el profesor que iba a velar que cumpliesen con su castigo en la biblioteca de la escuela un sábado desde las 7:00 AM hasta las 3:00 PM, y hacer un informe escrito sobre su conducta.
En un principio no se relacionaban por las naturalezas propias de cada personaje, salvo por el delincuente cuya actitud era la del típico provocador. Sin embargo, el tedio, la soledad, los problemas particulares de cada uno y la ayuda de la marihuana (en una escena que en las versiones exhibidas en los cines del país censuraron en la época Lusinchi-Conacuid, así como en las retransmisiones hechas por la televisión local), hizo que se relajaran, se confesaran entre ellos, hicieran lazos y se enamoraran. Ya desde entonces, los rumores en Hollywood comentaban sobre algo que se estaba gestando, diferente a lo que se veía en ese entonces; al punto que la revista Rolling Stone comisionó un reportaje sobre ese nuevo cine para jóvenes y las nuevas estrellas en ascenso, incluyendo una sesión fotográfica con la reputada artista Annie Leibowitz para la portada. La película se hacía en Chicago; el director era el mismo John Hughes; los actores (en orden de menos a más): Paul Gleason (el maestro), Emilio Estévez (el deportista), Ally Sheedy (la lunática), Anthony Michael-Hall (el cerebrito), Molly Ringwald (la princesa) y Judd Nelson (el delincuente); y el título: “The Breakfast Club.”
Cuesta creer que ya han pasado 20 años desde que se estrenó. Y apartando las diferencias estilísticas y de gustos en lo musical y en las ropas; abrió varias puertas, a saber: el primer éxito de la agrupación Simple Minds en Estados Unidos con la canción tema “Don´t You (Forget About Me)”, las cortas carreras de cada uno de los actores (cortas en el sentido de que al crecer no gustaron tanto sus actuaciones como en sus papeles de adolescentes), el inicio de lo que la revista New York llamó el “brat pack” (actores jóvenes que reflejaban el espíritu de los 80 y las conductas disipadas de los mismos), y en especial, una nueva forma de reflejar las etapas de crecimiento y la adaptación a la sociedad, algo que se ha perdido en años posteriores con películas de terror adolescente, comedias insulsas o filmes neo supremacía negra –no se incluyen los de Spike Lee- (actores negros, argumentos negros, comedias en su mayoría, rap y hip-hop al por mayor, ghettos y delincuencia).
Por ello, si no la han visto y tienen oportunidad de verla, véanla y disfrútenla. Si hace tiempo que no la ven, vuélvanla a ver; será como leer un anuario de bachillerato. Tal como dice el tango que 20 años no es nada, hay cosas en las que se aplica este principio; en este caso “The Breakfast Club.” Total, un desayuno de hace 20 años si es bueno, sabrá mucho mejor. Palabra de jedi. 5 estrellas.
A principios de la década de los 80, Hollywood descubre el mercado de las películas dirigidas para jóvenes. Pero esos primeros filmes estaban enfocados en despertares hormonales, desnudos semi-totales y argumentos tan banales que colocaban a las películas pornográficas de la época al mismo nivel de “Hamlet”, “Macbeth” o “Romeo y Julieta.” Recuerden títulos como “Porky´s.”
Todo ello cambia con la contratación del guionista y director canadiense John Hughes por parte de Universal Pictures en 1982; y con él, llega una nueva visión de la juventud en el cine, más cercana a la realidad (primeros amores, aceptación social, desadaptación, y altas y bajas como cualquier vida) que el tinte pornográfico de otras películas (seamos francos, si viviésemos la realidad cual película XXX estaríamos de pabellón de esquizofrénicos).
Su primer proyecto se estrena en 1984. “Sixteen Candles” trata sobre una muchacha a la cual su familia se le olvida el día de su cumpleaños, y quien se lo recuerda es el muchacho del cual ella está enamorada. Mezcla de comedia de enredos con historia rosa, “Sixteen Candles” se hace popular por apelar a una trama diferente para lo que se estilaba en aquél momento. La película fue una de las primeras apariciones de Joan Cusak en pantalla, amén de propulsar la carrera de los para entonces desconocidos Molly Ringwald y Anthony Michael-Hall.
Su segundo proyecto (aun cuando fue el primero que presentó a Universal, y el estudio le dijo que lo hiciera después) trataba sobre sus experiencias de joven cuando asistía al conocido “detention class” o salones de castigo. Para ello, creó personajes que eran arquetipos de cualquier preparatoria, sea en Estados Unidos, Europa, Latinoamérica o hasta en la Antártica: el cerebrito, el deportista, la lunática, la princesa y el delincuente. Hughes los ubicó junto con el profesor que iba a velar que cumpliesen con su castigo en la biblioteca de la escuela un sábado desde las 7:00 AM hasta las 3:00 PM, y hacer un informe escrito sobre su conducta.
En un principio no se relacionaban por las naturalezas propias de cada personaje, salvo por el delincuente cuya actitud era la del típico provocador. Sin embargo, el tedio, la soledad, los problemas particulares de cada uno y la ayuda de la marihuana (en una escena que en las versiones exhibidas en los cines del país censuraron en la época Lusinchi-Conacuid, así como en las retransmisiones hechas por la televisión local), hizo que se relajaran, se confesaran entre ellos, hicieran lazos y se enamoraran. Ya desde entonces, los rumores en Hollywood comentaban sobre algo que se estaba gestando, diferente a lo que se veía en ese entonces; al punto que la revista Rolling Stone comisionó un reportaje sobre ese nuevo cine para jóvenes y las nuevas estrellas en ascenso, incluyendo una sesión fotográfica con la reputada artista Annie Leibowitz para la portada. La película se hacía en Chicago; el director era el mismo John Hughes; los actores (en orden de menos a más): Paul Gleason (el maestro), Emilio Estévez (el deportista), Ally Sheedy (la lunática), Anthony Michael-Hall (el cerebrito), Molly Ringwald (la princesa) y Judd Nelson (el delincuente); y el título: “The Breakfast Club.”
Cuesta creer que ya han pasado 20 años desde que se estrenó. Y apartando las diferencias estilísticas y de gustos en lo musical y en las ropas; abrió varias puertas, a saber: el primer éxito de la agrupación Simple Minds en Estados Unidos con la canción tema “Don´t You (Forget About Me)”, las cortas carreras de cada uno de los actores (cortas en el sentido de que al crecer no gustaron tanto sus actuaciones como en sus papeles de adolescentes), el inicio de lo que la revista New York llamó el “brat pack” (actores jóvenes que reflejaban el espíritu de los 80 y las conductas disipadas de los mismos), y en especial, una nueva forma de reflejar las etapas de crecimiento y la adaptación a la sociedad, algo que se ha perdido en años posteriores con películas de terror adolescente, comedias insulsas o filmes neo supremacía negra –no se incluyen los de Spike Lee- (actores negros, argumentos negros, comedias en su mayoría, rap y hip-hop al por mayor, ghettos y delincuencia).
Por ello, si no la han visto y tienen oportunidad de verla, véanla y disfrútenla. Si hace tiempo que no la ven, vuélvanla a ver; será como leer un anuario de bachillerato. Tal como dice el tango que 20 años no es nada, hay cosas en las que se aplica este principio; en este caso “The Breakfast Club.” Total, un desayuno de hace 20 años si es bueno, sabrá mucho mejor. Palabra de jedi. 5 estrellas.
Universal Pictures presenta. Una producción A&M Films/Channel. Una película de John Hughes. “The Breakfast Club.” Escrita y dirigida por John Hughes. Editada por Dede Allen, A.C.E. Música compuesta por Keith Forsey. “Don´t You (Forget About Me)” interpretada por Simple Minds. Co-producida por Michelle Manning. Producción ejecutiva por Gil Friesen y Andrew Meyer. Producida por Ned Tanen y John Hughes. Intérpretes: Emilio Estévez (el deportista), Paul Gleason (el maestro), Anthony Michael-Hall (el cerebrito), Judd Nelson (el delincuente), Molly Ringwald (la princesa) y Ally Sheedy (la lunática.) Duración: 96 minutos.

