Spiff, Tarantino y C.S.I.
Lo confieso: no he sido fanático de “C.S.I.: Crime Scene Investigation” por dos motivos: primero no me cuadra William Petersen como actor (aun lo veo encasillado en aquella película de 1984 “To Live And Die In L.A.” ni como el agente Will Graham en la primera versión de “Red Dragon” de 1986 llamada “Manhunter”, más parecida a Miami Vice que a Hannibal Lecter), y segundo, es un proyecto producido por Jerry Bruckheimer; en mi opinión uno de los muchos que han pervertido el concepto de cine de entretenimiento al crear espectáculos vacíos, sin contenido y con una profusión de efectos y salidas predecibles en las películas que ha producido; con la excepción de “Black Hawk Down” y “Pirates Of The Caribbean: The Curse Of The Black Pearl”, las cuales son flores en el mar de imbecilidad que son sus producciones.
Por ello, me extrañó en un primer momento ver que el episodio final de la quinta temporada de “C.S.I.” iba a ser escrito y dirigido por Quentin Tarantino; en mi opinión uno de los genios más interesantes del cine actual, no tanto por el hecho de dirigir televisión (de hecho, dirigió un episodio de “E.R.” en 1994, y ha actuado como invitado en “Alias” varias veces), sino por el elemento de mezclar a Tarantino con Bruckheimer en la segunda franquicia televisiva (la primera es la eterna “Law & Order”) del panorama actual. Y aun más extraño el hecho de que Tarantino sea fan del programa.
No obstante, vi el episodio, considerando que no había visto hasta el momento uno sólo de los capítulos regulares sólo por el detalle de ser dirigido por Quentin. Y el resultado fue muy satisfactorio. Desde el principio se veía que el estilo de Tarantino estaba presente: la música country al comienzo, las conversaciones entre los investigadores tan llena de detalles como en sus películas, el hecho de mantener enterrado vivo a uno de los del equipo en clara influencia de “Kill Bill”, muchas escenas de campo abierto que recordaban el cuerpo de trabajo del director, y en especial, el hecho de visualizar cómo sería la autopsia del enterrado vista desde sus ojos. Y además fue igual de satisfactorio ver que ese mismo estilo estaba mezclado con la imaginería tecnológica que forma parte de “C.S.I.: Crime Scene Investigation”; en dos elementos particulares: el primero, el hecho de tener una web cam instalada en el ataúd donde se encontraba enterrado y el tono de reality show con toques mórbidos de ver en vivo a alguien enterrado esperando a que fallezca. Se puede decir que era grotesco pero atractivo. Amén del hecho de tener como invitados especiales a Tony Curtis y a John Saxon por citar un par. Esto da a entender que estaban desesperados por aparecer en un proyecto de Quentin. Sería la mar de interesante que participaran en una película dirigida por él.
Sólo tiendo a hacer valer tres detalles que hicieron que no fuese tan memorable como ver algunas de las películas del gran Tarantino. Estos fueron: en primer lugar, la ausencia de malas palabras y diálogos pop en mayor cantidad de la que se exhibió: con excepción del juego de mesa de “The Dukes of Hazzard” que estaban jugando y el “son of a bitch” que se oyó en la primera hora y que ya no tiene nada de soez (Kiefer Sutherland lo menciona cada vez que está molesto en “24”), el resto eran escenas convencionales con ciertas tomas diferentes, pero nada del otro mundo; en segundo lugar, el desfile de comerciales el cual en el caso de los que somos fans número uno de sus películas tiende a cansar, puesto que ya uno está acostumbrado a sus extravagancias a lo largo de dos horas promedio que dura sus filmes; y por último, y como una extensión de lo primero, el hecho de que al ser televisión, Quentin Tarantino estaba en cierto modo usando una camisa de fuerza en cuanto a su tradicional estilo de litros y litros de sangre, desmembramientos caricaturescos, detalles extremos, malas palabras y referencias pop al por mayor, tan comunes en sus películas y que aquí se extrañaban.
Pero en resumen, el episodio fue bastante bueno en comparación a otros programas existentes en la actualidad, y es una buena recomendación incluso para los que en mi caso no han visto ni un solo capitulo de “C.S.I.: Crime Scene Investigation.” Si no la vieron, aprovechen de verla en las reposiciones del fin de semana de Sony Enterteainment Television. No lo van a pasar mal. Cuatro estrellas y media de un máximo de cinco.
Por ello, me extrañó en un primer momento ver que el episodio final de la quinta temporada de “C.S.I.” iba a ser escrito y dirigido por Quentin Tarantino; en mi opinión uno de los genios más interesantes del cine actual, no tanto por el hecho de dirigir televisión (de hecho, dirigió un episodio de “E.R.” en 1994, y ha actuado como invitado en “Alias” varias veces), sino por el elemento de mezclar a Tarantino con Bruckheimer en la segunda franquicia televisiva (la primera es la eterna “Law & Order”) del panorama actual. Y aun más extraño el hecho de que Tarantino sea fan del programa.
No obstante, vi el episodio, considerando que no había visto hasta el momento uno sólo de los capítulos regulares sólo por el detalle de ser dirigido por Quentin. Y el resultado fue muy satisfactorio. Desde el principio se veía que el estilo de Tarantino estaba presente: la música country al comienzo, las conversaciones entre los investigadores tan llena de detalles como en sus películas, el hecho de mantener enterrado vivo a uno de los del equipo en clara influencia de “Kill Bill”, muchas escenas de campo abierto que recordaban el cuerpo de trabajo del director, y en especial, el hecho de visualizar cómo sería la autopsia del enterrado vista desde sus ojos. Y además fue igual de satisfactorio ver que ese mismo estilo estaba mezclado con la imaginería tecnológica que forma parte de “C.S.I.: Crime Scene Investigation”; en dos elementos particulares: el primero, el hecho de tener una web cam instalada en el ataúd donde se encontraba enterrado y el tono de reality show con toques mórbidos de ver en vivo a alguien enterrado esperando a que fallezca. Se puede decir que era grotesco pero atractivo. Amén del hecho de tener como invitados especiales a Tony Curtis y a John Saxon por citar un par. Esto da a entender que estaban desesperados por aparecer en un proyecto de Quentin. Sería la mar de interesante que participaran en una película dirigida por él.
Sólo tiendo a hacer valer tres detalles que hicieron que no fuese tan memorable como ver algunas de las películas del gran Tarantino. Estos fueron: en primer lugar, la ausencia de malas palabras y diálogos pop en mayor cantidad de la que se exhibió: con excepción del juego de mesa de “The Dukes of Hazzard” que estaban jugando y el “son of a bitch” que se oyó en la primera hora y que ya no tiene nada de soez (Kiefer Sutherland lo menciona cada vez que está molesto en “24”), el resto eran escenas convencionales con ciertas tomas diferentes, pero nada del otro mundo; en segundo lugar, el desfile de comerciales el cual en el caso de los que somos fans número uno de sus películas tiende a cansar, puesto que ya uno está acostumbrado a sus extravagancias a lo largo de dos horas promedio que dura sus filmes; y por último, y como una extensión de lo primero, el hecho de que al ser televisión, Quentin Tarantino estaba en cierto modo usando una camisa de fuerza en cuanto a su tradicional estilo de litros y litros de sangre, desmembramientos caricaturescos, detalles extremos, malas palabras y referencias pop al por mayor, tan comunes en sus películas y que aquí se extrañaban.
Pero en resumen, el episodio fue bastante bueno en comparación a otros programas existentes en la actualidad, y es una buena recomendación incluso para los que en mi caso no han visto ni un solo capitulo de “C.S.I.: Crime Scene Investigation.” Si no la vieron, aprovechen de verla en las reposiciones del fin de semana de Sony Enterteainment Television. No lo van a pasar mal. Cuatro estrellas y media de un máximo de cinco.

