Pink Floyd en Live 8
Desde el anuncio del Live 8 fue la gran noticia del rock en años, 25 para ser exactos desde la última aparición durante la gira del disco “The Wall” cuando el mal ya estaba hecho y los egos inflamados. El aviso de que como un gesto hacia Bob Geldof (quién hizo el papel protagónico en la adaptación cinematográfica que hizo Alan Parker de “The Wall”) y a su causa iban a reunificarse David Gilmour, Nick Mason, Richard Wright y Roger Waters para ser el épico Pink Floyd de la década de los 70 (hubiese sido extremo si hubiesen conseguido desde las oscuridades del tiempo a Syd Barrett para aparecer junto a ellos) impulsó el motor de la curiosidad para ver si iban a superar sus célebres diferencias y si estarían a la altura de lo que hacían en su momento de gloria.
Y vale decir que superó; corrijo, era Pink Floyd tal cual y como lo escuchábamos en los discos. Parecía como si nunca hubiesen peleado entre ellos y sólo se hubiesen tomado un receso de meses para volver a tocar.
Prácticamente desde el inicio, desde que empezaron los acordes de “Speak To Me/Breathe” era escuchar todo de arriba hacia abajo un concierto de ellos de, digamos, 1974. A continuación, “Money”, tocada casi sin variar a la versión de “The Dark Side Of The Moon,” con todo y los efectos al final de la canción. En tercer lugar, la estática del radio, la conversación, la fanfarria y “Wish You Were Here”; no hay palabras en este punto; porque las hay para el final.
Mientras todos los artistas participantes del Live 8 tenían pautado tocar 3 canciones, Pink Floyd se llevó el premio mayor al tocar 4. La cuarta, y con la que cerraron su actuación, ¡Wow!. Al fin dos generaciones pudieron escucharla tal cual aparecía en el disco de 1979, en la gira de 1980 y en la película de Alan Parker: “Comfortably Numb”, con el memorable juego de dos voces de Roger Waters y David Gilmour y ese sonido de guitarra tan clásico sólo equiparable a The Beatles grabando “A Day In The Life” o a Ludwig van componiendo el último movimiento de su Novena Sinfonía.
Esos minutos de actuación de Pink Floyd fueron históricos, extraordinarios, conmovedores, solemnes y sublimes. Como detalle final, un empresario británico recientemente les ofreció la cantidad de $ 150.000.000 a cada uno de los cuatro para que hicieran una serie de conciertos, a lo que David Gilmour (rememorando lo les que pasó igual hace 10 años a Paul Mc Cartney, George Harrison y Ringo Starr) respondió que Live 8 era por un favor hacia Bob Geldof y que no cobraron nada, más bien ellos aportaron dinero; dando por sentado que no va a haber gira, lo cual es una lástima porque hubiese sido similar a que Bolívar regresara del más allá el tener en esta tierra de desgracia y de más gracia a Pink Floyd en concierto. Triste en verdad, pero basta con saber que pudimos verlos tocando juntos otra vez, aunque fuese por televisión y en diferido. ¡Gracias Pink Floyd!
Y vale decir que superó; corrijo, era Pink Floyd tal cual y como lo escuchábamos en los discos. Parecía como si nunca hubiesen peleado entre ellos y sólo se hubiesen tomado un receso de meses para volver a tocar.
Prácticamente desde el inicio, desde que empezaron los acordes de “Speak To Me/Breathe” era escuchar todo de arriba hacia abajo un concierto de ellos de, digamos, 1974. A continuación, “Money”, tocada casi sin variar a la versión de “The Dark Side Of The Moon,” con todo y los efectos al final de la canción. En tercer lugar, la estática del radio, la conversación, la fanfarria y “Wish You Were Here”; no hay palabras en este punto; porque las hay para el final.
Mientras todos los artistas participantes del Live 8 tenían pautado tocar 3 canciones, Pink Floyd se llevó el premio mayor al tocar 4. La cuarta, y con la que cerraron su actuación, ¡Wow!. Al fin dos generaciones pudieron escucharla tal cual aparecía en el disco de 1979, en la gira de 1980 y en la película de Alan Parker: “Comfortably Numb”, con el memorable juego de dos voces de Roger Waters y David Gilmour y ese sonido de guitarra tan clásico sólo equiparable a The Beatles grabando “A Day In The Life” o a Ludwig van componiendo el último movimiento de su Novena Sinfonía.
Esos minutos de actuación de Pink Floyd fueron históricos, extraordinarios, conmovedores, solemnes y sublimes. Como detalle final, un empresario británico recientemente les ofreció la cantidad de $ 150.000.000 a cada uno de los cuatro para que hicieran una serie de conciertos, a lo que David Gilmour (rememorando lo les que pasó igual hace 10 años a Paul Mc Cartney, George Harrison y Ringo Starr) respondió que Live 8 era por un favor hacia Bob Geldof y que no cobraron nada, más bien ellos aportaron dinero; dando por sentado que no va a haber gira, lo cual es una lástima porque hubiese sido similar a que Bolívar regresara del más allá el tener en esta tierra de desgracia y de más gracia a Pink Floyd en concierto. Triste en verdad, pero basta con saber que pudimos verlos tocando juntos otra vez, aunque fuese por televisión y en diferido. ¡Gracias Pink Floyd!

