<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/28541471?origin\x3dhttp://spiff-o-rama.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

domingo, julio 17, 2005

Pink Floyd en Live 8

Desde el anuncio del Live 8 fue la gran noticia del rock en años, 25 para ser exactos desde la última aparición durante la gira del disco “The Wall” cuando el mal ya estaba hecho y los egos inflamados. El aviso de que como un gesto hacia Bob Geldof (quién hizo el papel protagónico en la adaptación cinematográfica que hizo Alan Parker de “The Wall”) y a su causa iban a reunificarse David Gilmour, Nick Mason, Richard Wright y Roger Waters para ser el épico Pink Floyd de la década de los 70 (hubiese sido extremo si hubiesen conseguido desde las oscuridades del tiempo a Syd Barrett para aparecer junto a ellos) impulsó el motor de la curiosidad para ver si iban a superar sus célebres diferencias y si estarían a la altura de lo que hacían en su momento de gloria.

Y vale decir que superó; corrijo, era Pink Floyd tal cual y como lo escuchábamos en los discos. Parecía como si nunca hubiesen peleado entre ellos y sólo se hubiesen tomado un receso de meses para volver a tocar.

Prácticamente desde el inicio, desde que empezaron los acordes de “Speak To Me/Breathe” era escuchar todo de arriba hacia abajo un concierto de ellos de, digamos, 1974. A continuación, “Money”, tocada casi sin variar a la versión de “The Dark Side Of The Moon,” con todo y los efectos al final de la canción. En tercer lugar, la estática del radio, la conversación, la fanfarria y “Wish You Were Here”; no hay palabras en este punto; porque las hay para el final.

Mientras todos los artistas participantes del Live 8 tenían pautado tocar 3 canciones, Pink Floyd se llevó el premio mayor al tocar 4. La cuarta, y con la que cerraron su actuación, ¡Wow!. Al fin dos generaciones pudieron escucharla tal cual aparecía en el disco de 1979, en la gira de 1980 y en la película de Alan Parker: “Comfortably Numb”, con el memorable juego de dos voces de Roger Waters y David Gilmour y ese sonido de guitarra tan clásico sólo equiparable a The Beatles grabando “A Day In The Life” o a Ludwig van componiendo el último movimiento de su Novena Sinfonía.

Esos minutos de actuación de Pink Floyd fueron históricos, extraordinarios, conmovedores, solemnes y sublimes. Como detalle final, un empresario británico recientemente les ofreció la cantidad de $ 150.000.000 a cada uno de los cuatro para que hicieran una serie de conciertos, a lo que David Gilmour (rememorando lo les que pasó igual hace 10 años a Paul Mc Cartney, George Harrison y Ringo Starr) respondió que Live 8 era por un favor hacia Bob Geldof y que no cobraron nada, más bien ellos aportaron dinero; dando por sentado que no va a haber gira, lo cual es una lástima porque hubiese sido similar a que Bolívar regresara del más allá el tener en esta tierra de desgracia y de más gracia a Pink Floyd en concierto. Triste en verdad, pero basta con saber que pudimos verlos tocando juntos otra vez, aunque fuese por televisión y en diferido. ¡Gracias Pink Floyd!