¡Amo a Sofía!
Sí, estoy enamorado de Sofía Coppola, y no desde el momento en que apareció por primera vez en pantalla como el hijo de Connie, sobrino de Michael y nieto de Don Vito Corleone en la saga de "The Godfather”de Francis Ford Coppola; es decir, hacía el papel de un niño siendo niña.
No obstante, su primer papel como ser consciente fue como sustituta de último momento por enfermedad de Winona Ryder como hija de Michael Corleone en "The Godfather III”, que fue catalogado como pésimo, no por el papel en sí, sino porque ella no sabe actuar, lo cual es algo muy cierto en la familia por el lado de los Coppola; algo que no pueden decir Talia Shire o Nicholas Coppola (alias Nicolas Cage).
Habría que esperar unos cuantos años y que su hermano Roman hiciese algunos videos malos para bandas patéticas (el caso de la agrupación francesa de música dance Daft Punk), para que viniese ella a salvar el buen nombre de la familia. Empezando en 1998, con el estreno de “The Virgin Suicides”, basada en la novela del mismo nombre acerca de un episodio real sucedido en los 70, donde 5 hermanas (todas rubias) de entre 13 y 17 años cometieron suicidio antes de llegar a la mayoría de edad. La suma de todos los factores involucrados en su realización: un guión excelente, una fotografía precisa y competente, actuaciones de lujo; empezando por la buenotototototototota de Kirsten Dunst, seguida por James Woods, Kathleen Turner y Josh Harnett (en una de sus pocas buenas interpretaciones) entre varias, y la música compuesta por canciones de la época (el único sitio donde toleramos a The Bee Gees es en esta película, además de Ted Nugent y Carole King entre muchos artistas) y las variaciones incidentales sobre el tema “Playground Love” de la agrupación francesa de electrónica Air, al hacer que la música parezca aquella que acompañaba a las películas pornográficas de esa década; no las animadas tipo funk, sino lentas, cercanas a las escenas de ternura (si es que las hay) en una película de este estilo. Es por todo ello, que “The Virgin Suicides” se convirtió en una revelación en el momento de su estreno y ayudó a ponerla en el mapa como una directora a considerar a futuro.
Esto se hizo evidente cuando en 2003, se estrenó “Lost In Translation”. Basada en un guión firmado por ella y ganador del Oscar al año siguiente por mejor guión original (fue uno de los pocos premios que no ganó “The Lord Of The Rings: The Return Of The King”) narraba el encuentro de dos seres: uno, un actor que aceptaba papeles en comerciales para el mercado japonés; el otro, una mujer recién casada que acompaña a su esposo fotógrafo en una comisión en Japón. La soledad, la distancia, el hastío, el desconocimiento de la cultura y los usos y costumbres extraños de otro país, hacen que estos seres se encuentren.
He aquí la receta de una obra maestra. El guión, que mantiene y respeta los silencios –no al punto de Michelangelo Antonioni que busca saturar y los incluye también como una propuesta pseudo intelectual-, sino como una progresión natural de los hechos, como un protagonista más. La fotografía, que realza los paisajes y los contrastes que son inherentes a la cultura japonesa: la paz y quietud frente a la saturación y el caos tecnológico. La dirección, limpia y precisa, tal cual como un origami; es decir, si se dobla mal se obtiene un montón de papel arrugado, pero si se dobla bien se tiene una pequeña joya, y es lo segundo lo que prevalece en la dirección de Sofía. La música adaptada al contexto de la película, desde Dirty Vegas, Air (quienes colaboran por segunda vez), hasta inclusive lo que suena en la escena del karaoke con todo y que sea desafinada, hace que el ambiente sea el idóneo para ubicar los personajes.
Y por último las actuaciones, de menos a más. Giovanni Ribisi quien repite con Sofía (fue el narrador en off en “The Virgin Suicides”) como el fotógrafo más preocupado por su trabajo que por su recién estrenada esposa. Scarlett Johannson como la occisa que ve su vida a futuro como un gran espacio en blanco (se aprecia un cuadro depresivo en su personaje que Johannson sabe transmitir a partir de su expresión facial.) Y sin lugar a dudas, Bill Murray en el mejor papel de su carrera de actor, por encima de películas más ruidosas y pomposas hechas por él en el pasado. Aquí se denota una madurez increíble como actor al hacer que se reflejen sentimientos y estados de ánimo sin necesidad de estallidos de drama o de provocar la risa fácil sin un trasfondo. Definitivamente, fue una sabia decisión no hacer la segunda parte de “Charlie´s Angels” para aceptar este rol, que le significó su primera nominación al Oscar como mejor actor. Hubiese sido agradable verlo ganar.
Así que habiendo dicho lo anterior, ¿no es motivo suficiente para estar enamorado de Sofía Coppola? Y para rematar, en la actualidad, y ya separada del director Spike Jonze (director de “Being John Malkovich” y “Adaptation”) es pareja de este otro psicópata llamado Quentin Tarantino. ¿Se imaginan a ambos si tuviesen hijos? ¿Cómo saldrían? ¿Serían directores al igual que sus padres y su abuelo? Esto es una prueba de que el talento es algo que viene de familia y se hereda. Por ello vuelvo y repito: ¡Amo a Sofía!
No obstante, su primer papel como ser consciente fue como sustituta de último momento por enfermedad de Winona Ryder como hija de Michael Corleone en "The Godfather III”, que fue catalogado como pésimo, no por el papel en sí, sino porque ella no sabe actuar, lo cual es algo muy cierto en la familia por el lado de los Coppola; algo que no pueden decir Talia Shire o Nicholas Coppola (alias Nicolas Cage).
Habría que esperar unos cuantos años y que su hermano Roman hiciese algunos videos malos para bandas patéticas (el caso de la agrupación francesa de música dance Daft Punk), para que viniese ella a salvar el buen nombre de la familia. Empezando en 1998, con el estreno de “The Virgin Suicides”, basada en la novela del mismo nombre acerca de un episodio real sucedido en los 70, donde 5 hermanas (todas rubias) de entre 13 y 17 años cometieron suicidio antes de llegar a la mayoría de edad. La suma de todos los factores involucrados en su realización: un guión excelente, una fotografía precisa y competente, actuaciones de lujo; empezando por la buenotototototototota de Kirsten Dunst, seguida por James Woods, Kathleen Turner y Josh Harnett (en una de sus pocas buenas interpretaciones) entre varias, y la música compuesta por canciones de la época (el único sitio donde toleramos a The Bee Gees es en esta película, además de Ted Nugent y Carole King entre muchos artistas) y las variaciones incidentales sobre el tema “Playground Love” de la agrupación francesa de electrónica Air, al hacer que la música parezca aquella que acompañaba a las películas pornográficas de esa década; no las animadas tipo funk, sino lentas, cercanas a las escenas de ternura (si es que las hay) en una película de este estilo. Es por todo ello, que “The Virgin Suicides” se convirtió en una revelación en el momento de su estreno y ayudó a ponerla en el mapa como una directora a considerar a futuro.
Esto se hizo evidente cuando en 2003, se estrenó “Lost In Translation”. Basada en un guión firmado por ella y ganador del Oscar al año siguiente por mejor guión original (fue uno de los pocos premios que no ganó “The Lord Of The Rings: The Return Of The King”) narraba el encuentro de dos seres: uno, un actor que aceptaba papeles en comerciales para el mercado japonés; el otro, una mujer recién casada que acompaña a su esposo fotógrafo en una comisión en Japón. La soledad, la distancia, el hastío, el desconocimiento de la cultura y los usos y costumbres extraños de otro país, hacen que estos seres se encuentren.
He aquí la receta de una obra maestra. El guión, que mantiene y respeta los silencios –no al punto de Michelangelo Antonioni que busca saturar y los incluye también como una propuesta pseudo intelectual-, sino como una progresión natural de los hechos, como un protagonista más. La fotografía, que realza los paisajes y los contrastes que son inherentes a la cultura japonesa: la paz y quietud frente a la saturación y el caos tecnológico. La dirección, limpia y precisa, tal cual como un origami; es decir, si se dobla mal se obtiene un montón de papel arrugado, pero si se dobla bien se tiene una pequeña joya, y es lo segundo lo que prevalece en la dirección de Sofía. La música adaptada al contexto de la película, desde Dirty Vegas, Air (quienes colaboran por segunda vez), hasta inclusive lo que suena en la escena del karaoke con todo y que sea desafinada, hace que el ambiente sea el idóneo para ubicar los personajes.
Y por último las actuaciones, de menos a más. Giovanni Ribisi quien repite con Sofía (fue el narrador en off en “The Virgin Suicides”) como el fotógrafo más preocupado por su trabajo que por su recién estrenada esposa. Scarlett Johannson como la occisa que ve su vida a futuro como un gran espacio en blanco (se aprecia un cuadro depresivo en su personaje que Johannson sabe transmitir a partir de su expresión facial.) Y sin lugar a dudas, Bill Murray en el mejor papel de su carrera de actor, por encima de películas más ruidosas y pomposas hechas por él en el pasado. Aquí se denota una madurez increíble como actor al hacer que se reflejen sentimientos y estados de ánimo sin necesidad de estallidos de drama o de provocar la risa fácil sin un trasfondo. Definitivamente, fue una sabia decisión no hacer la segunda parte de “Charlie´s Angels” para aceptar este rol, que le significó su primera nominación al Oscar como mejor actor. Hubiese sido agradable verlo ganar.
Así que habiendo dicho lo anterior, ¿no es motivo suficiente para estar enamorado de Sofía Coppola? Y para rematar, en la actualidad, y ya separada del director Spike Jonze (director de “Being John Malkovich” y “Adaptation”) es pareja de este otro psicópata llamado Quentin Tarantino. ¿Se imaginan a ambos si tuviesen hijos? ¿Cómo saldrían? ¿Serían directores al igual que sus padres y su abuelo? Esto es una prueba de que el talento es algo que viene de familia y se hereda. Por ello vuelvo y repito: ¡Amo a Sofía!

