La temperatura sube, sube. Sube la temperatura
El comienzo de "Fahrenheit 9/11” es con el final de campaña del Partido Demócrata en Florida en octubre del 2000, pleno de celebridades de Hollywood prestas a apoyar la candidatura del entonces aspirante Al Gore, para sentar el precedente de que el ascenso a la Casa Blanca por parte de George W. Bush se produjo en oscuras condiciones en el sitio que definió el marcador final, valga la redundancia, en Florida. Pero tanto Gore, como las celebridades, así como Michael Moore ex profeso parecen olvidar el hecho de que la derrota demócrata se produjo como consecuencia del secuestro orquestado por el Departamento de Justicia del niño Elián González para ser regresado a Cuba, con lo cual se ganaron los demócratas el repudio de una gran parte de la comunidad tanto hispana como no del estado; así que si piensan que hubo fraude en Noviembre del 2000, ellos mismos se lo buscaron en Abril de ese año.
Lo interesante de ver en “Fahrenheit 9/11” no es tanto las posibles conexiones de la familia Bush con los Bin Laden desde antes de 11 de septiembre; es sabido que el dinero llama al dinero, sino el estilo visual que emplea Moore para contar su historia: haciendo uso de material sobrante y tomas sin editar de las cadenas noticiosas, notas de prensa y entrevistas directas con los interesados o también conocida como la América profunda, haciendo la película similar en alcance visual a lo conseguido en su anterior trabajo, tanto en su antiguo show de televisión “The Awful Truth” como en el documental ganador del Oscar “Bowling For Columbine.”
Sin embargo, y como material documental de tinte político pueden producirse dos escenarios al reflejar temas delicados y son: en primer lugar que la descripción de hechos sea tan objetiva que no llame a la atención; y en segundo lugar que la narración y el tinte del material sea tan parcializado que llegue a rayar en lo panfletario. En este segundo escenario es donde se ubica el film de Moore.
“Fahrenheit 9/11” está tan llena de mensajes anti Bush que más bien pareciese financiada por el régimen de Fidel Castro o por nuestro nunca “bien ponderado” líder tropical defensor de las causas nobles y de los oprimidos envestido en trajes Lanvin de $ 3000 y relojes Bvlgari y Cartier de más de $ 1000. A su vez, el tono anti republicano de Moore es tan pesado que por momentos hace que el interés en la información decaiga y se deslice hacia un catálogo de hechos y situaciones que pasan por la pantalla sin atraer o llamar a la conciencia; sólo denunciar porque hay que llenar espacio en la cinta.
Al final, “Fahrenheit 9/11” termina por no llegar en su afán por desmitificar a la familia Bush y por ridiculizar al estilo de gobierno republicano en aras de defender el estilo demócrata, cuando es algo sabido que los demócratas no saben gobernar (recordar el gobierno de Jimmy Carter.) ¿O es que acaso la comunidad del mundo del entretenimiento no recuerda que fue Tipper Gore, esposa de Al, quien introdujo ante el Congreso de Estados Unidos el acta sobre las 15 canciones más censurables del rock, lo que llevó a la creación de la etiqueta “Parental Advisory Explicit Lyrics”? “Fahrenheit 9/11,” pasable, más no para ganar la Palma de Oro del Festival de Cannes. 2 estrellas de un máximo de 5.
Lo interesante de ver en “Fahrenheit 9/11” no es tanto las posibles conexiones de la familia Bush con los Bin Laden desde antes de 11 de septiembre; es sabido que el dinero llama al dinero, sino el estilo visual que emplea Moore para contar su historia: haciendo uso de material sobrante y tomas sin editar de las cadenas noticiosas, notas de prensa y entrevistas directas con los interesados o también conocida como la América profunda, haciendo la película similar en alcance visual a lo conseguido en su anterior trabajo, tanto en su antiguo show de televisión “The Awful Truth” como en el documental ganador del Oscar “Bowling For Columbine.”
Sin embargo, y como material documental de tinte político pueden producirse dos escenarios al reflejar temas delicados y son: en primer lugar que la descripción de hechos sea tan objetiva que no llame a la atención; y en segundo lugar que la narración y el tinte del material sea tan parcializado que llegue a rayar en lo panfletario. En este segundo escenario es donde se ubica el film de Moore.
“Fahrenheit 9/11” está tan llena de mensajes anti Bush que más bien pareciese financiada por el régimen de Fidel Castro o por nuestro nunca “bien ponderado” líder tropical defensor de las causas nobles y de los oprimidos envestido en trajes Lanvin de $ 3000 y relojes Bvlgari y Cartier de más de $ 1000. A su vez, el tono anti republicano de Moore es tan pesado que por momentos hace que el interés en la información decaiga y se deslice hacia un catálogo de hechos y situaciones que pasan por la pantalla sin atraer o llamar a la conciencia; sólo denunciar porque hay que llenar espacio en la cinta.
Al final, “Fahrenheit 9/11” termina por no llegar en su afán por desmitificar a la familia Bush y por ridiculizar al estilo de gobierno republicano en aras de defender el estilo demócrata, cuando es algo sabido que los demócratas no saben gobernar (recordar el gobierno de Jimmy Carter.) ¿O es que acaso la comunidad del mundo del entretenimiento no recuerda que fue Tipper Gore, esposa de Al, quien introdujo ante el Congreso de Estados Unidos el acta sobre las 15 canciones más censurables del rock, lo que llevó a la creación de la etiqueta “Parental Advisory Explicit Lyrics”? “Fahrenheit 9/11,” pasable, más no para ganar la Palma de Oro del Festival de Cannes. 2 estrellas de un máximo de 5.
Lions Gate Films, IFC Films and the Fellowship Adventure Group presentan. Una película de Michael Moore. “Fahrenheit 9/11.” Narrada, escrita y dirigida por Michael Moore. Dirección de fotografía por Mike Desjarlais. Editada por Kurt Engfehr, Christopher Seward y T. Woody Richman. Música por Jeff Gibbs. Producida por Michael Moore, Jim Czarnecki y Kathleen Glynn. Duración: 116 minutos.

