Los Comienzos de la Sexualidad Moderna
Cuando en 1947 el científico Alfred C. Kinsey publicó sus investigaciones sobre la sexualidad masculina en su best seller "La Conducta Sexual en el Hombre Humano”, las consecuencias fueron de la misma magnitud a como fueron dos años antes las detonaciones de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. La sociedad entraba en la era de los cuestionamientos, lo que se creían verdades absolutas ya dejaron de ser intocables, y fundamentalmente, el sexo dejó de ser sólo como medio de reproducción y empezó a ser visto como un elemento inherente al ser humano en la búsqueda de la satisfacción y el placer. Y un buen placer es haber visto “Kinsey”, lo nuevo del director Bill Condon, que ya antes llevó otra biografía a la pantalla sobre la vida del director de cine James Whale en su celebrada “Gods And Monsters.”
“Kinsey” se inicia a partir de la infancia del protagonista en el entorno familiar temeroso de Dios y donde el sentido del placer estaba destinado a llevar a la condenación eterna. Es a partir de allí cuando nuestro individuo empieza a encontrarse en el estudio de la naturaleza, trazando lo que llegaría a ser su vocación original que era el ser biólogo. Pero pronto, comienza a interesarse por la naturaleza humana, tan normal como la de los llamados “animales irracionales”, lo cual lleva a Kinsey a desarrollar la misma aplicación investigativa de lo que había hecho antes, pero ahora con humanos. En el ínterin sopesa su propia vida, su propia curiosidad por la sexualidad, tanto con su esposa como en sus relaciones con sus ayudantes, todo ello en la búsqueda por ahondar en lo más interno de la psiquis humana y su entorno. Igualmente se refleja su ascenso, su éxito y su caída en la popularidad y en su papel como gurú del comportamiento.
Bill Condon aporta aquí una extraordinaria labor de precisión, de dirección y de humanismo, muy lejana de la visión tradicional de los biopics, donde se exalta al protagonista sin mirar más allá de sus defectos, posibles virtudes y dicotomías. Más bien en “Kinsey” se aprecia el cuido por no dejar de plantear que el personaje principal tenía conflictos, dudas, logros, intereses y deseos como la mayoría de los seres humanos. A su vez, Condon refleja de manera extraordinaria la Norteamérica de post guerra donde el espíritu de victoria contrastaba con el comienzo del concepto de la soledad del ser humano contemporáneo y el cuestionamiento a los valores preestablecidos, y una forma de ello es la meticulosidad con que capta el proceso investigativo del Dr. Kinsey.
Las actuaciones. De nuevo, Liam Neeson sorprende. Un detalle: sólo él es capaz que un beso entre dos hombres no se vea vulgar; agregar algo más al talento actoral de Neeson sería llover sobre mojado. Laura Linney como Clara McMillen da el contraste y el complemento perfecto para que la película no sea una máquina de monstruosidad en actuación que da a cada momento Neeson (muy bien merecida su nominación al Oscar este año.) El resto del elenco hace su labor de manera competente y correcta, sin exaltaciones o arranques de dramatismo, en una onda más natural.
En suma, “Kinsey” viene a ser un buen reflejo de lo que se avecinó posteriormente en las décadas siguientes, una acertada visión de la sociedad de esa época y un compendio de la naturaleza del hombre que magistralmente ha logrado Bill Condon en su obsesión por reflejar el deseo erótico, tal como lo ha hecho en sus trabajos anteriores. Cuatro estrellas de un máximo de cinco.
“Kinsey” se inicia a partir de la infancia del protagonista en el entorno familiar temeroso de Dios y donde el sentido del placer estaba destinado a llevar a la condenación eterna. Es a partir de allí cuando nuestro individuo empieza a encontrarse en el estudio de la naturaleza, trazando lo que llegaría a ser su vocación original que era el ser biólogo. Pero pronto, comienza a interesarse por la naturaleza humana, tan normal como la de los llamados “animales irracionales”, lo cual lleva a Kinsey a desarrollar la misma aplicación investigativa de lo que había hecho antes, pero ahora con humanos. En el ínterin sopesa su propia vida, su propia curiosidad por la sexualidad, tanto con su esposa como en sus relaciones con sus ayudantes, todo ello en la búsqueda por ahondar en lo más interno de la psiquis humana y su entorno. Igualmente se refleja su ascenso, su éxito y su caída en la popularidad y en su papel como gurú del comportamiento.
Bill Condon aporta aquí una extraordinaria labor de precisión, de dirección y de humanismo, muy lejana de la visión tradicional de los biopics, donde se exalta al protagonista sin mirar más allá de sus defectos, posibles virtudes y dicotomías. Más bien en “Kinsey” se aprecia el cuido por no dejar de plantear que el personaje principal tenía conflictos, dudas, logros, intereses y deseos como la mayoría de los seres humanos. A su vez, Condon refleja de manera extraordinaria la Norteamérica de post guerra donde el espíritu de victoria contrastaba con el comienzo del concepto de la soledad del ser humano contemporáneo y el cuestionamiento a los valores preestablecidos, y una forma de ello es la meticulosidad con que capta el proceso investigativo del Dr. Kinsey.
Las actuaciones. De nuevo, Liam Neeson sorprende. Un detalle: sólo él es capaz que un beso entre dos hombres no se vea vulgar; agregar algo más al talento actoral de Neeson sería llover sobre mojado. Laura Linney como Clara McMillen da el contraste y el complemento perfecto para que la película no sea una máquina de monstruosidad en actuación que da a cada momento Neeson (muy bien merecida su nominación al Oscar este año.) El resto del elenco hace su labor de manera competente y correcta, sin exaltaciones o arranques de dramatismo, en una onda más natural.
En suma, “Kinsey” viene a ser un buen reflejo de lo que se avecinó posteriormente en las décadas siguientes, una acertada visión de la sociedad de esa época y un compendio de la naturaleza del hombre que magistralmente ha logrado Bill Condon en su obsesión por reflejar el deseo erótico, tal como lo ha hecho en sus trabajos anteriores. Cuatro estrellas de un máximo de cinco.
Fox Searchlight Pictures presenta en asociación with Qwerty Films. Una producción Ni European Film Productions/American Zoetrope/Pretty Pictures. Un film de Bill Condon. “Kinsey.” Escrita y dirigida por Bill Condon. Dirección de fotografía por Frederick Elmes, A.S.C. Co-producida por Richard Guay. Diseño de vestuario por Bruce Finlayson. Editada por Virginia Katz. Música por Carter Burwell. Diseño de producción por Richard Sherman. Producción ejecutiva por Michael Kuhn, Francis Ford Coppola, Bobby Rock y Kirk D´Amico. Producida por Gail Mutrux. Protagonistas: Liam Neeson (Alfred C. Kinsey), Laura Linney (Clara McMillen), Chris O'Donnell (Wardell Pomeroy), Peter Sarsgaard (Clyde Martin), Timothy Hutton (Paul Gebhard), John Lithgow (Alfred Seguine Kinsey), Tim Curry (Thurman Rice), Oliver Platt (Herman Wells), Dylan Baker (Alan Gregg) y Lynn Redgrave (sujeto en la entrevista final.) Duración: 118 minutos.


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