El esnobismo intelectual de Antonioni
El director italiano Michelangelo Antonioni se hace famoso a partir del principio de la década de los 60; momento de renovación total en la expresión cinematográfica con gente como Jean-Luc Goddard, Louis Malle y Francois Truffaut en Francia; Tony Richardson y Karel Reisz en Inglaterra, Roman Polanski desde Polonia, y en Italia con gente como Pier Paolo Passolini, y el más visible e internacional de los directores italianos: Federico Fellini.
Lo que diferenciaba a Antonioni del resto era la profusión de largos silencios durante el transcurso de la película, en clara aplicación del principio de Da Vinci adaptado al cine (“La música es la modulación del silencio”); este recurso era empleado con el fin de que las imágenes hablaran por sí solas enfatizando los rangos de emoción. El problema con esta forma de expresión estriba en que se puede llegar al límite del hastío y la exasperación por parte de los espectadores. Es por ello que desde esa época se le catalogó a Antonioni como un director snob; inclusive muchos de sus colegas lo acusaban de malgastar metros de película en tomas fijas y silentes.
En Spiff-O-Rama hemos tratado de ver con detalle algunas de las películas más emblemáticas de Antonioni con resultados dispares. Empezando con "Il Deserto Rosso” de 1966 (no es su primera película, ya tenía filmes anteriores.) Aquí se plantea una situación donde un grupo de personas huye lejos de los centros poblados en clara alusión al escape de la opresión de las grandes ciudades. Es de reconocer el trabajo fotográfico, con colores lavados durante la mayor parte de la película. El problema radica en lo antes planteado: por más que quieran transmitir una emoción, es tan denso (o tal vez escaso de profundidad) que no llega, no genera empatía con el espectador. Además, se presencia el desperdicio de talento citando los dos principales: Mónica Vitti y Richard Harris. En el caso de este último, tal vez no consiguió trabajar con Fellini que tuvo que conformarse con Antonioni, amén de que en toda la película su voz es doblada por otro actor, con lo que se está en presencia de un documental, más no de un film.
Luego, una que se vio hace años en la Cinemateca Nacional: “Zabriskie Point” de 1970. Ambientada en Norteamérica, se enfoca en una pareja de amantes y su interrelación con la sociedad, con un final algo extraño. Dentro de la misma hay una escena donde se representa una suerte de orgía en el desierto que simboliza la libertad sexual (adecuada al año de su estreno, 1970); la misma fue recreada en 1993 por Stéphane Sednaoui para el video clip de la canción “Today” de The Smashing Pumpkins. Aquí se repite el mismo problema que en el párrafo anterior, salvo que con una fotografía llena de brillo incluso en las escenas de noche. Y además el impasse que surgió entre Antonioni y Pink Floyd. El cuento va así:
En enero de 1970 son contratados para hacer la música para la película. Los Floyd viajan a Roma donde pasan dos semanas grabando en parte material nuevo; y por otra haciendo variaciones sobre canciones ya conocidas. Cuando les mostraban el material grabado a Antonioni, y con cara de circunstancia, de acuerdo con ellos, decía que “estaba bien”, pero que “era una música muy triste.” Aquí se llega a la conclusión de que quiso que el grupo colocara música en su película por esnobismo, moda o ganas de ponerle otro aire a la película. En total, Pink Floyd grabó un aproximado de 24 canciones, y el resultado final es que se usó sólo tres de ellas; a saber, “Heart Beat”, “Pig Meat” y “Come In Number 51”, esta última una variación de “Careful With That Axe, Eugene.” El resto de la banda sonora (de la cual Pink Floyd negó participación alguna) se armó con canciones de Robbie Robertson, Jimi Hendrix y Grateful Dead. ¿Qué mejor prueba de esnobismo que lo anterior?
No obstante, reconocemos que hay una sola película que merece nuestra apreciación y que gana el apelativo de clásico: “La Notte” de 1964, protagonizada por Marcello Mastroniani y Jeanne Moreau. En ella se aplica por vez primera lo mismo que se hizo luego en “Zabriskie Point”, sólo que aquí el recurso de los silencios y la fotografía (toda en blanco y negro), incluyendo las actuaciones, hacen posible que pueda verse un film de Antonioni sin caer en el tedio o en el aburrimiento soberano.
Antonioni no fue el primero en hacer uso de estas técnicas, ni será el último; de hecho Sofía Coppola utiliza silencios en “Lost In Translation”, pero creemos que existe una sutil diferencia entre lo sublime y lo tedioso. Todo lo anterior viene a colación debido a que en Spiff-O-Rama tratamos de ver una vez más “Il Deserto Rosso”, pero ha conspirado con las intenciones el aire de esnobismo intelectual de sus películas en general. Estamos de acuerdo en elevar el nivel intelectual del espectador, pero por favor: no hagan películas para hacer dormir, háganlas para emocionar.
Lo que diferenciaba a Antonioni del resto era la profusión de largos silencios durante el transcurso de la película, en clara aplicación del principio de Da Vinci adaptado al cine (“La música es la modulación del silencio”); este recurso era empleado con el fin de que las imágenes hablaran por sí solas enfatizando los rangos de emoción. El problema con esta forma de expresión estriba en que se puede llegar al límite del hastío y la exasperación por parte de los espectadores. Es por ello que desde esa época se le catalogó a Antonioni como un director snob; inclusive muchos de sus colegas lo acusaban de malgastar metros de película en tomas fijas y silentes.
En Spiff-O-Rama hemos tratado de ver con detalle algunas de las películas más emblemáticas de Antonioni con resultados dispares. Empezando con "Il Deserto Rosso” de 1966 (no es su primera película, ya tenía filmes anteriores.) Aquí se plantea una situación donde un grupo de personas huye lejos de los centros poblados en clara alusión al escape de la opresión de las grandes ciudades. Es de reconocer el trabajo fotográfico, con colores lavados durante la mayor parte de la película. El problema radica en lo antes planteado: por más que quieran transmitir una emoción, es tan denso (o tal vez escaso de profundidad) que no llega, no genera empatía con el espectador. Además, se presencia el desperdicio de talento citando los dos principales: Mónica Vitti y Richard Harris. En el caso de este último, tal vez no consiguió trabajar con Fellini que tuvo que conformarse con Antonioni, amén de que en toda la película su voz es doblada por otro actor, con lo que se está en presencia de un documental, más no de un film.
Luego, una que se vio hace años en la Cinemateca Nacional: “Zabriskie Point” de 1970. Ambientada en Norteamérica, se enfoca en una pareja de amantes y su interrelación con la sociedad, con un final algo extraño. Dentro de la misma hay una escena donde se representa una suerte de orgía en el desierto que simboliza la libertad sexual (adecuada al año de su estreno, 1970); la misma fue recreada en 1993 por Stéphane Sednaoui para el video clip de la canción “Today” de The Smashing Pumpkins. Aquí se repite el mismo problema que en el párrafo anterior, salvo que con una fotografía llena de brillo incluso en las escenas de noche. Y además el impasse que surgió entre Antonioni y Pink Floyd. El cuento va así:
En enero de 1970 son contratados para hacer la música para la película. Los Floyd viajan a Roma donde pasan dos semanas grabando en parte material nuevo; y por otra haciendo variaciones sobre canciones ya conocidas. Cuando les mostraban el material grabado a Antonioni, y con cara de circunstancia, de acuerdo con ellos, decía que “estaba bien”, pero que “era una música muy triste.” Aquí se llega a la conclusión de que quiso que el grupo colocara música en su película por esnobismo, moda o ganas de ponerle otro aire a la película. En total, Pink Floyd grabó un aproximado de 24 canciones, y el resultado final es que se usó sólo tres de ellas; a saber, “Heart Beat”, “Pig Meat” y “Come In Number 51”, esta última una variación de “Careful With That Axe, Eugene.” El resto de la banda sonora (de la cual Pink Floyd negó participación alguna) se armó con canciones de Robbie Robertson, Jimi Hendrix y Grateful Dead. ¿Qué mejor prueba de esnobismo que lo anterior?
No obstante, reconocemos que hay una sola película que merece nuestra apreciación y que gana el apelativo de clásico: “La Notte” de 1964, protagonizada por Marcello Mastroniani y Jeanne Moreau. En ella se aplica por vez primera lo mismo que se hizo luego en “Zabriskie Point”, sólo que aquí el recurso de los silencios y la fotografía (toda en blanco y negro), incluyendo las actuaciones, hacen posible que pueda verse un film de Antonioni sin caer en el tedio o en el aburrimiento soberano.
Antonioni no fue el primero en hacer uso de estas técnicas, ni será el último; de hecho Sofía Coppola utiliza silencios en “Lost In Translation”, pero creemos que existe una sutil diferencia entre lo sublime y lo tedioso. Todo lo anterior viene a colación debido a que en Spiff-O-Rama tratamos de ver una vez más “Il Deserto Rosso”, pero ha conspirado con las intenciones el aire de esnobismo intelectual de sus películas en general. Estamos de acuerdo en elevar el nivel intelectual del espectador, pero por favor: no hagan películas para hacer dormir, háganlas para emocionar.

