A las Montañas que llegaron los Marcianos
Finales de Octubre de 1938. Cada domingo a las 8:00 PM se transmitía por la CBS Radio The Mercury Theatre on the Air, programa creado y conceptualizado por Orson Welles. Semana tras semana, y junto a un elenco de actores se representaban adaptaciones de clásicos de la literatura, todo ello avalado por la genialidad de Welles quien ya ha había obtenido reconocimiento en el mundo teatral por sus adaptaciones de "Macbeth” de William Shakespeare con actores negros y ambientada en el Caribe, y “Julio César” también de Shakespeare con ausencia de decorados, profusión de luces y actores vestidos de manera sencilla que recordaban las convenciones del partido nazi en Nuremberg.
Pero el programa no tenía un rating masivo, ya que en el mismo bloque horario la NBC transmitía el programa del ventrílocuo Edgar Bergen (padre de Candice) y su muñeco Charlie McCarthy; algo extraño de entender un ventrílocuo por radio. Para el día anterior a Noche de Brujas, tanto Orson Welles como Howard Koch decidieron adaptar la célebre novela sobre invasión extraterrestre de H. G. Wells “The War Of The Worlds” (La Guerra de los Mundos.) La diferencia iba a ser en que cambiarían los escenarios de la Inglaterra victoriana por las afueras de un poblado de New Jersey, y que la narración se haría del mismo modo que un noticiero de radio cuando hace un boletín especial; es decir, aprovechando las bondades del género para crear algo distinto.
A las 8:00 PM de ese día empieza el programa. Welles hace la aclaratoria de que lo que se va a oír es una adaptación, pero casi nadie lo oye. En su lugar hace que suene una transmisión de una orquesta desde el salón de baile de un hotel en la ciudad de Nueva York. A sabiendas de que la competencia se iba a comerciales a las 8:10, en ese instante Orson desata la invasión. El efecto lo logra al hacer un corte abrupto en la música para informar sobre unos meteoros que cayeron en New Jersey para captar la atención del público por más información. En breve vuelve a hacer otro boletín para informar en vivo desde el sitio de los sucesos. Y es en este momento que empiezan los gritos, el caos y la desesperación –ficticia- de la representación.
Los radioescuchas se quedan sin habla y en estado de pánico, en especial cuando en un momento de la transmisión se hace un silencio de 30 segundos con lo cual da a entender al auditorio que no hubo sobrevivientes de lo acontecido, hasta que retoman el habla. Ya en este punto el caos era nacional: personas llamando a sus familiares, líneas telefónicas congestionadas, alarmas a la policía, histeria en las calles, etc. Se calcula que de las 9 millones de personas que escucharon el programa, 1.750.000 quedaron aterrorizados con la transmisión y reaccionaron con alguna acción. A los seis minutos de iniciado el programa, la central telefónica de la CBS se iluminó cual árbol de navidad con llamadas de personas. Los hogares quedaron desiertos y las iglesias se abarrotaron. Después de 20 minutos de iniciado se encontraban en la sala de control el presidente de la CBS con ganas de matar a Orson Welles y un pelotón de policías dispuestos a suspender cualquier cosa que estuviese pasando, no importaba que no supiesen lo que era.
Al siguiente día en rueda de prensa, el propio Welles lamentaba lo acontecido y pedía disculpas por lo que se desencadenó. Pero años después confesaría que desde el primer momento sabía que esa era la clase de reacción que esperaba, dado el carácter manipulable y moldeable de los espectadores. La moraleja de la historia: A la siguiente semana el programa tenía un patrocinante (Sopas Campbell), las legislaciones sobre transmisiones radiales se actualizaron para que no sucediesen incidentes como el acontecido, y Orson en vez de ser llevado preso, consiguió un contrato con la RKO para hacer tres películas en Hollywood. Y el gran ganador fue el medio radial al crearse el programa de radio más célebre de la historia y una extraordinaria muestra del alcance y del poder de los medios radioeléctricos. ¡Corran! Que ya llegaron los marcianos.
Pero el programa no tenía un rating masivo, ya que en el mismo bloque horario la NBC transmitía el programa del ventrílocuo Edgar Bergen (padre de Candice) y su muñeco Charlie McCarthy; algo extraño de entender un ventrílocuo por radio. Para el día anterior a Noche de Brujas, tanto Orson Welles como Howard Koch decidieron adaptar la célebre novela sobre invasión extraterrestre de H. G. Wells “The War Of The Worlds” (La Guerra de los Mundos.) La diferencia iba a ser en que cambiarían los escenarios de la Inglaterra victoriana por las afueras de un poblado de New Jersey, y que la narración se haría del mismo modo que un noticiero de radio cuando hace un boletín especial; es decir, aprovechando las bondades del género para crear algo distinto.
A las 8:00 PM de ese día empieza el programa. Welles hace la aclaratoria de que lo que se va a oír es una adaptación, pero casi nadie lo oye. En su lugar hace que suene una transmisión de una orquesta desde el salón de baile de un hotel en la ciudad de Nueva York. A sabiendas de que la competencia se iba a comerciales a las 8:10, en ese instante Orson desata la invasión. El efecto lo logra al hacer un corte abrupto en la música para informar sobre unos meteoros que cayeron en New Jersey para captar la atención del público por más información. En breve vuelve a hacer otro boletín para informar en vivo desde el sitio de los sucesos. Y es en este momento que empiezan los gritos, el caos y la desesperación –ficticia- de la representación.
Los radioescuchas se quedan sin habla y en estado de pánico, en especial cuando en un momento de la transmisión se hace un silencio de 30 segundos con lo cual da a entender al auditorio que no hubo sobrevivientes de lo acontecido, hasta que retoman el habla. Ya en este punto el caos era nacional: personas llamando a sus familiares, líneas telefónicas congestionadas, alarmas a la policía, histeria en las calles, etc. Se calcula que de las 9 millones de personas que escucharon el programa, 1.750.000 quedaron aterrorizados con la transmisión y reaccionaron con alguna acción. A los seis minutos de iniciado el programa, la central telefónica de la CBS se iluminó cual árbol de navidad con llamadas de personas. Los hogares quedaron desiertos y las iglesias se abarrotaron. Después de 20 minutos de iniciado se encontraban en la sala de control el presidente de la CBS con ganas de matar a Orson Welles y un pelotón de policías dispuestos a suspender cualquier cosa que estuviese pasando, no importaba que no supiesen lo que era.
Al siguiente día en rueda de prensa, el propio Welles lamentaba lo acontecido y pedía disculpas por lo que se desencadenó. Pero años después confesaría que desde el primer momento sabía que esa era la clase de reacción que esperaba, dado el carácter manipulable y moldeable de los espectadores. La moraleja de la historia: A la siguiente semana el programa tenía un patrocinante (Sopas Campbell), las legislaciones sobre transmisiones radiales se actualizaron para que no sucediesen incidentes como el acontecido, y Orson en vez de ser llevado preso, consiguió un contrato con la RKO para hacer tres películas en Hollywood. Y el gran ganador fue el medio radial al crearse el programa de radio más célebre de la historia y una extraordinaria muestra del alcance y del poder de los medios radioeléctricos. ¡Corran! Que ya llegaron los marcianos.

