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viernes, marzo 24, 2006

En El Cine, No Todo Tiempo Pasado Fue Mejor

Tradicionalmente, se tiende a establecer que el período entre 1930 y 1967 es donde se ubica la época dorada de Hollywood; el llamado sistema de estrellas o “star system.” Las películas eran argumentalmente redondas, las estrellas eran glamorosas, los galanes eran recios y decididos, habían musicales para todos los públicos, etc. Muchas obras cumbres se hicieron en esa época. Pero, ¿hasta qué punto es eso cierto?

Traemos esto a colación a raíz de una nota publicada en el diario “El Universal” en la columna de Omar Lares publicada en fecha 9 de marzo del presente año donde, aunque lo repite con insistencia cada vez –a fin de cuentas, los locos son los que se enfrascan en un solo tema-, nunca pierde la oportunidad para decir cosas como esta, y citamos: “Lástima que no se pueda conocer la opinión de John Wayne y Gary Cooper, los dos más emblemáticos vaqueros de todos los tiempos, en torno a que se nominara la película del par de homosexuales –El Secreto De La Montaña- para el mayor galardón que otorga Hollywood. Que no lo ganó, al menos. Yo diría que la decadencia de la otrora Meca del cine es abismal. Del Oscar lo que queda es su torrente publicidad. De aquél glamour de dos décadas atrás, ni hablar. No vimos en esta ceremonia a Rita Hayworth, Ingrid Bergman, Ava Gardner, Marilyn Monroe, Greer Garson, Joan Crawford, Grace Kelly, Cyd Charise, Esther Williams, Elizabeth Taylor. Esas eran luminarias.”

Comparemos lo anterior con la realidad. En 1933 se instaura el llamado “Código Hayes”, creado ante la presión político-social de que el cine estaba corrompiendo los “valores y principios” de la sociedad norteamericana, casi igual a lo que llevó a la Prohibición de alcohol 13 años antes. Bajo este precepto, el sexo en el cine era algo inconcebible, salvo en los sagrados confines del matrimonio, pero eso sí, no podía ser representado en ningún aspecto: los matrimonios dormían en camas gemelas, los besos no podían pasar de 3 segundos en pantalla, no podían insinuarse otras formas de interrelación humana, la violencia en el cine debía ser sugerida, no gráfica. Aun con semejante moralina, muchos directores hallaron la forma de evadir el código: Otto Preminger y Billy Wilder trataron la homosexualidad en dos obras de diferente tenor: el drama político “Advise And Consent” y en la comedia “Some Like It Hot”, respectivamente, y Alfred Hitchcock trató el voyeurismo en “Rear Window” y logró que Cary Grant e Ingrid Bergman se dieran un beso de dos minutos segmentado en los hipócritas 3 segundos del código en “Notorius.”

Este código se empezó a desmoronar a mediados de la década de los 60 cuando los nuevos directores fueron influenciados por las corrientes europeas de cine y el cine underground que se gestaba en los círculos artísticos más importantes de Norteamérica; y el primer clavo en el ataúd vino de la mano de Arthur Penn en su obra “Bonnie & Clyde” de 1967 donde los malos eran atractivos y la violencia era directa y gráfica. El código se terminó de enterrar con los estrenos de “The Wild Bunch” de Sam Peckimpah y “A Clockwork Orange” de Stanley Kubrick, anunciando el advenimiento de la época magna de los 70, un naturalismo en el lenguaje cinematográfico, nuevas propuestas artísticas, nuevos directores y un realismo aun presente en la actualidad, aunque con ciertas variaciones en estos tiempos.

Si vemos lo antes dicho sobre la decadencia de Hollywood en la actualidad y lo abismal que es, hay que recordar que en la llamada época dorada habían gentes de toda clase, tanto controlando los estudios como detrás y al frente de las cámaras. Es harto conocido el hecho de que los actores y los guionistas eran piezas manejadas al antojo por los ejecutivos. Salvo el caso de las peleas entre Bette Davis y Jack Warner, ninguna otra estrella se atrevía a desafiar a sus jefes. A su vez, por el mismo hecho de ser títeres en la industria, muchas de las luminarias de la época eran arcilla en las manos de los intereses. Es célebre la relación entre Louis B. Mayer, jefe de la Metro-Goldwyn-Mayer y Judy Garland, a quién la forzaba a hacer dietas y mandarle doctores que le recetaran pastillas para cualquier condición, no importa si estaba saludable o no; a la larga llevó a Judy Garland a etapas de decadencia y finalmente a la muerte, todo ello con el fin de mantener la ilusión y el oropel.

Si en la actualidad el Oscar es una gran operación de publicidad, en el pasado era exactamente igual. Los estudios llevaban campañas titánicas con la intención de promocionar sus filmes en la prensa, y los periódicos hacían su parte al ocultar escándalos que involucraran a los astros, aspectos ocultos y reputaciones dudosas. Y también es conocido el poder que tenían dos de las periodistas más célebres de la época: Hedda Hooper y “la reina de las brujas” Louella Parsons. Hacemos hincapié en esta última debido a que fue ella la que levantó “las banderas de la moral” al hablar de la relación adúltera de Ingrid Bergman con el director Roberto Rosellinni, lo cual llevó a Ingrid a 9 años de ostracismo y desprecio entre la comunidad de Hollywood; además fue también ella una de las primeras personas en pedir la destrucción de la película más importante de la historia: “Citizen Kane” de Orson Welles, ya que el retrato de Charles Foster Kane era muy similar al de su jefe, el editor William Randolph Hearst. Y para agregar más, es sabido que en el momento de la “caza de brujas” entre 1947 y 1955, los estudios se aliaron con el senador Joseph McCarthy para denunciar a trabajadores de sus empresas que eran, o alguna vez fueron miembros del Partido Comunista, lo cual condujo a la destrucción de carreras y al suicidio, en muchos casos.

En cuanto al concepto de luminarias y el glamour presente en otros años, es algo en donde priva la relatividad. Si bien en otros años se mostraba menos, ahora se muestra más, y tanto ayer como hoy y mañana la empresa cinematográfica estará plagada de publicidad por todos lados. Y un recuento de los daños: Omar Lares pregunta por Rita Hayworth, pero ¿sabrá que ella falleció en 1986 a causa de complicaciones derivadas del Mal de Alzeheimer?. ¿Sabrá que Ingrid Bergman murió en 1982 debido a un cáncer en etapa avanzada?. ¿Que Ava Gardner murió de neumonía en 1990?. ¿No recuerda que Marilyn Monroe falleció en agosto de 1962?. ¿Que Greer Garson no vive desde mediados de la década del 60?. ¿Que la otra gran bruja, dentro y fuera de la pantalla, Joan Crawford murió en 1977?. ¿Qué Grace Kelly quería regresar al cine en 1963 en la película “Marnie” de Alfred Hitchcock, pero su esposo el Príncipe Rainiero así como el pueblo de Mónaco no lo aprobó porque no aceptaban el que su princesa se dedicara a otro trabajo, y menos aun, que fuera besada por otro hombre que no era su esposo?. ¿Ah, y que falleció en un accidente de tránsito en 1982?. ¿Sabrá que Cyd Charise, Esther Williams y Elizabeth Taylor están retiradas de la industria viviendo de las glorias del pasado y sin necesidad de trabajar?. ¿El año de este artículo es 2006 o 1950?

Por ello, la acotación de que todo tiempo pasado fue mejor, no siempre es la más acertada. Puede que en el pasado hubiese un respeto, un estilo, un glamour, buenas actuaciones y buenas películas (eso es indudable), pero lo que hay hoy –afortunadamente- que no había antes es honestidad y libertad para tratar cualquier tema en el cine. Y eso es algo que Omar Lares no puede o no quiere ver.