Palabras de Edward R. Murrow
“Esto podría no hacerle bien a nadie. Al final de este discurso, algunos podrían acusarme de ensuciar mi propio y cómodo nido y a su organización, de haber albergado ideas heréticas e incluso peligrosas. Pero la estructura de las cadenas, la publicidad y los patrocinadores no será sacudida ni alterada.
Es mi deseo, sino mi deber, tratar de contarles con candor lo que pasa con la radio y la televisión. Y si piden cuentas por lo que digo, yo soy el único responsable por haberlo dicho.
Nosotros escribiremos nuestra historia. Si en 50 o 100 años fuera a haber historiadores y se preservaran las filmaciones de una semana de las tres cadenas encontrarán, grabada en blanco y negro y en color, la evidencia de decadencia, escapismo y aislamiento de las realidades del mundo en que vivimos.
Estamos cómodos, somos adinerados, gordos y complacientes. Tenemos alergia a la información desagradable o perturbadora. Nuestros medios de comunicación reflejan eso. Pero si no nos deshacemos del exceso de grasa y reconocemos que la televisión se usa para distraer, engañar, divertir y aislarnos, la televisión y los que la financian, los que la miran y los que trabajan en ella podrían ver una película distinta demasiado tarde.
Comencé diciendo que nosotros escribiríamos nuestra historia. Si continuamos así, la historia se vengará y el castigo nos alcanzará sin demora. Cada tanto, exaltemos la importancia de las ideas y de la información. Soñemos al punto de decir que un domingo por la noche, en el espacio ocupado por Ed Sullivan, habrá un programa dedicado al estado de la educación en los Estados Unidos. Y un par de semanas más tarde, en el espacio ocupado por Steve Allen, se dedicará al análisis de la política estadounidense en el Medio Oriente.
¿La imagen corporativa de los patrocinadores se verá afectada? ¿Los accionistas se sublevarán furibundos y quejosos? ¿Pasará otra cosa, además de que algunos millones reciban información sobre temas que podrían decidir el futuro del país y, por ende, el de las corporaciones?
A los que dicen: “A la gente no le interesará, son demasiado complacientes, indiferentes, están aislados”, sólo puedo responder que según la opinión de un periodista, hay suficiente evidencia que refuta esa posibilidad.
Pero aunque tuvieran razón, ¿qué podrían perder? Porque si tienen razón, y este instrumento sólo sirve para entretener, divertir, aislar, el tubo está titilando y pronto veremos que la lucha está perdida.
Este instrumento puede enseñar. Puede educar y, sí, incluso inspirar. Pero sólo puede hacerlo si los humanos se disponen a hacerlo con estos fines. De otro modo, sólo son cables y luces en una caja. Buenas noches, y buena suerte.”
Discurso ofrecido por Edward R. Murrow en un homenaje en su honor en el Museo de la Radio y la Televisión, en la ciudad de Nueva York, el 23 de octubre de 1958.
Es mi deseo, sino mi deber, tratar de contarles con candor lo que pasa con la radio y la televisión. Y si piden cuentas por lo que digo, yo soy el único responsable por haberlo dicho.
Nosotros escribiremos nuestra historia. Si en 50 o 100 años fuera a haber historiadores y se preservaran las filmaciones de una semana de las tres cadenas encontrarán, grabada en blanco y negro y en color, la evidencia de decadencia, escapismo y aislamiento de las realidades del mundo en que vivimos.
Estamos cómodos, somos adinerados, gordos y complacientes. Tenemos alergia a la información desagradable o perturbadora. Nuestros medios de comunicación reflejan eso. Pero si no nos deshacemos del exceso de grasa y reconocemos que la televisión se usa para distraer, engañar, divertir y aislarnos, la televisión y los que la financian, los que la miran y los que trabajan en ella podrían ver una película distinta demasiado tarde.
Comencé diciendo que nosotros escribiríamos nuestra historia. Si continuamos así, la historia se vengará y el castigo nos alcanzará sin demora. Cada tanto, exaltemos la importancia de las ideas y de la información. Soñemos al punto de decir que un domingo por la noche, en el espacio ocupado por Ed Sullivan, habrá un programa dedicado al estado de la educación en los Estados Unidos. Y un par de semanas más tarde, en el espacio ocupado por Steve Allen, se dedicará al análisis de la política estadounidense en el Medio Oriente.
¿La imagen corporativa de los patrocinadores se verá afectada? ¿Los accionistas se sublevarán furibundos y quejosos? ¿Pasará otra cosa, además de que algunos millones reciban información sobre temas que podrían decidir el futuro del país y, por ende, el de las corporaciones?
A los que dicen: “A la gente no le interesará, son demasiado complacientes, indiferentes, están aislados”, sólo puedo responder que según la opinión de un periodista, hay suficiente evidencia que refuta esa posibilidad.
Pero aunque tuvieran razón, ¿qué podrían perder? Porque si tienen razón, y este instrumento sólo sirve para entretener, divertir, aislar, el tubo está titilando y pronto veremos que la lucha está perdida.
Este instrumento puede enseñar. Puede educar y, sí, incluso inspirar. Pero sólo puede hacerlo si los humanos se disponen a hacerlo con estos fines. De otro modo, sólo son cables y luces en una caja. Buenas noches, y buena suerte.”
Discurso ofrecido por Edward R. Murrow en un homenaje en su honor en el Museo de la Radio y la Televisión, en la ciudad de Nueva York, el 23 de octubre de 1958.


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