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sábado, mayo 20, 2006

El Código Ha Sido Develado. ¿Para Bien?

Al saberse desde el año pasado sobre la intención de llevar al cine la novela de Dan Brown “The Da Vinci Code”, esperábamos con afán una correcta adaptación a la gran pantalla, dado el hecho de que la novela está escrita en un lenguaje cinematográfico de cierta agilidad y dinamismo. Incluso celebramos –no con fanfarrias, claro- de que Ron Howard iba a hacerse cargo de la dirección, puesto que dos de sus filmes recientes: “A Beautiful Mind” y “Cinderella Man” habían sido muy bien llevados, a la vez de que Tom Hanks iba a hacerse cargo del protagónico; es decir, de Robert Langdon. Considerando lo anterior, y habiendo leído dos días antes las críticas unánimes que destrozaban la película en cuestión junto con los que reforzaban que el libro era igual de malo, decidimos por igual ir a ver “The Da Vinci Code” en ocasión del primer aniversario de Spiff-O-Rama y en concordancia con el estreno simultáneo alrededor del mundo. Así que aquí va la reseña.

El gran poder de “The Da Vinci Code” reside en su totalidad en la fuerza del libro original. Todos los conceptos y planteamientos que se exponen en la novela podrían servir para hacer 10 películas sin que una se parezca a la otra. Este sentido de fuerza se aprecia en el guión, que prácticamente es como llevar –sino al calco- por lo menos a como se cita todo en el libro, amén de lo polémico del tema: Priorato de Sión, Templarios, Jesús, María Magdalena, Merovingios, Opus Dei, Catolicismo, descendencia, el Santo Grial (los que hayan leído el libro saben a lo que nos referimos). Cada elemento dentro de un marco de suspenso internacional.

Más lo que atenta contra un desarrollo agradable se resume en dos aspectos: en primer lugar, la dirección. Ron Howard hizo las dos películas antes mencionadas, así como “Apollo XIII”, pero también hizo desastres como “Ransom”, y es aquí donde se encuentra la primera falla. En lugar del ritmo ágil y constante de la novela, se decantó por un tiempo lento en exceso. Y dado que no es un director que sea constante en su cuerpo de trabajo, se aprecia que el texto se le hizo enorme para lo que quería hacer, en particular en los momentos íntimos entre los protagonistas.

En segundo lugar y no todas, las actuaciones. Coincidimos en un 100% con la crítica cinematográfica en que la actuación de Tom Hanks es un desastre, las paredes y los cuadros del Museo del Louvre tienen mejor calidad histriónica que Tom. El personaje de Robert Langdon ameritaba un nivel de convencimiento y de credibilidad ante lo que se revela ante sus ojos que lo inexpresado por Tom Hanks quien se limita a recitar líneas sin sentirlas, ni estar convencido de lo que dice. Sólo en dos momentos de los 140 minutos lo logra: al principio y al final de la película (los que hayan leído el libro saben a qué nos referimos). Le sigue de cerca Audrey Tatou; de nuevo otro caso de no sentirse segura en el papel de Sophie Neveu y de lo importante que es para la trama. También en el mismo portaaviones se encuentra Jean Reno, algo inexplicable siendo tan buen actor, parecía que lo hizo para ganar dinero fácil haciendo una actuación de policía estática y sin matiz.

Los términos medios de la película se encuentran en tres elementos: Alfred Molina como el obispo Aringarosa, puesto que sólo tiene unos cuantos minutos de parlamentos; lo hace bien, pero no tan bien. En segundo lugar está Paul Bettany como el monje Silas; en ocasiones convence por el nivel de entrega que aporta, pero en otras le sucede igual que a los protagónicos, se estatiza. Y en tercer lugar está la música de Hans Zimmer que está bien hecha, pero no genera alguna clase de motivo musical que haga que uno lo repita en la mente al finalizar el film.

Pero no todo es tan malo en “The Da Vinci Code”; y son dos. En primera instancia, la magnífica fotografía de Salvatore Totino que realza los elementos del Louvre en luz artificial y a la sombra de la noche, así como los exteriores nocturnos de París y los diurnos de Londres. Y en segunda instancia, y quizás lo mejor de toda la película además del argumento, es Sir Ian McKellen como Sir Leigh Teabing, muy natural en su interpretación y que logra una conexión con los espectadores; de hecho a partir de su aparición en la película se retoma otra vez cierto interés que se muestra al comienzo y que al transcurrir se deja caer, hasta –claro está- cuando aparece Sir Ian.

“The Da Vinci Code” en otras manos y en otros protagonistas podría haber sido una película fascinante en grado sumo, no es que no lo sea; el libro es lo que hace que esta sea interesante, pero no excitante. En un balance general, es recomendable para todos aquellos que hayan leído el libro ya que encontrarán cada elemento en su lugar; para los que no la hayan leído es tal vez sugerible, más no como una opción principal para ver. Pudo haber sido mucho mejor. Tres Estrellas de un máximo de Cinco.

Columbia Pictures e Imagine Entertainment presentan. Una producción Brian Grazer/John Calley. Un film de Ron Howard. "The Da Vinci Code." Dirigida por Ron Howard. Guión de Akiva Goldsman. Basado en el libro homónimo de Dan Brown. Dirección de Fotografía por Salvatore Totino. Edición por: Dan Hanley y Mike Hill. Música por Hans Zimmer. Diseño de vestuario por Daniel Orlandi. Diseño de producción por Allan Cameron. Producción asociada por Kathleen McGill y Louisa Velis. Producción ejecutiva por Todd Hallowell y Dan Brown. Producida por Brain Grazer y John Calley. Protagonistas: Tom Hanks (Robert Langdon), Audrey Tautou (Sophie Neveu), Sir Ian McKellen (Sir Leigh Teabing), Alfred Molina (Obispo Aringarosa), Jürgen Prochnow (Vernet), Paul Bettany (Silas), Jean Reno (Bezu Fache) y Jean-Yves Berteloot (Remy Jean). 2006. Duración: 140 minutos.