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miércoles, mayo 03, 2006

Una Historia de Amor entre Vaqueros

Hace un par de años atrás hubiese sido impensable que uno de los géneros más populares y arquetípicos del cine norteamericano, cual es el género western, tuviese como protagonistas una historia de amor, dado que el formato de vaqueros es más bien dado a la falta de emociones entre parejas y sí más orientado a la venganza, el deseo de conquistar territorio virgen y cierto tono de adaptación de clásicos literarios en clave del lejano oeste. Pero más improbable aun era que aparte de existir una historia de amor, la misma fuese protagonizada por dos hombres enamorados entre sí. No imaginamos a Clint Eastwood, John Wayne, Fred Mac Murray, ni a Roy Rodgers entrelazados en un abrazo afectuoso y ni hablar de un beso entre ellos. Hasta ahora.

El año en que Annie Proulx publicó el cuento corto de tres páginas “Brokeback Mountain” en la revista New Yorker fue en 1997. Hagamos una vuelta al final del siglo pasado. Durante toda la administración Clinton, era más que evidente el apoyo a la causa gay que venía de la Casa Blanca, casi empezando con la polémica sobre la admisión de homosexuales en las fuerzas armadas, cuestión que no terminó de cuajar. No obstante, 1997 fue el año del gran destape gay. Empezando por la portada de la revista Time donde Ellen De Generes decía al mundo “Yep, I´m Gay!” en anticipo a lo que una semana después sería uno de los eventos históricos más importantes de la televisión: el que un personaje de una serie (su serie), se declarara abiertamente gay. Además, se daba inicio en la televisión a otra serie en base a la convivencia entre heterosexuales y homosexuales: “Will & Grace”; muchos actores y cantantes se decidían a salir del closet a manos llenas. Y también sucedía el lado trágico de ese año: el acto de tortura y asesinato contra Matthew Shepard a manos de dos individuos quienes lo masacraron por el hecho de ser gay. En medio de ese entorno se publica “Brokeback Mountain.”

Era cuestión de que tarde o temprano sería adaptado a la gran pantalla; a fin de cuentas el argumento era interesante de plantear, aun cuando no existiese algún director interesado en llevar a cabo semejante tarea. Hasta que apareció Ang Lee, quien ya antes ha llevado historias sobre las interrelaciones entre seres humanos. Es de recordar su memorable recreación del libertinaje sexual de la década de los 70 en “The Ice Storm” de 1995, así como haber enfocado la cuestión homosexual en su país natal en la celebrada “The Wedding Banquet” de 1992; además de ser un preciosista visual y estilístico en “Sense And Sensibilty” y en “Crouching Tiger, Hidden Dragon”, eso sin contar el fallido intento de llevar al cine “Hulk.”

No obstante, en “Brokeback Mountain” se vuelve a disfrutar del Ang Lee que hizo las dos primeras películas mencionadas. Un intento por enfocar las relaciones humanas a partir de un hecho en la actualidad plausible, pero en el momento en que se recrea la película nada probable, de que dos hombres se enamoren. Y es así como hay que ver esta película por encima del posible escándalo o morbo que pueda subyacer en ella: como una historia de amor más, sólo que es un amor no presto a ser consumado en su totalidad. La intención del director por mostrar este panorama se logra a partir de una fotografía impecable y naturalista digna de portada de “National Geographic”, un cuido y buen gusto al filmar las posibles escenas “controversiales” de amor entre los protagonistas, y de la música etérea que logra Gustavo Santaolalla, por mencionar tres elementos que hacen mucho por describir la historia sin palabras.

Y es precisamente al mencionar sin palabras en donde está una de las pequeñas debilidades de “Brokeback Mountain”: el guión. El mismo pone palabras en boca de los actores (quienes se destacan), pero por momentos pareciera que el mismo se diluye, pierde fuerza, se disipa en medio del entorno visual. Y es evidente que debe ser difícil llevar una historia de 3 páginas a un guión de 100 páginas promedio, más lo que hubiese sido una perfecta oportunidad para hacer una gran alegato sobre el derecho a amar, se reduce a ciertas convenciones dignas de una película Hallmark.

Antes de terminar, es bueno alabar las actuaciones. Heath Ledger destaca por contener emociones y a la vez, exponerlas como un cuadro en blanco; de hecho es una de sus mejores actuaciones hasta la fecha. Para Jake Gyllenhaal ha sido la oportunidad de oro de deslastrarse de papeles de héroe de verano para ofrecer matices y un rango actoral extraordinario. Michelle Williams, impecable. Anne Hathaway, increíble. Pero quien descolla en los momentos en que aparece en cámara es Kate Mara como la hija mayor del matrimonio entre los personajes de Ledger y Williams, digna de una nominación al Oscar como mejor actriz de reparto.

“Brokeback Mountain” se ubica entonces como una historia bien dirigida, con actuaciones destacadas, y una declaración al derecho de los seres humanos a amar sin importar el género o condición. Sólo el guión pudo haber sido mejor, pero en general el resultado es satisfactorio. Cuatro Estrellas y Media de un máximo de Cinco.

Focus Features y River Road Entertainment presentan. Un film de Ang Lee. “Brokeback Mountain.” Dirigida por Ang Lee. Escrita por Larry McMurtry y Diana Ossana, basada en una historia corta escrita por Annie Proulx. Dirección de fotografía por Rodrigo Prieto, A.S.C., A.M.C. Música por Gustavo Santaolalla. Editada por Geraldine Peroni, A.C.E. Diseño de producción por Judy Becker. Producida por Diana Ossanna y James Schamus. Protagonistas: Heath Ledger (Ennis Del Mar), Jake Gyllenhaal (Jack Twist), Linda Cardellini (Cassie), Anna Faris (Lashawn Malone), Anne Hathaway (Lureen Newsome), Michelle Williams (Alma), Randy Quaid (Joe Aguirre) y Kate Mara (Alma Jr.). 2005. Duración: 134 minutos.

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