El Secuestro de Unos es del Gusto de Otros
En Spiff-O-Rama aun recordamos las célebres palabras pronunciadas por Carlos Sicilia en su igual célebre show "Cállate Sicilia” (¿por qué no has vuelto a hacer esa clase de show y en su lugar te la has estado haciendo odas a los dinosaurios cuando “Jurassic Park”, a la Internet antes de que la burbuja reventara, y ahora de demócrata anti Bush?) cuando tomó del periodista José Campos Suárez aquella consigna de que “el crimen no paga” y la transformó por “el cine venezolano no paga.” En aquél entonces hacía alusión al hecho de que históricamente, y más aun en las décadas de los 70 y 80 el cine tenía aspiraciones de neorrealismo italiano con toques de cabaret mexicano de los 40, aderezado con las consabidas palabras soeces, tramas escasas y pobres de calidad y el tono de pseudo celebridad que tenían las estrellas locales (todas dedicadas a la televisión porque cualquiera que viviese sólo del cine no viviría para contarlo) junto con el hecho de que la recaudación en taquilla era baja comparada con cinematografías tanto de Hollywood como de Europa, hacían decir que el cine venezolano no daba para comer. Y con la excepción de “Oriana” de Fina Torres de 1985, era más que nada un asunto de calidad. Hasta hoy, 2005, con la exhibición de “Secuestro Express.”
Ya forma parte de la leyenda local el financiamiento y el apoyo total que recibió de Harvey Weinstein, dueño de Miramax Films para su distribución, así como el fallo a favor del director Jonathan Jakubowicz sobre el derecho de mostrar las imágenes del 11 de abril de 2002, y el revuelo sobre este hecho, así que no hondaremos en estos detalles y nos vamos a enfocar en la película.
El ritmo rápido y nervioso de la misma cumple con su cometido de saturar y generar caos visual y mental en el espectador, lo cual hace que el mismo se sumerja en la trama harto conocida por aquellos que hayan sufrido en carne propia o de voz de conocidos o familiares la experiencia de un secuestro express. Aquí hay una buena muestra de las potencialidades que el video digital puede lograr, en especial en el ritmo acelerado antes mencionado, así como en los puntos lentos que reflejan el estado de embotamiento por la droga que poseen tanto los secuestrados como los secuestradores. Y de antología la escena cuando la pantalla se parte en 4 para reflejar la inmediatez y simultaneidad de la comunicación telefónica.
La paz de ciertas escenas se transforma en angustia por el posible destino que puedan sufrir sus protagonistas; los malos se convierten en simpáticos; los constantes asaltos de violencia e indefensión se hacen patentes a cada momento (tanto de los secuestradores como de la inexistente autoridad y ausencia de estado de derecho); al instalarse una sensación de seguridad, se vuelve a sacudir para hacer ver que no es una situación agradable. Todo lo anterior está planteado en el buen guión de “Secuestro Express.” A su vez, las influencias tanto de Robert Rodríguez como de Quentin Tarantino son visibles durante toda la película, a diferencia de directores de una generación previa, donde el pastiche de influencias era tal que querían hacer una película sobre la realidad de los cerros y la policía; por citar un ejemplo, pero filosofaban más que "La Metamorfosis” de Franz Kafka.
Las actuaciones. La fisonómicamente exquisita de Mia Maestro da un poder de convencimiento tanto en su rol como en su pronunciación que cualquiera que no sepa que ella es argentina, creería que es caraqueña de La Florida o Los Naranjos. Jean Paul Leroux hace un buen logro al quitarse el traje que usaba en “Noche de Perros” para dar matiz al personaje de Martín; eso sí amigas fanáticas, el susodicho convence en su papel de bisexual, así que no se dejen llevar por lo que vean. Rubén Blades, aun cuando hace un breve papel, logra su cometido. Pero sin lugar a dudas quienes se roban toda la película son Carlos Julio Molina (DJ Trece), y Vagos y Maleantes; a saber, Pedro Pérez (Budu) y Carlos Madera (Niga.) Aun cuando sea una actuación la que logran y un guión escrito para que se luzcan, la identificación y el nivel de entrega es tal que hace verlos como malandros reales (tal vez lo han sido en Cotiza.) Ellos son prácticamente el alma de la película.
“Secuestro Express.” Una buena opción en cartelera, una visión diferente a la tradicional que se ve en el cine venezolano, y una muestra de que con un buen guión, una dirección eficiente y actuaciones competentes se hace un trabajo muy bueno. Aquí el cine venezolano sí paga, y paga muy bien. Cinco Estrellas de un máximo de Cinco.
Ya forma parte de la leyenda local el financiamiento y el apoyo total que recibió de Harvey Weinstein, dueño de Miramax Films para su distribución, así como el fallo a favor del director Jonathan Jakubowicz sobre el derecho de mostrar las imágenes del 11 de abril de 2002, y el revuelo sobre este hecho, así que no hondaremos en estos detalles y nos vamos a enfocar en la película.
El ritmo rápido y nervioso de la misma cumple con su cometido de saturar y generar caos visual y mental en el espectador, lo cual hace que el mismo se sumerja en la trama harto conocida por aquellos que hayan sufrido en carne propia o de voz de conocidos o familiares la experiencia de un secuestro express. Aquí hay una buena muestra de las potencialidades que el video digital puede lograr, en especial en el ritmo acelerado antes mencionado, así como en los puntos lentos que reflejan el estado de embotamiento por la droga que poseen tanto los secuestrados como los secuestradores. Y de antología la escena cuando la pantalla se parte en 4 para reflejar la inmediatez y simultaneidad de la comunicación telefónica.
La paz de ciertas escenas se transforma en angustia por el posible destino que puedan sufrir sus protagonistas; los malos se convierten en simpáticos; los constantes asaltos de violencia e indefensión se hacen patentes a cada momento (tanto de los secuestradores como de la inexistente autoridad y ausencia de estado de derecho); al instalarse una sensación de seguridad, se vuelve a sacudir para hacer ver que no es una situación agradable. Todo lo anterior está planteado en el buen guión de “Secuestro Express.” A su vez, las influencias tanto de Robert Rodríguez como de Quentin Tarantino son visibles durante toda la película, a diferencia de directores de una generación previa, donde el pastiche de influencias era tal que querían hacer una película sobre la realidad de los cerros y la policía; por citar un ejemplo, pero filosofaban más que "La Metamorfosis” de Franz Kafka.
Las actuaciones. La fisonómicamente exquisita de Mia Maestro da un poder de convencimiento tanto en su rol como en su pronunciación que cualquiera que no sepa que ella es argentina, creería que es caraqueña de La Florida o Los Naranjos. Jean Paul Leroux hace un buen logro al quitarse el traje que usaba en “Noche de Perros” para dar matiz al personaje de Martín; eso sí amigas fanáticas, el susodicho convence en su papel de bisexual, así que no se dejen llevar por lo que vean. Rubén Blades, aun cuando hace un breve papel, logra su cometido. Pero sin lugar a dudas quienes se roban toda la película son Carlos Julio Molina (DJ Trece), y Vagos y Maleantes; a saber, Pedro Pérez (Budu) y Carlos Madera (Niga.) Aun cuando sea una actuación la que logran y un guión escrito para que se luzcan, la identificación y el nivel de entrega es tal que hace verlos como malandros reales (tal vez lo han sido en Cotiza.) Ellos son prácticamente el alma de la película.
“Secuestro Express.” Una buena opción en cartelera, una visión diferente a la tradicional que se ve en el cine venezolano, y una muestra de que con un buen guión, una dirección eficiente y actuaciones competentes se hace un trabajo muy bueno. Aquí el cine venezolano sí paga, y paga muy bien. Cinco Estrellas de un máximo de Cinco.
Miramax Films presenta. Una producción Tres Malandros. Un film de Jonathan Jakubowicz. “Secuestro Express.” Escrita y dirigida por Jonathan Jakubowicz. Dirección de fotografía por David Chalker. Editada por Ethan Maniquis. Música por Angelo Milli. Diseño de producción por Andrés Zawisa. Producida por Sandra Condito, Salomón Jakubowicz y Jonathan Jakubowicz. Protagonistas: Mia Maestro (Carla), Carlos Julio Molina (Trece), Pedro Pérez (Budu), Carlos Madera (Niga), Jean Paul Leroux (Martín) y Rubén Blades (Sergio.) Duración: 86 minutos.
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