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viernes, marzo 19, 2010

La Isla De Los Dementes

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Quizás uno de los lugares más emblemáticos para realizar un film sea acaso un manicomio. Hay algo inherente a la locura que existe en estos sitios que da material para hacer desde obras cómicas hasta dramas contundentes (el caso de “One Flew Over The Cuckoo’s Nest” de 1975). Incluso ha estado en la célebre cita “Los locos se han adueñado del manicomio”, mencionada por un ejecutivo en 1920 cuando Mary Pickford, Douglas Fairbanks, Charles Chaplin y D. W. Griffith fundaron los estudios United Artists. Pero también las instituciones mentales han dado pie para elaborar filmes de suspenso y terror al emplear el factor de desdibujar lo real de lo mental. Esto es a lo que se llega luego de observar “Shutter Island”, lo nuevo de la colaboración entre el director Martin Scorsese y el actor Leonardo DiCaprio.

Basada en la novela homónima firmada por Dennis Lehane (quien también escribió el libro “Mystic River” llevado a la pantalla por Clint Eastwood), la trama se ubica en el año 1954 en una institución mental para personas violentas de las afueras de la costa de Boston ubicada en una isla, suerte de Alcatraz para dementes. Hasta ella llegan dos marshalls del FBI, Teddy Daniels y Chuck Aule quienes son llamados para investigar la desaparición de una interna, Rachel Solando, de la cual se presume escapó desafiando todas las adversidades de la misma. Estando ya adentro, ambos policías federales empiezan a descubrir secretos, experimentos físicos y químicos con pacientes y demás señales ocultas anunciando que algo no está bien dentro de la aparente “cordura” que pueda existir en un manicomio, comandado por el Dr. John Cawley. A esto se suma la carga personal de Daniels quien arrastra el haber sido un veterano de la Segunda Guerra Mundial, el ser testigo de los horrores de los campos de concentración y además el haber perdido a su esposa. Más en un giro de la trama, se descubre que lo que se había narrado antes no era del todo exacto ni la verdad absoluta, con lo cual se desdibuja lo visible de lo intangible, lo que existe en la realidad de lo que la mente más febril puede producir.

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Es harto conocido el tono devocional con el que Martin Scorsese asume sus proyectos, incluso hasta en los trabajos menos logrados o en sus documentales sobre la música, cada labor es en términos de Martin una obra de amor. Y en esta ocasión no es la excepción al rendir un homenaje velado al gran maestro del suspenso, Alfred Hitchcock. Es inevitable ver “Shutter Island” y hacer el ejercicio de hallar similitudes entre este film y peliculas como “Dial M For Murder”, “The Lodger”, y en particular su obra maestra “Vertigo”. Puede ser que haya querido elaborar a partir de la novela de Lehane un homenaje velado a Alfred e inclusive al otro maestro del suspenso, Mario Bava, y es esto el logro del film donde el suspenso y la construcción de las acciones denota la magnificencia de Scorsese como director de peso.

Aunado a la labor de Martin, el guión firmado por Laeta Kalogridis cumple con armar las situaciones cosidas bajo el hilo del suspenso que se cierne desde incluso los créditos iniciales, dando a entender que lo que se va a suceder no será fácil de ver. Y en este punto advertimos que el film se enmarca más en el suspenso elaborado que en el festín gore para audiencias acostumbradas a sangre y emociones viscerales, por lo tanto si buscan esto último no lo van a encontrar en esta película. Junto con ello, la fotografía agrega otro elemento siniestro mediante una paleta cromática saturada de gris en buena parte del film al igual que tonos ocres como si el film fuese fotografiado por Gordon Willis (quien no hace la fotografía del mismo, vale acotar) en que los personajes salen de penumbras para entrar en espacios lumínicos llenos de amarillos. La edición como es tradicional en su filmografía es labor de Thelma Schoonmaker que vendría a ser la gran artista tras la obra de Martin, al cortar y pegar buena parte de su filmografía, y haciendo de la labor de editar un proceso escalar para concatenar las acciones. Y el trabajo musical a cargo de Robbie Robertson cumple con generar el nivel de suspenso necesario para atrapar al espectador, casi en la misma tónica que un Bernard Herrmann.

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Leonardo DiCaprio asume el papel del Teniente Teddy Daniels en un principio bajo el código del Bureau al investigar el proceso que llevó a la desaparición de Solando, para luego derivar en una disociación producto de la estadía en la isla, como si la misma fuese un elemento perturbador de la conciencia. Mark Ruffalo lleva el rol del agente Chuck Aule similar a como sería un patiño del personaje de Marshall, sin embargo, el mismo servirá como hilo para entender lo que se sucederá luego. Un señor actor como Ben Kingsley se destaca al interpretar al Dr. John Cawley de forma convincente al reflejar la seriedad y rectitud de su local, si bien el mismo es la casa de la locura. Otro maestro como Max von Sydow en su rol del Dr. Naehring como el perfecto freudiano alemán que defiende la ciencia de la mente por encima de la mente misma, aun cuando esta última oculte secretos. Michelle Williams tiene aquí un papel etéreo al ser la fallecida esposa del Teniente Marshall y ser, en definitiva quein ayuda al espectador a entender al protagonista. Emily Mortimer toma el papel de Rachel Solando con soltura y gracia reflejando a la perfección el grado de desequilibrio mental que una persona puede albergar en su mente. Y Patricia Clarkson hace también el papel de Rachel Solando en un juego perverso que el film hace en el espectador.

“Shutter Island” viene a ser un ejercicio de complejidad y destreza cinemática como pocos. Viene a ser un trabajo diferente en un panorama lleno de terror fácil, grafismo y violencia gratuita. Y además es un gran homenaje de Martin Scorsese a los logros alcanzados en su momento por Alfred Hitchcock. Bien podría haber sido dirigida por este último director, la diferencia sería mínima como la cordura en la mente de un desquiciado. ★★★★ y ¾ de un máximo de ★★★★★.

*Otra reseña igual de interesante la pueden leer en Rural Tex™

Paramount Pictures presenta. Una producción Phoenix Pictures en asociación con Sikelia Productions y Appian Way. Un film de Martin Scorsese. “Shutter Island.” Dirigida por Martin Scorsese. Escrita por Laeta Kalogridis. Basada en la novela homónima escrita por Dennis Lehane. Dirección de fotografia por Robert Richardson, A.S.C. Supervisión musical por Robbie Robertson. Editada por Thelma Schoonmaker, A.C.E. Diseño de vestuario por Sandy Powell. Decorados por Dante Ferretti. Supervisión de efectos especiales por Rob Legato. Co-producida por Joseph Reidy, Emma Tillinger y Amy Herman. Producción ejecutiva por Chris Bringham, Laeta Kalogridis, Dennis Lehane, Gianni Nunnari y Louis Phillips. Producida por Mike Medavoy, Arnold W. Messner, Bradley J. Fischer y Martin Scorsese. Protagonistas: Leonardo DiCaprio (Teddy Daniels), Mark Ruffalo (Chuck Aule), Sir Ben Kingsley (Dr. John Cawley), Michelle Williams (Dolores), Patricia Clarkson (Rachel Solando), Emily Mortimer (Rachel Solando), Jackie Earl Haley (George Noyce) y Max von Sydow (Dr. Naehring). 2010. Duración: 138 minutos.

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sábado, febrero 13, 2010

De Aullidos Y Colmillos

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Uno de los mitos decimonónicos en la literatura fantástica y de suspenso es el relacionado con el Hombre Lobo. Parte leyenda del folklore europeo y parte de componente sexual del mismo modo que con el otro icono del terror clásico, Drácula, el concepto del hombre que se transforma en animal al salir la Luna Llena ha fascinado tanto a los habitantes a lo largo y ancho del mundo (en todas las culturas ha habido relatos sobre hombres y bestias) como a los escritores del género fantástico que han tenido un filón sin igual en ello, hasta ser rastreado como un elemento de la cultura pop. En un movimiento clásico y desde la década de los 30 del pasado siglo, Universal Pictures cimentó su nombre creando la célebre galería de filmes y personajes de horror. Prácticamente todo lo que es ya catalogado como terror gótico viene desde 1930 con la versión de “Drácula” de Todd Browning que inmortalizó a Bela Lugosi, pasando por el “Frankenstein” de James Whale que logró lo mismo con Boris Karloff hasta llegar a “El Hombre Lobo” y asociar a este personaje con la impronta de Lon Chaney, Jr.

Al igual que recientemente se hizo con el “Sherlock Holmes” de Guy Ritchie, cada cierto tiempo se hace una readaptación de un personaje clásico para traerlo a lo contemporáneo. Es célebre en el género del terror “An American Werewolf In London” de 1981 y dirigida por John Landis al hacer un film sobre el hombre lobo en base a la para entonces novedad y moda de los filmes gore. Y salvo por una nada recordable versión nueva ambientada en París, el licántropo no tenía cabida en el imaginario colectivo moderno, hasta el estreno actual del film “The Wolfman” de Joe Johnston.

El entorno en que ahora se ubican las acciones es la Inglaterra victoriana y particularmente la campiña habitada tanto por gitanos como por mansiones siniestras y derruidas; el tradicional escenario de los filmes góticos. De estas mansiones sobresale la de Sir John Talbot en donde parece que el tiempo se detuvo, más todavía tras la muerte de uno de sus hijos en una forma asombrosa por lo abrupta como por lo salvaje de la misma. Ante esta situación, su otro hijo Lawrence regresa desde Estados Unidos al hogar para hacerse cargo de la situación y averiguar qué pasó con su hermano, del mismo modo que la prometida de éste, Gwen. En el proceso de dar con una explicación es atacado por un hombre lobo, con lo cual y cada momento del mes en que sea Luna Llena se transformará en la bestia que ataca, despedaza, causando mal y terror.

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Este tratamiento de la historia cae en las manos de Joe Johnston, quien ha hecho una carrera en la industria desde su comienzo como supervisor de efectos especiales para la compañía de George Lucas, Industrial Light & Magic, hasta su debut como director con la fallida y forzada tercera parte de “Jurassic Park.” Y desde ese entonces se ha notado un gusto por hacer pasar a los actores por mil y un predicamentos, así como por las escenas compuestas y orquestadas visualmente, pero sin llegar a los extremos apocalípticos de Roland Emmerich. Puede decirse que “The Wolfman” podría inaugurar un género que llamaremos gótico gore; es decir, se mantienen los esquemas tradicionales del terror gótico, sólo que con el añadido de cabezas rodantes, vísceras y demás detalles sangrientos. Por ende se está ante la presencia un film visualmente atractivo y bien gráfico por demás, sin llegar al límite de lo impresionable.

El trabajo de dirección viene de la mano del guión de Andrew Kevin Walker, creador de uno de los mejores textos del cine para el gran clásico del terror psicológico, “Se7en” de David Fincher. En “The Wolfman” Walker crea un libro que da preponderancia a lo visual por encima del argumento y las situaciones, que en la mayor parte de la película resultan predecibles, sin elementos de sorpresa, de sobresalto o de profundidad psicológica, lo cual viene a ser un bajón si lo comparamos con su obra maestra ya mencionada. Más es necesario reconocer que la estética visual del film es de lujo, mediante modificaciones de los momentos reflejada en transiciones rápidas del tiempo y angulaciones de cámara desafiantes. De la mano de esta fotografía viene la edición que se ubica en consonancia con el estilo visual al aplicar cortes rápidos y un acelerado de las acciones. Lo musical está desarrollado con muy buen gusto por el gran Danny Elfman, si bien no hay motivos musicales que se asocien con los personajes, como lo ha logrado antes para “Batman”, “Edward Scissorhands” y “Spider-Man”, por citar 3 de sus trabajos más destacados.

Benicio Del Toro toma para sí el protagónico de Lawrence Talbot, aristócrata y actor de teatro con un pasado fuerte, y lo desarrolla en base al sentido de culpabilidad que hay dentro de sí luego de cada transformación, cada mes que hay Luna Llena; su papel no es de antología, pero es muy destacado. Sir Anthony Hopkins regresa al género que lo convirtió en uno de los actores más destacados (su fama empezó con “The Elephant Man” de David Lynch hasta el histórico papel del Dr. Hannibal Lector), aunque en esta oportunidad desempeña el rol de Sir John Talbot en un registro más calmado durante buena parte del film para modificarlo cerca del final; su papel aquí lo hace de modo correcto. Para alguien del porte aristocrático de Emily Blunt, el rol de Gwen Conliffe le calza como anillo al dedo al asumir con clase y cual dama en desgracia y eventual heroína la labor de enfrentar al licántropo a fin de derrotarlo. Y Hugo Weaving cambia su ya conocido papel de agente del orden para otro período; si en “The Matrix” era el mundo moderno, aquí es un agente de Scotland Yard tras la pista de la bestia.

“The Wolfman” se ubica a medio camino entre el entretenimiento visual bien contado y lo pobre y predecible que posee el guión. Quizás con un enfoque más psicoanalítico a nivel de libro y trasladado a los personajes el resultado habría sido un poco más excelso, pero como entretenimiento ligero no desentona y sí lo logra como un producto estético bien acabado. ★★★ de un máximo de ★★★★★.

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Una reseña igual de licantrópica la pueden leer en Rural Tex™

Universal Pictures presenta en asociación con Relativity Media. Una producción Stuber Pictures. Un film de Joe Johnston. “The Wolfman.” Dirigida por Joe Johnston. Escrita por Andrew Kevin Walker y David Self. Basada en el film original escrito por Curt Siddmak. Dirección de fotografía por Shelley Jonson, A.S.C. Música por Danny Elfman y Paul Haslinger. Editada por Dennis Wirkler, A.C.E. y Walter Murch, A.C.E. Diseño de vestuario por Milena Canonero. Diseño especial de maquillaje por Rick Baker. Diseño de producción por Rick Hendricks. Producción ejecutiva por Bill Carraro y Ryan Kavanaugh. Producida por Scott Stuber, Benicio Del Toro, Rick Yorn y Sean Daniel. Protagonistas: Benicio Del Toro (Lawrence Talbot/Hombre Lobo), Sir Anthony Hopkins (Sir John Talbot), Emily Blunt (Gwen Conliffe), Hugo Weaving (Inspector Aberline) y Art Malik (Singh). 2010. Duración: 102 minutos.

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miércoles, febrero 10, 2010

I am the master of my fate: I am the captain of my soul.

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Una autopista. Un elemento que une. Un elemento que puede separar a dos grupos de personas dentro de un mismo país. A esta conclusión podría llegar cualquiera que viese desde la distancia la comitiva que el 11 de febrero de 1990 atravesaba Pretoria, Sudáfrica llevando al prisionero de conciencia más célebre de la historia: Nelson Rolihlahla Mandela, luego de un confinamiento injusto de 27 años y durante el cual no se doblegó ante sus carceleros, ni cedió a sus principios y convicciones. Al igual que 3 meses antes el mundo presenció la caída del Muro de Berlín en un sentimiento de júbilo unánime, del mismo modo ver en las pantallas de televisión al habitante 46664 de la Prisión de Robben Island siendo libre generó alegría y esperanza. E irónicamente para el momento el país enfrentaba el miedo, el temor ante lo desconocido; la separación por años de rencores y venganza seguía latente y sin visos de culminar algún día.

Para quienes consideran que el deporte no debe ir de la mano de la política, es menester recordar que desde el origen de los tiempos estos van hombro con hombro, empezando por los griegos, los romanos, la Alemania nazi, la Guerra Fría, cada período histórico y cada país ha usado el deporte para exaltar su superioridad ante los demás y ante otros países, otras ideologías. Pero también el deporte ha servido para unir un pueblo por encima de sus diferencias, de sus prejuicios y en pro del bienestar y la armonía. Este fue el razonamiento de Mandela, y la base del film “Invictus”, lo más reciente de Clint Eastwood como director.

Basada en el libro “Playing The Enemy: Nelson Mandela And The Game That Changed A Nation”, la película ubica al ahora presidente de Sudáfrica y Premio Nóbel de la Paz en medio de una situación delicada tras años de apartheid y cuyas heridas en ambos espectros de la población no terminan de sanar. Es en este contexto que encontramos al equipo nacional de rugby, los Springbocks; eternos derrotados en competencias mundiales y símbolo de los años de discriminación racial y de opresión por la alusión a sus colores auriverde y su vinculación con el gusto de este deporte entre la minoría blanca. Ante el clima general de acabar con el viejo orden e instaurar uno nuevo, Mandela decide que no todo merece ser puesto de lado en nombre de pasar facturas sino tener la suficiente entereza de espíritu para salir adelante todos juntos como una gran nación. Al darse cuenta de que el deporte es el elemento por excelencia para unificar a los pueblos contacta al capitán de los Springbocks, François Pienaar, a fin de apoyarlos en la siguiente Copa Mundial de Rugby a celebrarse en Sudáfrica en 1995 y lograr el milagro de superar los odios de años y los prejuicios, bajo la bandera deportiva y, por extensión, convertir a 43 millones de habitantes en uno solo país.

No es la primera vez que la venganza en cualquiera de sus formas aparece como motivo principal en la filmografía de Clint Eastwood. Prácticamente desde los spaghetti western de la mano de Sergio Leone y “Dirty Harry”, pasando por todos los filmes de la década de los 70 con Sondra Locke como coestelar (incluso en uno de estos compartía el protagónico con un orangután), hasta su trabajo más reciente y consistente como director en producciones como “Unforgiven”, “Mystic River”, “Flags Of Our Fathers”, “Letters From Iwo Jima”, “Gran Torino” y “Changeling”; en mayor o menor escala el elemento venganza contra algo o contra alguien está siempre presente. Más lo que distingue a este cuerpo de trabajo de lo realizado en “Invictus” radica en el factor de canalizar el sentimiento malsano que puede llevar a la fatalidad y transformarlo en otro donde la armonía sea preponderante por encima de las diferencias. Aquí es que se demuestra la estatura de director y como un peso pesado de Clint Eastwood al llevar este film como una secuencia de hechos bien concatenada enfatizando los puntos emocionales de cada uno de los personajes, en especial con alguien de la dimensión de Nelson Mandela, sin desmayar a lo largo de la película.

Aparte de lo magna de la dirección de Eastwood, está también el factor del guión adaptado de Anthony Peckham a partir del libro de John Carlin, y mediante el cual colabora en el curso de la labor antes mencionada, al llevar las acciones hacia el evento que se citó de forma natural sin llegar a lo predecible, algo complicado considerando que las películas sobre deportes de grupo pocas veces generan algún tipo de emoción o que, de producirla, casi siempre raya en lo maniqueo. He aquí que el texto compagina la realidad de Sudáfrica con la personal de Mandela sin llegar al plano del chisme.

De esto, la fotografía sirve de lienzo para mostrar tanto el grado de emoción de los personajes como la grandiosidad del país, pocas veces mostrada en el cine. Así mismo, la edición se decanta entre la ralentización para los momentos claves –en especial durante los partidos de rugby– y los cortes naturales para efectos de transición de las acciones. Y lo musical va desde canciones tradicionales de la región hasta piezas incidentales compuestas por Michael Stevens y por Kyle, hijo de Clint.

Ya forma parte de la leyenda tras este film que el propio Mandela pidió que fuese Morgan Freeman quien lo representara en pantalla. Y acaso la elección no podría ser más acertada, porque al ver cómo asumió el personaje por encima de su naturaleza épica, se llega a la convicción de que Freeman ha realizado una actuación monstruo, no tanto por un factor de similitud física, sino por la profundidad que le imprime al gran Nelson en su esfuerzo por unificar a una nación. Matt Damon se transforma fisonómicamente para el rol de François Pienaar, pero también al recrear alguien ajeno al devenir político que por azar se ve en medio de un gran evento que lo convertirá a su equipo y a él en héroes. Ambos son los que llevan la mayor parte del film. El resto del elenco sirve como representantes de todos los gentilicios sudafricanos, inmersos en sus inseguridades, temores y deseos, pero también en una búsqueda de la armonía y la esperanza.

“Invictus” se entiende al final como un film necesario. Necesario para fomentar la reconciliación y el perdón. Necesario para superar el clima de polarización que afecta a todos en el mundo. Necesario en la creencia de que la convivencia pacífica es factible. Y necesario dentro de la filmografía de Clint Eastwood al ser un punto especial dentro de una carrera como pocas. Como coda, incluimos el poema de William Ernest Henley que da nombre al film y que ha inspirado a Nelson Mandela a lo largo de su vida.

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“Out of the night that covers me,
Black as the pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds and shall find me unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.”


★★★★★ de un máximo de ★★★★★.

*Otra reseña la pueden encontrar en Rural Tex™

Warner Bros. Pictures presenta en asociación con Spyglass Entertainment. Una producción Revelations Entertainment/Mace Neufeld. Una producción Malpaso. Un film de Clint Eastwood. “Invictus.” Dirigida por Clint Eastwood. Escrita por Anthony Peckham. Basada en la novela “Playing The Enemy: Nelson Mandela And The Game That Changed A Nation” de John Carlin. Dirección de fotografía por Tom Stern, A.S.C, A.F.C. Música por Kyle Eastwood y Michael Stevens. Editada por Joel Cox, A.C.E. y Gary D. Roach. Diseño de vestuario por Deborah Hopper. Diseño de producción por James J. Murakami. Producción ejecutiva por Morgan Freeman y Tim Moore. Producida por Lori McCreary, Robert Lorenz y Mace Neufeld. Protagonistas: Morgan Freeman (Nelson Mandela), Matt Damon (François Pienaar), Adjoa Andoh (Brenda Mazibuko), Tony Kgoroge (Jason Tshabalala), Julian Lewis Jones (Etienne Feyder), Matt Stern (Hendrik Booyens), McNiel Hendricks (Chester Williams) y Graham Lindemann (Kobus Wiese). 2009. Duración: 134 minutos.

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viernes, febrero 05, 2010

El Tiempo Pasa Volando

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El transcurso de una existencia está determinado por fases que hacen a ésta un paseo o un camino lleno de obstáculos. Dentro de la convención establecida por las sociedades occidentales, la llave del éxito está creada bajo las siguientes normas: familia, hijos, casa propia o hipotecada, tarjetas de crédito, y un trabajo estable y bien remunerado. Pero si ese orden se trastoca, digamos que se es despedido, ¿cómo altera esto nuestras existencias? Y más todavía, la persona que da esta mala noticia, ¿cómo se sentirá? ¿Cómo asume esta labor? ¿Despedir a las personas es una carrera honorable? ¿Qué estilo de vida lleva? Estas relaciones y comparaciones son mostradas bajo la perspectiva del director Jason Reitman en “Up In The Air.”

A partir de la novela homónima de Walter Kirn, Reitman nos muestra a Ryan Bingham, empleado de una empresa de outsourcing para otras compañías que desean evitar hacer el trabajo sucio de despedir empleados a lo largo y ancho de Estados Unidos y así ahorrar dinero y desgaste emocional. Debido a este constante ir y venir, Bingham nunca para en un solo lugar, haciendo que su existencia transcurra entre aviones, aeropuertos, hoteles, millas de vuelo y demás símbolos del ejecutivo moderno en su afán de ser el prototípico viajero frecuente; no por nada no sufre de soledad o de una vida familiar bajo la excusa de que siempre está acompañado de pilotos, aeromozas, empleados de hoteles y pasajeros. Pero todo se altera al entrar en el cuadro en primer lugar Alex, una versión femenina de él y con quien coincide en cuanto a estilos de vidas errantes, y en segundo lugar al descubrir la empresa para que trabaja un modo más efectivo de despedir personas sin la necesidad de trasladar expertos en despidos a lo largo del país, una idea financiada por una recién llegada, Natalie. De un modo de vida y una forma de pensar para Ryan, ahora existe otra forma la cual se ve en la necesidad de aprender.

En este entorno Jason Reitman se luce como director y retoma en parte lo alcanzado de manera magistral en la extraordinaria “Thank You For Smoking”, y que melodramatizó en “Juno”. Mientras el primer film era corrosivo desde el principio hasta el final en su alegoría sobre la venta de cigarrillos y uno de sus voceros pro tabaco en la extraordinaria actuación de Aaron Eckhart, el segundo basado en el guión de Diablo Cody sólo alteraba el factor del melodrama mediante la figura del embarazo adolescente bajo un giro convencional en la actuación de Eileen Page. Aun cuando hay melodrama en “Up In The Air”, este no llega a dominar el film en su totalidad, sino que se equilibra con las comparaciones y razonamientos que hace Ryan Bingham sobre las pequeñas cosas de la vida, un poco a la manera de Edward Norton en el clásico “Fight Club” de David Fincher; sólo faltan los “single-serving friends.” Y ese tono equilibrado es lo que hace al trabajo de dirección de Reitman tan eficientey tan bien logrado. Que es consecuencia de un guión bien armado en cuanto a llevar a los personajes a un descubrimiento de sí mismos, de lo que son, y de lo que aspiran a ser.

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Esto viene de la mano de una fotografía bien lograda tanto en los momentos de grandes planos secuencias donde se muestra lo amplio del panorama como en pasajes intimistas donde se busca un efecto de cercanía con el espectador que refuerce las emociones que los personajes transmiten. La función de la edición es complementaria a lo que la dirección y la cinematografía crean, un sentido de afinidad. Solo hay cortes abruptos de escenas para mostrar el día a día del protagonista, por lo demás el curso de los hechos se siente natural. En cuanto a lo musical, es un refuerzo para las acciones con una banda sonora que va desde jazz hasta tonadas folk.

Hablar sobre George Clooney como actor es mencionar una versión del siglo XXI de los galanes del pasado como Cary Grant, James Stewart y demás hombres; no por nada y en su momento dijimos públicamente que queríamos ser como él aunque fuese por un día. Y todavía lo mantenemos. Clooney hace de Ryan Bingham un individuo que despierta nuestras simpatías aun cuando su profesión no sea la más admirada, con lo que encontramos paralelismos entre él y el Nick Naylor que hizo Aaron Eckhart en el film debut de Reitman; demostrando con ello que con los papeles adecuados George se luce. Vera Farmiga en su rol de Alex Goran es una versión con faldas de Bingham, y la química que se nota entre ella y Clooney es tal que podemos decir es uno de los logros del film, además del talento sine qua non de Farmiga que ya ha demostrado antes en las ligas de Martin Scorsese en “The Departed.” Anna Kendrick es toda una revelación aquí al encarar su papel de Natalie Keener como una arribista que cree sabérselas todas por tener experiencia académica para luego darse cuenta que la academia no lo es todo en la vida sino la experiencia cara a cara con la realidad. Jason Bateman asume el papel de Craig Gregory de forma natural representando el rol de jefe de Bingham con mucha soltura, por momentos rememora su protagónico de la serie de televisión “Arrested Development”, del mismo modo que lo hace el actor fetiche del director, J. K. Simmons como un desempleado más (es la tercera película de Reitman en que actúa).

Al final puede entenderse “Up In The Air” como una película para estos tiempos de crisis mundial, recesión económica y soledad buscada entre aeropuertos y aviones. Una muestra de que la felicidad no implica necesariamente seguir la convención, sino lo que nuestros instintos nos indiquen sea terminando un empleo o comenzando uno nuevo. ★★★★ de un máximo de ★★★★★.

Otra reseña aeronáutica la pueden leer en Rural Tex™

Paramount Pictures presenta en asociación con Cold Spring Pictures y DW Studios. Una producción Montecito Picture Company en asociación con Rickshaw Productions en asociación con Right Of Way Films. Un film de Jason Reitman. “Up In The Air.” Dirigida por Jason Reitman. Escrita por Jason Reitman y Sheldon Turner. Basada en la novela homónima escrita por Walter Kirn. Dirección de fotografía por Eric Steelberg. Música por Rolfe Kent. Supervisión musical por Randall Poster y Rick Clark. Editada por Dana E. Glauberman, A.C.E. Diseño de vestuario por Danny Glicker. Reparto por Mindy Marin, C.S.A. Diseño de producción por Steve Saklad. Producción ejecutiva por Tom Pollock, Joe Medjuick, Ted Griffin y Michael Beugg. Producida por Ivan Reitman, Jason Reitman, Daniel Dubiecki y Jeffrey Clifford. Protagonistas: George Clooney (Ryan Bingham), Vera Farmiga (Alex Goran), Anna Kendrick (Natalie Keener), Danny McBride (Jim Miller), Jason Bateman (Craig Gregory), Melanie Linskey (Julie Bingham), Amy Morton (Kara Bingham), Sam Elliott (Maynard Finch), J. K. Simmons (Bob), Zach Galifianakis (Steve) y Chris Lowell (Kevin). 2009. Duración: 107 minutos.

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lunes, febrero 01, 2010

9 x 0 = 0

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Desde su estreno en 1963, todos los críticos a nivel mundial así como las audiencias por igual se han maravillado ante una de las obras maestras del Séptimo Arte: “8 ½” de Federico Fellini. El arco del personaje de Guido Anselmi inmortalizado por Marcello Mastroianni en el proceso de crear una película nueva, sus relaciones con las mujeres a lo largo de su vida, sus recuerdos de infancia, la dicotomía de innovar con cada obra aun cuando no se tenga nada en mente, infidelidad, lo extenuante que resulta el proceso creador, psicoanálisis, celebración, caída, todos estos temas y muchos más son los que plasmó con genialidad el habitante más famoso de Rimini, al punto de ser reconocida por la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas con un Oscar™ a la Mejor Película Extranjera de ese año. Incluso este film sirvió como inspiración a Bob Fosse para crear su también obra maestra de 1979 “All That Jazz” con el protagónico de Roy Scheider en una mimetización de este al transformarse en el propio Fosse. De igual manera, Woody Allen le rinde un homenaje a su modo en el film “Stardust Memories” de 1980.

Más para muchos la forma como resolvió argumentalmente Fellini a su alter ego en la pantalla grande no era del agrado. Es por ello que en un acto de osadía como pocos, el guionista de musicales Arthur Kopit junto con el compositor Maury Yeston se dedicaron a crear una obra musical de Broadway inspirada en lo creado por Federico agregando, modificando o quitando situaciones y nombres de personajes que se habían visto en el film junto con una conclusión distinta a la mostrada originalmente. Y además completaron la mitad del titulo al llamar al musical “Nine.”

Estrenada en 1982 la obra se convirtió en un éxito de público y crítica, sirviendo para lanzar a la fama al actor Raúl Julia. En su época se hizo acreedora del máximo premio del teatro mundial, el Tony™ tanto por el musical en sí como por las canciones, la dirección, puesta en escena, la actuación de Julia, y muchos reconocimientos más. Con el paso del tiempo y desde 2003 ha sido reeditada con diferentes actores; la más reciente fue con Antonio Banderas en el protagónico.

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Por el factor de que en su momento el cine musical había pasado a mejor vida, no se hizo una adaptación al cine de la obra. Más hubo que esperar a que en 2000 se estrenara “Moulin Rouge!” de Baz Luhrmann para reinstalar el género de canciones y bailes en pantalla, mismo que fue revitalizado con el reconocimiento de la Academia en otorgar el Oscar™ en 2002 como mejor película a “Chicago” de Rob Marshall a partir del musical homónimo de John Kander, Fred Ebb y el propio Fosse. Era una cuestión de tiempo antes de que se llevara a 35 mm “Nine.”

La historia, para los que no la conozcan y para los que hayan visto tanto la obra de Fellini como el musical de Broadway, es como sigue: Guido Contini (una diferencia con el nombre del protagonista original) se encuentra en una encrucijada en que las musas lo han abandonado para crear un nuevo film, considerando que sus dos trabajos previos fueron fracasos y que ya había dado un título tentativo para el proyecto junto con la protagonista del mismo. En un acto de abandono escapa de Roma hacia una clínica de salud para descansar y tratar de buscar inspiración e ideas, además de huir de un matrimonio que ya no existe y que llena de sufrimiento a su esposa Luisa, junto con la infidelidad en la figura de su amante Carla, y apareciendo las mujeres de su vida, su vestuarista Lili, su actriz fetiche Claudia, su primera pasión hacia las mujeres, Saraghina; una periodista encantada con su obra, Stephanie, y la primera mujer que todos los hombres aman: la Mamma. A ello se suman el productor del la película sin nombre, el séquito de asistentes y personas tras un film, los estudios Cinecittá, escenografías, canciones y bailes por igual y en cantidad. Bloqueo artístico y confusión sexual en un mismo empaque. Incluso se observa el Estudio 5 donde Fellini hizo la gran mayoría de sus películas.

Confesamos aquí que fuimos a ver “Nine” por nuestra devoción absoluta a la película original de Federico, una de las más importantes que hayamos visto en nuestra vida. Y aquí radica uno de los principales fallos del film; la dirección. Debido a su origen en el ambiente del teatro musical, la estética de los filmes de Rob Marshall se dispone a recrear los escenarios. Esto es válido en “Chicago”, pero falla en “Memoirs Of A Geisha” y se corrobora en este film reciente. Por el mismo factor de ser muy teatral, a veces hace que el trabajo de dirección sea muy rígido en contraste con la libertad de estilo que tiene toda la obra de Fellini, siendo está última más fresca y la primera más acartonada.

Por supuesto que el origen de esta labor viene de la raíz original del musical, que como sabemos tiende a dar preponderancia a la música y el baile por sobre el diálogo y la emoción de los actores. Musicalizar “8 ½” puede que haya sido algo para apelar a un auditorio cerrado a las extravagancias de Federico, más para los fans del maestro esto resulta en algo igual a quitarle la música a “The Sound Of Music” y convertirlo en un drama, simplemente no cuadra. El texto sobre el cual está basado “Nine” tanto en la obra de teatro como en el film viene a ser, salvo ciertas referencias de personajes e incluso de películas anteriores de Fellini, disonante con lo que el material original era: un ejercicio de cercanía con el espectador a partir de la figura de un director de cine vanidoso, narcisista y enfrentado –el propio genio transmutado en Marcello– a la posibilidad de fallar como autor y como hombre, convirtiéndolo en cierta medida en un héroe. En “Nine” no se observa esta profundidad ni una dimensión psicológica del Guido Contini que fusionado con lo cerrado de los musicales hubiese resultado en un experimento interesante.

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Más hay que reconocer que la puesta en escena y la dirección de arte salvan la patria del maremágnum de rigidez formal, mediante una recreación de la Italia de mediados de los 60, el período de la dolce vita, como bien lo plasmó Fellini en su film homónimo: autos, modas, peinados, todo es reflejo de tomar algún magazine de la época. Ambos elementos son ayudados por una fotografía naturalista enfocada en la composición de escenas así sean a partir del paisaje natural o de los espacios cerrados, sea de día o de noche. El trabajo de edición está supeditado a lo que marca el tempo de la cinematografía; saltos si el motivo visual y musical es dinámico o cortes sutiles si se observa un tempo más reposado. La música es la misma que pertenece a la obra y reforzando el concepto de lo italiano en algunos instantes bien logrado; en otros no tanto.

El personaje de Guido Contini en la piel de Daniel Day-Lewis posee algo de naturalidad que se opaca por lo forzado del texto, además que es cuesta arriba cantar si no se ha tenido experiencia previa. Por fortuna sale airoso del esfuerzo, pero pesa sobre él la sombra del rol arquetípico de Marcello Mastroianni por lo poderoso del rol original. Marion Cotillard lleva aquí el papel de Lucia, esposa de Guido, con soltura y sin excesos dentro del festín de canciones y bailes; en su versión felliniesca era otra francesa que actuó en el mismo papel, Anouk Aimée. Penélope Cruz hace de su personaje de Carla algo ligero –nótese que hemos estado hablando de ligero en las reseñas actorales porque compensan la pesadez del material original–, pícaro y con un aire casi infantil; originalmente este papel lo hizo Sandra Milo. En “8 ½” existía el personaje de Rosella, cuñada de Guido e interpretada por Rosella Falk; aquí en ausencia de esta se sustituye por Lili, encargada del vestuario de los filmes de Guido e interpretada por Judi Dench sin esfuerzo alguno en su condición de gran dama de la actuación. De igual modo podemos citar el caso de Sophia Loren en su papel de la Mamma, quien actúa de una forma tan natural que parece no esforzarse en el intento; Giuditta Rissone hizo de la Mamma original. Nicole Kidman se nota por el contrario poco imbuida en su personaje de Claudia (por Claudia Cardinale, quien actuó en el film primero), sin ánimo ni emoción salvo posar y verse bien ante la cámara. Por el contrario dos actuaciones se destacan por encima del coro. Kate Hudson hace el papel de Stephanie, reportera de Vogue que no aparece en el material primario, sintiéndose segura de su papel, en especial a la hora de cantar y bailar, con lo cual sale con buen pie a escena. Y quien arropa al resto es Stacy Ferguson, Fergie, en su rol de Saraghina que hizo al principio Eddra Gale. Además de ser la única cantante profesional y si bien no interactúa en cuanto a diálogo, su performance en el film le aporta un rango actoral muy resaltado, añadido a lo potente de su voz que fácilmente podría montarse en un escenario de Broadway e interpretar un musical de arriba abajo.

“Nine” resulta al final en un experimento que se ve interesante en teoría, pero que se afecta al intentar traducir lo poderosa que es la gran obra de Federico Fellini. Ante ello, sigue estando en nuestro standard de excelencia artística “8 ½”, una obra que se puede disfrutar como todos los clásicos, al contrario de “Nine.” ★★ de un máximo de ★★★★★.

Otra reseña musical la pueden leer en Rural Tex™

The Weinstein Company y Relativity Media presentan. Una producción Weinstein Brothers/Marc Platt/Lucamar. Una producción Relativity Media. Un film de Rob Marshall. “Nine.” Dirigida por Rob Marshall. Escrita por Michael Tolkin y Anthony Minghella. Basada en el libro para el musical “Nine” escrito por Arthur Kopit y Mario Fratti con letras y música de Maury Yeston; adaptado del film “8 ½” de Federico Fellini. Dirección de fotografía por Dion Beebe, A.S.C, A.C.S. Editada por Claire Simpson y Wyatt Smith. Diseño de vestuarios por Colleen Atwood. Reparto por Francine Maisler. Música original por Andrea Guerra. Canciones por Maury Yeston. Orquestaciones por Doug Besterman. Música supervisada y conducida por Paul Bogaev. Producción ejecutiva musical por Matthew Rush Sullivan. Coreografías por John DeLuca y Rob Marshall. Diseño de producción por John Myhre. Producción ejecutiva por Ryan Kavanaugh, Tucker Tooley, Bob Weinstein, Kelly Carmichael y Michael Dreyer. Producida por Marc Platt, Harvey Weinstein, John Peluca y Rob Marshall. Protagonistas: Daniel Day-Lewis (Guido Contini), Marion Cotillard (Luisa), Penélope Cruz (Carla), Judi Dench (Lili), Nicole Kidman (Claudia), Kate Hudson (Stephanie), Stacy “Fergie” Ferguson (Saraghina) y Sophia Loren (Mamma). 2009. Duración: 112 minutos.

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domingo, enero 17, 2010

Holmes. Sherlock Holmes

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Si bien no es un superhéroe con todas las de la ley, el personaje decimonónico de Sir Arthur Conan Doyle puede considerarse como tal a partir de sus deducciones y su astucia para la resolución de los casos que han contado con su participación, así como la de su amigo y acompañante el Dr. John Watson. Desde el primero de sus relatos en la novela “A Study In Scarlet” de 1887, hasta el último publicado en 1927, “The Archive Of Sherlock Holmes” además de 3 novelas y 4 relatos adicionales, la fama que le dio a Doyle el detective del 221B de Baker Street fue tal que el entonces Rey de Inglaterra, Eduardo VII lo condecoró con el título de Caballero por aumentar la fama del Imperio Británico en el mundo. Y la popularidad de la figura es a niveles que supera a Cristo como el personaje que más ha sido representado en el cine, desde las películas mudas hasta el sello clásico que le imprimió el actor Basil Rathbone, colocándolo casi a la par de algún personaje de Shakespeare al imprimirle clase y teatralidad. Incluso, el mundo de los comics ha hecho uso de este detective en infinidad de parodias.

Más para el actual siglo, representar al detective por antonomasia de la era victoriana podría verse como un experimento pasado de moda ante la avalancha de superhéroes que surgieron desde la década de los 30 del pasado siglo, porque en apariencia no podría agregarse más a la personalidad y a las situaciones que el mismo tendría que afrontar. Y decimos en apariencia, porque desde el año 2000 se trató desde diferentes aspectos de modernizarlo, de igual forma que se logró en el caso del agente del MI6 al servicio de su majestad; a saber, James Bond. Y esta labor de actualización ha recaído en las manos del director Guy Ritchie al dirigir “Sherlock Holmes.”

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Es necesario advertir que los clásicos arquetipos que fueron creados por la industria cinematográfica no se encuentran aquí; es decir, el “¡Elemental mi querido Watson!”, ni el vestuario salido de Saville Row, y mucho menos el sombrero de piel de venado. Para este Holmes repotenciado se le incluyó destrezas en artes marciales, un aspecto más cercano a un “elegantly wasted” que a la impronta anterior, con todo y adicciones no contadas –se da a entender una adicción al clorhidrato de cocaína al 7%, algo curioso considerando el bagaje del protagonista– en sociedad con su amigo y en las novelas cronista de las aventuras, para dar con el paradero de Lord Blackwood, ocultista y miembro del Parlamento con un plan para acabar con el status quo imperante y hacer que su orden satanista tome el control del Imperio; para ello hace uso de los avances de la ciencia de entonces que a los ojos de los no avezados pasan por actos de hechicería y brujería. A este escenario se suma el de Irene Adler, una artista del engaño y el robo quien posee una historia en la vida de Sherlock, la que en un giro de los acontecimientos pasa a ser una aliada de Holmes para detener a Blackwood. Además se agrega Mary Morstan, prometida de Watson quien viene a ser la del medio en la relación entre ambos socios. Y en clave tácita se entreve la presencia del Dr. Moriarty, archienemigo de Saherlock Holmes, y que da material para otra entrega de esta –aparente– nueva franquicia cinematográfica.

Haber elegido a Guy Ritchie para repotenciar a Sherlock Holmes ha resultado en una sabia decisión; no en balde el estilo tarantinesco de producciones como “Lock, Stock & Two Smoking Barrels”, “Snatch” y “RockNRolla” lo han hecho un consentido de las audiencias al mostrar una filmografía con actitud cool y despreocupada, además de poseer una estética propia plena de hiperfragmetación, aura punk, visuales en la onda de la publicidad y del video clip (hasta puede verse a Sherlock Holmes haciendo un proto intento de Parkour). Mas creemos que hay instantes del film en que baja la intensidad del discurso a favor de una teatralidad clásica del personaje que en esta oportunidad es en el punto medio de la producción, y no decimos con esto que sea un fallo, pero sí desvía por momentos la atención del espectador a favor de los fans y cultores de Holmes. He aquí que el guión posee un desbalance; es decir, si bien es dinámico la mayor parte de las veces, en el momento antes mencionado baja el ritmo con lo cual podría desviar la atención del espectador, aunque sabiamente retoma el tempo previo para no desmayar hasta el final.

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Este estilo bombástico del film viene de la mano de una fotografía realizada por Philippe Rousselot que combina el tono sombrío del Londres victoriano en una paleta blanco y negro añadida con sepia y aplicable también a los protagonistas que por momentos parecen daguerrotipos, en contraste con matices de color en ciertos pasajes, en especial para los protagónicos femeninos. El trabajo de edición en consonante con lo ya visto previamente de Ritchie: saltos y cortes de edición rápidos, rebobinado de acciones para concatenar los hechos, cámara en sincronía con la música y los encuadres, haciendo que el espectador deje de ser un elemento distante para casi estar dentro de las acciones. Los motivos musicales son más un elemento de acompañamiento que otro protagonista más, al punto que no hay una tonada que el espectador recuerde luego de terminada la función.

Haber elegido a un actor estadounidense para el papel de Sherlock Holmes podría parecer casi sacrílego, más la impronta que le da al personaje Robert Downey Jr. lo ubica como una selección acertada, al convertir al mismo en un ser nada formal ni estirado, sino en un elemento cool, casi como lo fueron Brad Pitt en “Snatch” o Gerard Butler en “RockNRolla”, aun cuando no llegue a los extremos de estos actores en ambas películas. Más su recreación del inquilino de la Calle Baker raya en lo excelso al aportar dinamismo, soltura y naturalidad, características harto conocidas en este actor haciéndolo uno de los mejores de los últimos 25 años. Jude Law viene a ser el equilibrio de Holmes en su rol de Watson, al balancear los delirios de sapiencia y los extremos de su amigo para dar ecuanimidad, sensatez y mucha sapiencia a los hechos y las acciones. Rachel McAdams es en esta oportunidad una antiheroína al pasar su personaje de Irene Adler de ser una delincuente más a una aliada de Sherlock con sus momentos de romance; hay que decir que su actuación es sublime y muy buena como un todo, rayando entre la picaresca y la sutileza. Kelly Riley hace de su Mary Morstan una visión cercana a como debían comportarse las damas en el período victoriano: sumisas, comedidas, del lado de su esposo y sin arranques de liberación femenina, aunque el personaje deja entrever un dejo de independencia subyacente. Mark Strong convierte a Lord Blackwood en un agente del mal en clave romanticista, tanto en la forma de abordar al personaje como en su discurso, lleno de simbolismo, de una pomposidad casi como si el Príncipe Alberto, esposo de la Reina Victoria, fuese el malo del film.

Esta nueva reedición de “Sherlock Holmes” viene a resultar un buen trabajo de estética visual moderna para el ambiente sombrío del Londres del siglo XIX y un refrescamiento a un personaje que ya va para los 150 años desde su creación. Si bien lo ya mencionado afecta por momentos al film, en general el resultado final es uno bastante satisfactorio y agradable a la vista como ha sido desde hace tiempo la filmografía de Guy Ritchie. Si agregáramos brit pop como fondo musical parecería otra de las películas previas de este director. ¿Y si se agregara música incidental a las producciones anteriores de él, parecería un film del pasado? ★★★¾ de un máximo de Cinco.

*Otra reseña detectivesca la pueden leer en Rural Tex™

Warner Bros. Pictures presenta en asociación con Village Roadshow Pictures. Una producción Silver Pictures en asociación con Wigram Productions. Un film de Guy Ritchie. “Sherlock Holmes.” Dirigida por Guy Ritchie. Escrita por Michael Robert Johnson, Anthony Peckham y Simon Kinberg. Historia para la pantalla por Lionel Wigram y Michael Robert Johnson. Basada en personajes, situaciones, relatos y novelas escritas por Sir Arthur Conan Doyle. Dirección de fotografía por Philippe Rousselot, A.F.C, A.S.C. Música por Hans Zimmer. Editada por James Herbert. Diseño de vestuario por Jenny Beavan. Diseño de producción por Sarah Greenwood. Co-producida por Steve Clark-Hall. Producción ejecutiva por Michael Tadross y Bruce Berman. Producida por Joel Silver, Lionel Wigram, Susan Downey y Dan Lin. Protagonistas: Robert Downey Jr. (Sherlock Holmes), Jude Law (Dr. John Watson), Rachel McAdams (Irene Adler), Mark Strong (Lord Blackwood), Kelly Riley (Mary Morstan) y Eddie Marsan (Inspector Lestrade). 2009. Duración: 125 minutos.

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viernes, octubre 09, 2009

Los Brazos. Los Abrazos.



Uno de los ejercicios más interesantes de realizar cuando se dirige una película es el hacer lo que se conoce como “cine dentro del cine”, tal vez porque sirve para humanizar la fábrica de sueños y llevarla al plano de la cotidianeidad. Pero si a esto le sumamos drama, suspenso y una dosis generosa de comedia el resultado puede ser, o bien un film pesado y pretensioso, o por el contrario una producción memorable. En lo segundo podemos ubicar a lo nuevo que ha realizado Pedro Almodóvar, “Los Abrazos Rotos.”

Lo interesante del ejercicio antes mencionado es cuando el protagonista sufre una discapacidad, más aun si es ceguera; situación que sucede al principal Mateo Blanco, quien a raíz de un accidente decide adoptar el seudónimo de Harry Caine para elaborar guiones; un caso más o menos similar a lo hecho antes por Woody Allen en su film “Hollywood Ending” aunque bajo otra perspectiva. En su entorno habitado por la oscuridad le hacen compañía Judit, asistente de él, enamorada en secreto y manager de su trabajo, así como Diego, hijo de ella que le sirve de lazarillo y que como todo joven en la actualidad gusta de disfrutar de la nocturnidad, de la música bailable y de experimentar con drogas. Es a partir de un accidente que Diego cae enfermo y Mateo –o Harry, dependiendo del momento– se dedica a cuidarlo mientras se recupera. Y he aquí que decide contarle el pasaje más feliz de su vida de 15 años atrás, cuando la luz ocupaba su vista, su trabajo y su corazón en la figura de Lena, secretaria con problemas familiares y aspirante a actriz, casada con un hombre que la tiene como trofeo sexual y un hijastro que gravita entre la homosexualidad y la psicopatía. Y es en este momento de felicidad que todo se trastoca para mal, haciendo que los siguientes años hasta llegar al presente sean un mar de resentimientos, secretos y temores, pero siempre con la posibilidad de sanar las heridas y dar oportunidad a un nuevo comienzo.

Esta labor es asumida por Pedro Almodóvar con la experiencia que los años le han aportado a su obra. Ciertamente, y aun cuando hay pasajes que llevan a la risa con gusto, más todavía en un homenaje a su obra maestra “Mujeres Al Borde De Un Ataque De Nervios”, no es una película “máquina de risa” desde el primer fotograma hasta el último. Pero tampoco es una telenovela como la buena parte de su producción de la década pasada. Es esto lo que ha logrado al paso del tiempo, cómo fusionar film noir con carcajadas y thriller sin que sea algo denso o que se le escape de las manos en cuanto a desarrollo argumental. Por ser el guión de su autoría –muy bueno en cuanto a desarrollo y frescura de situaciones y personajes, así como en las transiciones y flashbacks de la trama– la dirección adopta la misma línea que el libro. No nos cansamos de insistir que la veteranía juega un papel importante, no tan solo al usar chicas Almodóvar como un desfile de rostros, sino con la situación y el instante destacado para que brillen por igual los actores, los textos y el director.



Junto con la anterior labor, la fotografía reproduce los colores a los extremos; por un lado territorio agreste con preponderancia de matices fríos y tonos grises para saltar a explosiones de colores primarios en clave española total. Una labor que ha caído en las excelentes manos y el indiscutible talento de Rodrigo Prieto, conocido por fotografiar los magnos filmes de Alejandro González Iñárritu. La edición hace malabares excelentes con las transiciones temporales de la trama, haciendo que la película no decaiga cada vez que ve de adelante hacia atrás y viceversa. Y de nuevo en lo musical, Alberto Iglesias colabora como ya es tradición en fecha reciente para cada film de Pedro, si bien lo mejor cercano al final es escuchar una copla española en cante jondo que alude a la pérdida, pero también a la esperanza.

Si bien no llega a la excelencia de Raimunda en “Volver”, de nuevo Penélope Cruz demuestra ser la más reciente chica Almodóvar por antonomasia, sumado a las bondades de tener un papel escrito especialmente para ella, algo como usar un traje hecho a la medida, con la diferencia que hace gala de su talento como actriz. Y con creces. Lluís Homar hace en su doble papel de Mateo y Harry una muestra digna de desdoblamiento de personalidad al gravitar entre el pasado feliz pero complicado y el presente oscuro, más lleno de sabiduría y serenidad. Blanca Portillo asume su papel de Judit como una de las chicas de Pedro entre la devoción y el secreto que lleva por años, eventualmente ella termina siendo la responsable de arreglarlo todo. José Luís Gómez es aquí el “otro” en la relación entre Lena y Mateo, alguien quien no concibe otra forma de amar que mediante el sexo como una relación de poder entre dominador y sumisa. Rubén Ochandiano establece similitudes entre su personaje de Ray X y el que desarrolló en su momento Gael García Bernal en “La Mala Educación” al intentar destapar un pasaje del pasado que todos quisieran olvidar. Diego se convierte en la persona de Tamar Novas en alguien que ha crecido en un entorno donde la creatividad es moneda de uso corriente, pero que igual posee aspectos ocultos, al igual que las actitudes ante la vida. Una veterana como Ángela Molina asume un papel de carácter como pocos en este film al ser la madre de Lena, es poco su tiempo en pantalla, pero la llena a lo largo que dura su interpretación. Y como un regalo a su fanaticada de años, Pedro nos trae a un compendio de sus chicas más célebres, desde la Chus Lampreave, pasando por la Kiti Maniver, la Lola Dueñas y la excelente y eterna Rossy de Palma, quien al igual que con Carmen Maura, Cecilia Roth y Penélope Cruz, verla a ella es asociarla con Almodóvar.



Al terminar de ver “Los Abrazos Rotos” uno termina con la sensación de que para poder avanzar hay que descubrir el pasado por oscuro que sea, en virtud de que con ello se podrá continuar armando el rompecabezas de la vida, lleno de alegrías, de tristezas, de desencuentros, pero por sobre todo de existencia. Y además sirve para refrendar nuestra reverencia y admiración a la obra de Pedro Almodóvar. Genio y figura en un director de cine estelar. Cuatro Estrellas y ¾ de un máximo de Cinco.

Otra crónica sobre abrazos y Pedro la pueden leer en Rural Tex™

El Deseo presenta. Una producción ICE, TVE y Canal + España. Un film de Almodóvar. “Los Abrazos Rotos.” Escrita y dirigida por Pedro Almodóvar. Dirección de fotografía por Rodrigo Prieto, A.M.C., A.S.C. Música por Alberto Iglesias. Montaje por José Salcedo. Dirección artística por Antxón Gómez. Producida por Esther García y Agustín Almodóvar. Protagonistas: Penélope Cruz (Lena), Lluís Homar (Mateo Blanco/Harry Caine), Blanca Portillo (Judit García), José Luís Gómez (Ernesto Martel), Rubén Ochandiano (Ray X), Tamar Novas (Diego), Ángela Molina (madre de Lena), Chus Lampreave (portera), Kiti Manver (Madame Mylene), Lola Dueñas (lectora de labios), Mariola Fuentes (Edurne), Kira Miró (modelo), Rossy de Palma (Julieta) y Alejo Sauras (Álex). 2009. Duración: 130 minutos.

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jueves, julio 16, 2009

Las Mujeres



Poco más de 20 años no existía en la mercadotecnia cinematográfica el término chick films. Para ser más precisos, este se refiere a aquellas películas en que la trama, las actuaciones y la forma en que está contada la historia apunta hacia el mercado femenino. Ciertamente en el proceso se han creado productos destacables, tales como “When Harry Met Sally” de Rob Reiner y “Something’s Gotta Give” de Nancy Myers; incluso una épica como “Titanic” de James Cameron puede ser catalogada como chick film; no por nada esta última película atrajo mujeres a las salas de cine haciéndola la más taquillera de todos los tiempos hasta la fecha e inventando la expresión que estamos citando. Pero por cada “Titanic” hay 10 más que no llegan a este registro siendo filmes vacíos y sin atractivo alguno, entre ellos “The Family Stone”, “Failure To Launch”, “How To Lose A Guy In 10 Days” y la adaptación para cine de la serie “Sex And The City.” En esta última lista entra “The Women.”

Basada en la obra de teatro de los 1930 escrita por Clare Boothe Luce y en la adaptación cinematográfica de 1939 dirigida por George Cukor y protagonizada entonces por Joan Crawford, Norma Shearer, Rosalind Russell, Paulette Goddard y Joan Fontaine, esta nueva versión contiene todo un abanico de mujeres modernas: ejecutivas editoras de revistas femeninas, escritoras lesbianas, diseñadoras de moda aspirando a ser la próxima Cocó Chanel, amas de casa con muchos hijos, amas de llaves, institutrices danesas, dependientas de Saks Fifth Avenue robamaridos, manicuristas chismosas, madres con resentimientos, y demás elementos del universo femenino ficcional exitoso. Todas con sus cuotas de celos profesionales, montadas de cachos, nostalgia menopausica, embarazos, autoestima baja levantada a punta de un desriz de cabello, posicionamiento de marcas de lujo como Hermés, Prada y demás chucherías deluxe, amén de Dove como patrocinante principal del film. Y con una particularidad en las casi dos horas de duración del comercial –porque así puede ser visto–: no hay ni un solo hombre.

Tanto el proceso de adaptación al siglo XXI como la dirección de la película corren por cuenta de Diane English, conocida por haber creado la exitosa serie de televisión “Murphy Brown” que relanzó la carrera de Candice Bergen. Y quizás debió haberse arriesgado a ver episodios viejos de este programa antes de acometer la tarea de readaptar este proyecto de los 30 al año 2008. En la suposición de que para hablar de mujeres exitosas hay que apelar a la comedia de circunstancias –área en la que Woody Allen ha dictado cátedra creando clásicos atemporales–, el resultado final termina siendo frío y poco gracioso, el mismo efecto que produciría el estar contemplando anuncios de cosméticos en cualquier stand de tienda por departamentos; es decir, si bien la calidad estética del anuncio es indiscutible, a la larga propone un ideal inalcanzable de femineidad, esto, para agregar lo del desriz que levanta autoestimas y carreras en apenas 10 segundos de film y el que uno de los personajes tenga una adicción por el BlackBerry™ que raya en una cita directa a la Clínica Betty Ford.



Quizás lo mencionado antes podría haber servido para un buen gag humorístico, pero como citamos, es lo que más está ausente en este guión de Diane English. En el film de Cukor el atractivo era lo cuiamas que eran entre sí las actrices, por supuesto con la presencia de la bruja mayor, Joan Crawford. En esta ocasión la cuaimatización no llega al nivel de chisme de revista ¡Hola!, causa que creemos se debe a la ausencia de personajes masculinos, llevando a que el guión sea monócromo, monotemático y sin momentos claves. Más el trabajo de fotografía es admirable por el efecto papel glacé que los encuadres de cámara poseen y las ambientaciones de los escenarios suntuosos, fashionistas y chic en que se desenvuelven las actrices. El trabajo de edición es simple, de hecho pareciera que es inexistente debido a que la fotografía lo ocupa todo y el responsable de los cortes sólo debe limitarse a close ups de los personajes en escenas de diálogos. Y lo musical es más como poner música house o lounge en un desfile de modas.

En cuanto al reparto, nos sorprende lo bien que se conserva Annette Bening al paso de los años, con unas piernas que ni Giselle Bundchen tendría de tener la edad de ella. Meg Ryan sigue viéndose como la llamada en los 90 “novia de América”, sólo que con más arrugas y al descuido. Eva Mendes es la tradicional mamita buenota que aparece en las revistas y que está buenota, valga la repetición. Debra Messing no ha cambiado de pelirroja desde los tiempos de su serie “Will & Grace”. Jada Pinkett Smith con todo y lo enana que es tiene con qué y más. Debi Mazar pasa por la tradicional chismosa indiscreta. Carrie Fisher sigue mostrando en el rostro los años de excesos y vida disipada que ha tenido por ser una hija de Hollywood. Y Candice Bergen se observa envejecida por factores del personaje que por voluntad propia… un momento, hemos estado hablando del aspecto físico de las actrices protagonistas, no de su desempeño histriónico. Pero dentro del coro destacan pocas. Cloris Leachman sigue resaltando como una gran dama de la actuación, produciendo risa sin apelar a bromas o chistes forzados. Lastimosamente Ana Gasteyer sólo dice una línea en la película porque merecía más tiempo en pantalla; e irónicamente es uno de los dos momentos más rescatables del film; el otro corresponde a Bette Midler que en el breve instante que posee se luce, de hecho, al verla en pantalla de inmediato provoca risa sin esfuerzo.

De algo sí salimos convencidos al terminar este film. Y era ir a ver en el acto una película de acción, patadas, balas y explosiones, aunque una de acción buena de ver y protagonizada en su mayoría por mujeres es “Kill Bill” de Quentin Tarantino. A lo mejor eso es lo que les faltó a las mujeres de “The Women”: una katana de Hatori Hanzo para cortar en pedacitos el guión. Una Estrella Y ½ de un máximo de Cinco.

*Otra versión del cuento la pueden leer en Rural Tex™

New Line Cinema y Picturehouse presentan en asociación con Inferno y Double Edge Entertainment. Una producción Jagged Films e Inferno Production en asociación con Shukovsky English Enteartainment. Un film de Diane English. “The Women.” Escrita para la pantalla y dirigida por Diane English. Basada en la obra de teatro escrita por Clare Boothe Luce y en el film “The Women” escrito por Anita Loos y Jane Murfin y dirigido por George Cukor. Dirección de fotografía por Amastas Michos, A.S.C. Música por Mark Isham. Supervisión musical por Chris Douridas. Editada por Tia Nolan. Reparto por Amanda Mackey, C.S.A. y Cathy Sandrich Gelfond, C.S.A. Diseño de vestuario por John Duna. Diseño de producción por Jane Muskey. Producción ejecutiva por Jim Sebel, Joel Shukovsky, James W. Skotchdopole, Bob Berney y Caroline Blackwood. Producida por Victoria Pearman, Mick Jagger, Bill Johnson y Diane English. Protagonistas: Meg Ryan, (Mary Haines), Annette Bening (Sylvia Fowler), Eva Mendes (Crystal Allen), Debra Messing (Edie Cohen), Jada Pinkett Smith (Alex Fisher), Carrie Fisher (Bailey Smith), Cloris Leachman (Maggie), Debi Mazar (Tanya), Ana Gasteyer (Pat), Joanna Gleason (Barbara Delacorte) con Bette Midler (Laeh Miller) y Candice Bergen (Catherine Frazier). 2008. Duración: 114 minutos.

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lunes, julio 13, 2009

El Peor Crímen de Todos es el Silencio



Verano de 1965. Indianápolis, Estados Unidos. El matrimonio de Lester y Betty Likens, trabajadores de carnavales a lo largo de Estados Unidos y padres de 3 hijas, atravesaba por un mal momento en su relación al punto de estar separados. En un intento por rescatar su matrimonio, deciden irse solos por motivos de trabajo sin la presencia de dos de sus hijas, Sylvia de 16 años y Jenny Faye de 15, quienes quedan al cuidado de Gertrude Baniszewski de 34 años, madre de 7 niños y trabajadora a destajo planchando para otras familias y vecinos, a cambio de recibir $20 a la semana para efectos de alimentación y vivienda; en el proceso Sylvia y Jenny Faye asistirían a la escuela, a funciones sociales con los hijos de Gertrude y a la iglesia cada domingo.

Más cuando el primer cheque tarda en llegar, Baniszewski, quien sufría de asma y depresión crónica por los abandonos que había sufrido por parte de su esposo y sus posteriores novios, más la carga de criar a 7 hijos y 2 adicionales, castiga a Sylvia y a Jenny de azotes con correas. Eventualmente se resuelve el problema de la paga, pero esta decide botar las cartas y advertirle a ambas que sus padres no han hecho contacto alguno, todo ello como un pretexto para tenerlas en casa y castigarlas a voluntad ante lo que considera una vida miserable que sólo subsiste mediante la religión, la falsa moral, la pacatería maldita e hipócrita y el silencio que la sociedad imponía –y sigue imponiendo– cuando el castigo hacia los débiles no es devuelto hacia el castigador de la misma forma y saña. La violencia continuaría en la casa Baniszewski contra Sylvia Likens, acusándola de prostituta y arremetiendo contra ella con más violencia, muchas veces ayudada por sus propios hijos y por vecinos adolescentes que tuviesen alguna clase de rencor contra Sylvia, o por simple y miserable sadismo, que en varias ocasiones involucraba una botella de Coca-Cola.

Esta violencia escalaría hasta encerrarla en un sótano, siendo maniatada, golpeada por todo el cuerpo, bañada con agua, quemada con colillas de cigarrillos, regando sal en las heridas y marcada con agujas calientes en la piel, junto con dejarla sin comer por días y llevándola incluso a alimentarse de sus propios excrementos. El 26 de octubre de 1965 y luego de haber sido golpeada dos días antes con una tabla y con un palo de escoba en la cabeza, Gertrude decide que hay que subirla y darle un baño de agua tibia; su hija Stephanie y su novio Richard Hobbes la suben y notan que no respira: ha muerto. Stephanie le dice a su novio, presa del pánico, que llame a la policía; al llegar las fuerzas del orden reciben una carta supuestamente firmada por Sylvia para sus padres y entregada por Gertude donde se “afirmaba” que se fugaba de esta casa; la realidad es había sido escrita bajo amenaza. Pero al encontrar el cuerpo de Sylvia y el maltrato que tenía, junto con la conmoción del evento, hizo que Jenny Likens le dijera a un policía en susurros: “Sáqueme de aquí y les diré todo.” Ambas circunstancias condujeron al arresto de Gertrude Baniszewski y de sus hijos, junto con sus vecinos y novios cómplices; siendo llevados ante un juez. Todo lo escalofriante del caso y el juicio que se siguió son la base del film del director Tommy O’Haver, “An American Crime.”



Este material tan fuerte de creer que pasó, que aun al día de hoy produce horror, es en las manos de este realizador tratado con crudeza sin llegar al festín gore, que fácilmente pudo haber asumido como una forma de generar titulares y atención de forma gratuita, incluso hay momentos poéticos dentro de la brutalidad que el caso posee; esto, porque el mismo decidió tratar unas cosas omitiendo el sadismo. Más el efecto del film es como una cachetada en la mejilla del espectador ante la realidad de que el maltrato contra los débiles continúa sin un castigo ejemplarizante contra los maltratadores. Estamos ante un film que genera discusión, polémica y esperemos que una toma de conciencia social.

El guión es básicamente el tratamiento de las declaraciones de los testigos en el juicio, tal cual aparecen en las trascripciones de los escribientes y en el sumario del caso. Parecería un trabajo de ficción más o una exageración de tono sensacionalista, de no ser porque lo narrado fue tal como sucedió. Y se agradece que el texto fílmico no fuese más explícito, sino contundente sin llegar a extremos, haciéndolo real, sincero dentro de lo que cabe. La fotografía transita entre el ambiente del sur de Estados Unidos entre los colores del verano, yendo hacia una iluminación más tenue en los ambientes interiores, hasta llegar al reflejo del horror mediante claroscuros y oscuridad, un poco para reflejar lo oscuro y lo bajo que puede llegar el ser humano. La edición es llevada con soltura y linealidad para reflejar los estados de ánimo ante la aparente normalidad de cualquier pueblo, pero que esconde horror tras las paredes. Y la música lleva un papel protagónico tanto en los motivos incidentales, como en el soundtrack que acompaña al film, todo un compendio de canciones pop de mediados de la década de los 60.

Las actuaciones del elenco son todas competentes, incluso James Franco hace un papel destacado. Pero todo el reparto desaparece literalmente ante la presencia de Catherine Keener y Eileen Page como Gertrude Baniszewski y Sylvia Likens, respectivamente. Además de elaborar un duelo actoral como pocas veces se ve con una soltura increíble, ambas generan toda clase de emociones y reacciones en la audiencia; en el caso de Keener rabia y desprecio, en el de Page compasión y dolor. Y aun cuando ambos personajes puedan resultar arquetípicos o estereotipados, dependiendo del cristal con que se mire, lo cierto es que tanto una como la otra despliegan todo un abanico de estados de ánimo; una como una victimaria con una agenda en mente y un propósito, la otra como una víctima que no comprende por qué esta violencia, saña y odio contra ella, llevando al espectador a plantearse esta pregunta: ¿Por qué?

“An American Crime” no es un film fácil de ver. Es duro, contundente y genera reacciones en la audiencia. Al igual que discusión, reflexión y esperemos que una toma de conciencia. Si nos preguntan cuál es el castigo que se merece todo maltratador infantil, nuestra respuesta será siempre esta: LA LEY DEL TAILÓN. Cuatro Estrellas Y ½ de un máximo de Cinco. Aunque la realidad nunca tendrá clasificación.

*Otra reseña la pueden leer en Rural Tex™

First Look Studios presenta. Una producción First Look Pictures. Una producción Killer Films/John Wells. Un film de Tommy O’Haver. “An American Crime.” Dirigida por Tommy O’Haver. Escrita por Tommy O’Haver e Irene Turner. Basado en las transcripciones textuales del juicio de El Estado de Indiana contra la Familia Baniszewski de 1966. Dirección de fotografía por Byron Shah. Música original por Alan Ari Lazar. Supervisión musical por Spring Aspers. Editada por Melissa Kent. Reparto por Amy McIntyre Britt y Anya Colloff. Diseño de producción por Nathan Amondson. Diseño de vestuario por Alix Hester. Co-producida por Hans Ritter. Producción ejecutiva por Pamela Koffler, John Wells, Ruth Vitale y Richard Shore. Producida por Kathie Roumel, Jocelyn Hayes Simpson, Christine Vachon, Henry Winterstern y Kevin Turen. Protagonistas: Catherine Keener (Gertrude Baniszewski), Eileen Page (Sylvia Likens), James Franco (Andy), Hayley McFarland (Jennifer Faye “Jenny” Likens), Nick Searcy (Lester Likens), Romy Rosemont (Betty Likens), Ari Gaynor (Paula Baniszewski), Scout Taylor-Compton (Stephanie Baniszewski), Tristan Jarred (Johnny Baniszewski), Hannah Leigh Dworkin (Shirley Baniszewski), Carlie Westreman (Marie Baniszewski), Jeremy Sumpter (Coy Hubbard), Brian Geraghty (Bradley), Michael O’Keefe (Reverendo Bill Collier) y Bradley Whitford (Fiscal Leroy K. New). 2007. Duración: 97 minutos.

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Ana, Mary y Enrique



Hagamos un poco de historia. Alrededor de 1518, Enrique VIII Tudor, Rey de Inglaterra y Defensor de la Fe ante el papa Clemente VII por su apoyo a la Santa Iglesia Católica ante el avance de los protestantes liderados por Martín Lutero, se encontraba en la encrucijada de ser el padre de un varón, en la creencia de que el pueblo inglés no aceptaría una sucesión femenina. Casado desde 1509 con Catalina de Aragón, hija de los Reyes de España Isabel la Católica y Fernando II, había tenido varios abortos y muchos nacimientos muertos antes de dar a luz a María. Convencido de que ella no podría darle el heredero que esperaba, empezó a tener muchas concubinas, de entre las cuales estaban las hermanas Mary y Ana Bolena. Al principio se interesa por Mary con quien mantiene una relación adúltera, misma que se consuma con el nacimiento de un varón, pero bastardo que no posee derecho de sucesión al trono. Eventualmente su foco de atención cambia a Ana, quien lo convence de separarse de Catalina para así casarse con ella, no sin antes enfrentarse a todo el estamento constitucional y papal debido a esta osadía. Puesto que ni los consejos religiosos de Inglaterra se lo permiten –costándole la cabeza a Tomás Moro– y mucho menos el papa Clemente VII, desconoce la autoridad del Vaticano, es excomulgado y establece la Iglesia de Inglaterra, también conocida como Anglicana. Al fin puede casarse con Ana.

Pero el destino se impondría, siendo el primogénito de ambos una niña, Elizabeth. Al quedar de nuevo embarazada, sufre un aborto; y en su lujuria permanente que hacía que las decisiones de estado fueran regidas por su pene y no por su mente, toma como concubina a Jane Seymour y acusa a Ana de traición y brujería contra su persona. Esta es hallada culpable y condenada a decapitación. Mary se hace cargo de Elizabeth, quien a la larga y tras escalar en el poder eliminando a sus competidores, desde su prima María Estuardo, Reina de Escocia y a los católicos en masa, se hace del trono inglés, siendo coronada como Elizabeth I Tudor. La vida, pasión y muerte de por medio de Ana y Mary, junto con su relación con Enrique VIII es la base del film “The Other Boleyn Girl.”

Basado en el libro homónimo escrito por Philippa Gregory, el film viene a ser responsabilidad del director Justin Chadwick, el cual le imprime al mismo un tono de contemporaneidad, sin llegar a los extremos de “A Knight’s Tale”, en donde –y salvo por la actuación de Heath Ledger– todo el film parecía ESPN versión lucha de caballeros medievales. En el caso de “The Other Boleyn Girl”, la estética es más sensorial y cercana a una revista Vogue de los 1500, haciendo que las hermanas parezcan ante los ojos del espectador iguales a las hermanas Paris y Nicky Hilton, pero con armadores, vestidos largos, bailes de cuadrillas y caballos. Y aclaramos que enfocar período de este modo no tiene nada de malo, al contrario, pero sí hace que la dirección pueda ser más cercana a la serie “Gossip Girl” que al “Hamlet” de Sir Lawrence Olivier, con la banalización propia de un show de adolescentes.



Esto viene por el lado del guión firmado por Peter Morgan (quien también hizo el mismo de los filmes “The Queen” y “Frost/Nixon”), el cual al ser una adaptación de una novela y que no hemos leído para establecer una comparación de discurso, hace que el film sea más cercano al melodrama televisivo que al enciclopedismo de la literatura o del teatro, si bien en el desenlace histórico conocido hay una suerte de homenaje indirecto al clásico film “La Pasión de Juana De Arco” de Carl Theodor Dyer, pero es apenas un punto de arte e historia. La fotografía es tal como corresponde a la Inglaterra Tudor del siglo XVI con las correspondientes diferencias visuales entre la campiña inglesa llena y saturada de colores cálidos y Sol, y Londres en una paleta grisácea y fría, con la salvedad de los momentos en palacio plagado de claroscuros a lo Rembrandt. Así mismo, la edición es un complemento de la dirección al asumir cortes dinámicos sin que parezca la hiperfragmentación de un video clip, sino más bien un magazine de moda y costumbres. Lo musical es más que nada un factor para reforzar los momentos claves de la historia, no hay aportes sustanciales salvo para conectar al espectador con lo que el director considera de valor en el film.

Lejos de presenciar un duelo de actrices entre Natalie Portman y Scarlett Johansson, lo que se observa es un acto de complementación de talentos histriónicos, aun cuando las mejores partes las tiene Natalie por encima de Scarlett quién en esta oportunidad se nota más sumisa y algo apagada, más por un desarrollo en el guión del personaje que por un descenso en las dotes actorales; al aparecer Portman en pantalla todo gravita alrededor de ella, y esto hace que se luzca durante todo el film. Algo agradable se encuentra en la actuación de Eric Bana como Enrique VIII, y es el hecho de que se aleja del estereotipo tradicional que la historia ha hecho del mismo: grosero, de malos modales, rústico, libertino y violador de mujeres y de leyes, para aportar a su papel una dosis de humanidad y de reposo ante el arquetipo que raya en la caricatura; sólo en breves instantes se porta como la recreación del recuerdo colectivo, pero aun en esos pasajes hace una sobria actuación. Kristin Scott Thomas hace de su correcto y bien llevado personaje de Lady Elizabeth Bolena una piedra de sensatez ante una corte corrupta y plagada de aduladores, cortesanas y demás plagas. Jim Sturgess en su papel de George Bolena, hermano de Ana y Mary, representa a un ser con gustos sencillos y un amor por su familia que ante los ojos de los demás puede parecer blandengue y falto de ambición. Mark Rylance elabora su personaje de Sir George Bolena como un ser común que al ser parte de un hecho histórico y bajo convencimiento de su hermano Thomas, se presta para las bajezas que sean necesarias con tal de ganar los favores del rey. David Morrisey recrea su personaje de Thomas Howard, Duque de Norfolk, consejero del rey y tío de las hermanas Bolena, con los vicios antes mencionados, pero con una dosis de maquiavelismo propio de los seres ambiciosos y sin escrúpulos. Y Ana Torrent en su papel de Catalina de Aragón que, aun cuando es de breve duración en pantalla, es determinante para lo que se sucedió en la historia y para lo que se narra en panatalla, algo que las buenas actrices como ella saben hacer.

Si la música en “The Other Boleyn Girl” hubiese sido más actual a la manera de “Marie Antoinette” de Sofía Coppola, este film hubiese parecido otro episodio de “The Hills”, sólo que con crinolinas, minués y decapitaciones. Como film está bien hecho, siendo un buen pretexto para disfrutar de buenas actuaciones, pero nada más. Y pueden estar tranquilos al ver el film al saber que no tendrán el mismo destino –literal– de Ana Bolena. Tres Estrellas Y ½ de un máximo de Cinco.

*El mismo relato histórico en otra versión, lo pueden leer en Rural Tex™

Columbia Pictures y Focus Features presentan en asociación con BBC Films y Relativity Media. Una producción Ruby Films/Scott Rudin. Un film de Justin Chadwick. “The Other Boleyn Girl.” Dirigida por Justin Chadwick. Escrita por Peter Morgan. Basada en la novela homónima escrita por Philippa Gregory. Dirección de fotografía por Kieran McGuigan. Música original por Paul Cantelon. Editada por Paul Knight y Carol Littleton, A.C.E. Diseño de vestuario por Sandy Powell. Diseño de producción por John-Paul Kelly. Co-producida por Mark Cooper. Producción ejecutiva por Scott Rudin y David M. Thompson. Producida por Alison Owen. Protagonistas: Natalie Portman (Ana Bolena), Scarlett Johansson (Mary Bolena), Eric Bana (Enrique VIII Tudor), Kristin Scott Thomas (Lady Elizabeth Bolena), Mark Rylance (Sir Thomas Bolena), Jim Sturgess (George Bolena), con David Morrisey (Thomas Howard, Duque de Norfolk) y Ana Torrent (Catalina de Aragón). 2008. Duración: 115 minutos.

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L’ Amour Avec Paris



Si de algo puede jactarse una ciudad del mundo que otras no pueden –Nueva York inclusive– es en cuanto a ser el sitio donde el arte, la forma de vivir, los paisajes, los edificios, los parques, la comida, la bebida, la moda, la historia, todo lo anterior y más confluyen en un espacio físico sin igual. Lógicamente estamos hablando de París, y de uno de los planes cinematográficos más recientes e interesantes sobre la ciudad como un elemento vivo e integrador, “Paris Je T’Aime.”

Inspirado en el proyecto fílmico coral que se elaboró para la televisión sobre Nueva York como un acto de inspiración para con la ciudad luego del 11 de septiembre de 2001, 22 directores se unieron bajo un mismo paraguas para desarrollar 18 cortometrajes que tienen como ente unificador a la ciudad de París, sin otro enlace aparente e influenciado por el gran maestro de las películas corales: Robert Altman. Aquí se enfocan diferentes tramas, las cuales son: un hombre solitario en búsqueda del amor, la amistad entre diferentes culturas, el filtreo homosexual, las diferencias cómicas de un americano en París, la dura realidad del inmigrante, la sátira oriental cruzada con musical, el redescubrimiento del amor en una situación límite, el duelo ante la muerte y la superación del mismo, la comedia de mimos a lo Marcel Marceau, la vejez y la niñez juntas, lo sórdido del consumo de drogas, la inseguridad con un desenlace triste, el amor en la tercera edad, vampirismo en clave de novela gráfica, cementerios famosos entre parejas y fantasmas, amor en tiempo de discapacitados, la nostalgia del pasado ante la separación y lo que uno ama de París. De todo lo anterior hay un elemento común a todas las historias: la ciudad.



Y precisamente este es el elemento atractivo del film, las diferentes perspectivas de las mismas que la siguiente lista de directores han desarrollado, cada quien en su estilo y tomando como subtítulos los distritos de París o arrondissements: Bruno Podalydès, Paul Mayeda Berges, Gurinder Chadha, Gus Van Sant, Joel e Ethan Coen, Walter Salles, Daniela Thomas, Christopher Doyle, Isabel Coixet, Nobuhiro Suwa, Sylvain Chomet, Alfonso Cuarón, Olivier Assayas, Oliver Schmitz, Richard LaGravenese, Vincenzo Natali, Wes Craven, Tom Tykwer, Gérard Depardieu, Frédéric Auburtin y Alexander Payne. En algunos casos unos superan tanto en calidad directoral y argumental a otros, en donde se siente más la sensación de ver un catálogo turístico o una novela gráfica de Frank Miller (no está mal, pero se siente como copia) que un cortometraje; son de destacar los cortos realizados por Paul Mayeda Berges, Gurinder Chadha, Gus Van Sant, Joel e Ethan Coen, Walter Salles, Daniela Thomas, Isabel Coixet, Nobuhiro Suwa, Sylvain Chomet, Alfonso Cuarón, Wes Craven, Olivier Assayas, Oliver Schmitz, Richard LaGravenese y Tom Tykwer. Esto, debido a que las historias son más complejas en unos, o son portentos visuales en otros, inclusive hay homenajes velados a Kurosawa y Fellini. El trabajo de edición aquí vendría a ser de concatenación e individual para cada relato, más no de continuidad; se alteran las historias y no se vería modificación alguna, al igual que la música que en muchos de los episodios está ausente.

De igual modo, las actuaciones se destacan en su esfera de la historia que se represente; al igual que en los directores, los actores más destacados son: Cyril Descours, Leïla Bekhti, Gaspard Ulliel, Marianne Faithfull, Elias McConnell, Steve Buscemi, Axel Kiener, Julie Bataille, Catalina Sandino Moreno, Sergio Castellitto, Miranda Richardson, Juliette Binoche, Willem Dafoe, Paul Putner, Yolande Moreau, Nick Nolte, Ludivine Sagnier, Maggie Gyllenhaal, Lionel Dray, Seydou Boro, Bob Hoskins, Fanny Ardant, Emily Mortimer, Rufus Sewell, el propio Alexander Payne frente a las cámaras, Natalie Portman, Gena Rowlands y Ben Gazzara; en el caso de estos dos últimos y si bien sus actuaciones son muy buenas, la historia es más bien convencional así como la dirección.



Si se ve como un todo, “Paris Je T’Aime” se entiende como una postal animada de la ciudad o una proyección de diapositivas (o de PowerPoint según el caso) en que las transparencias son diversas, pero juntas forman un todo cohesionado. Este es un proyecto inicial, porque además está por estrenarse en este año otro similar, pero en la ciudad de Nueva York con el nombre de “New York, I Love You” ambientado en los cinco distritos de la ciudad, y otro a futuro para Shangai de nombre “Shanghai, Wo Ai Ni.” Y la experiencia del primer film se puede disfrutar con un buen Chablis, rebanadas de queso Brie y Emmental cubriendo baguettes; así cualquiera ama a París. Cuatro Estrellas de un máximo de Cinco.

Celsius Entertainment, Victoires International y Pirol Stiftung presentan en asociación con Canal + y X-Filme Creative Pool. Una producción de Claudie Ossard y Emmanuel Benhiby. “Paris Je T’Aime.” Dirección de transición de secuencias por Emmanuel Benhiby y Frédéric Auburtin. Idea original por Tristan Carne. Concepto fílmico por Emmanuel Benhiby. Música original por Pierre Adenot. Licencia internacional por Thierry Wase-Bailey. Co-producida por Stefan Piëch, Matthias Batthyány y Burkhard von Schenk. Producción asociada por Henri Jacob en conjunto con Arrival Cinema, Sam Englebardt, Ara Katz, Chad Troutwine y Frank Moss. Producción ejecutiva por Chris Bolzli y Gilles Caussade. Producida por Emmanuel Benhiby y Claudie Ossard. Historias: "Montmartre (XVIIIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Bruno Podalydès. Protagonistas: Bruno Podalydès (Hombre) y Florence Muller (Mujer). "Quais de Seine (Ve arrondissement)". Dirigida por Gurinder Chadha. Escrita por Paul Mayeda Berges. Protagonistas: Cyril Descours (Joven) y Leïla Bekhti (Joven musulmana). "Le Marais (IVe arrondissement)". Escrita y dirigida por Gus Van Sant. Protagonistas: Gaspard Ulliel (Cliente 1), Elias McConnell (Litografista) y Marianne Faithfull (Cliente 2). "Tuileries (Ier arrondissement)". Escrita y dirigida por Joel e Ethan Coen. Protagonistas: Steve Buscemi (Turista americano), Axel Kiener (Hombre) y Julie Bataille (Mujer). "Loin du 16e (XVIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Walter Salles y Daniela Thomas. Protagonista: Catalina Sandino Moreno (Inmigrante). "Porte de Choisy (XIIIe arrondissement)".Dirigida por Christopher Doyle. Escrita por Christopher Doyle, Gabrielle Keng y Kathy Li. Protagonistas: Barbet Schroeder (Vendedor de cosméticos) y Li Xin (Peluquera). "Bastille (XIIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Isabel Coixet. Protagonistas: Sergio Castellitto (Hombre), Miranda Richardson (Esposa) y Leonor Watling (Amante). "Place des Victoires (IIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Nobuhiro Suwa. Protagonistas: Juliette Binoche (Madre), Martin Combes (Justin) y Willem Dafoe (Vaquero). "Tour Eiffel (VIIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Sylvain Chomet. Protagonistas: Paul Putner y Yolande Moreau (Mimos). "Parc Monceau (XVIIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Alfonso Cuarón. Protagonistas: Nick Nolte (Hombre viejo) y Ludivine Sagnier (Joven). "Quartier des Enfants Rouges (IIIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Olivier Assayas. Protagonistas: Maggie Gyllenhaal (Actriz americana) y Lionel Dray (Traficante). "Place des fêtes (XIXe arrondissement)". Escrita y dirigida por Oliver Schmitz. Protagonistas: Seydou Boro (Hombre nigeriano) y Aïssa Maïga (Paramédico). "Pigalle (IXe arrondissement)". Escrita y dirigida por Richard LaGravenese. Protagonistas: Bob Hoskins (Hombre) y Fanny Ardant (Mujer). "Quartier de la Madeleine (VIIIe arrondissement)". Escrita y dirigida por Vincenzo Natali. Protagonistas: Elijah Wood (Mochilero) y Olga Kurylenko (Vampiro). "Père-Lachaise (XXe arrondissement)". Escrita y dirigida por Wes Craven. Protagonistas: Emily Mortimer (Novia), Rufus Sewell (Novio) y Alexander Payne (Oscar Wilde). "Faubourg Saint-Denis (Xe arrondissement)". Escrita y dirigida por Tom Tykwer. Protagonistas: Natalie Portman (Actriz) y Melchior Beslon (Hombre ciego). "Quartier Latin (VIe arrondissement)". Dirigida por Gérard Depardieu y Frédéric Auburtin. Escrita por Gena Rowlands. Protagonistas: Gena Rowlands (Esposa), Ben Gazzara (Esposo) y Gérard Depardieu (Dueño de restaurante). "14e arrondissement (XIVe arrondissement)". Escrita y dirigida por Alexander Payne. Protagonista: Margo Martindale (Carol). 2006. Duración promedio de cada cortometraje: 10 minutos. Duración total: 120 minutos.

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lunes, julio 06, 2009

Amor. Dolor. Gloria en un Instante de Fama



Si en algo hay un punto de coincidencia es en la relación entre el movimiento del glam metal y la lucha libre moderna. Ambos fenómenos de masas surgieron en la década de los 80; uno ante la aparición de MTV, el otro con la de ESPN. Y en los dos las coincidencias son destacadas: sus figuras rayaban en lo caricaturesco, los luchadores usaban glam metal como música de presentación, los rockeros y los combatientes estaban rodeados de excesos y tentaciones de toda clase; y los dos bandos sufrieron una baja en la década de los 90 cuando el público buscó nuevas formas de entretenimiento menos exageradas que el rock con laca de pelo y los luchadores pintorescos. Más todavía existen muchos de parte y parte que buscan un segundo aire y una nueva luz del reflector; visión esta desde la piel de un luchador la base de lo más nuevo del director Darren Aronofsky, “The Wrestler.”

En ella encontramos a Robin “Randy” Robinson, alias “The Ram”, luchador de élite 20 años atrás quien en fecha reciente es poco menos que una sombra multicolor de lo que fue entonces, con el pase de factura de los golpes y los abusos que se ha inflingido en nombre del espectáculo, pero manteniendo la esperanza de buscar la gloria otra vez, aun si con cada pelea ésta puede resultar la última. Junto con este acto de resurrección fatalista, busca encontrar el amor a manos de una bailarina de strip-tease que también posee su bagaje de situaciones, decepciones y esperanzas; y además reconectarse con su hija quien no lo reconoce como tal, ni siquiera como persona a raíz del abandono que sufrió en la época de fama de su padre. Siempre con el fantasma del retiro definitivo, del cuadrilátero, de la vida.

Este material sirve como una suerte de reconexión con lo que Aronofsky hizo en el 2000 con la extraordinaria “Requiem For A Dream”; incluso pueden hallarse paralelos entre el protagónico de Ellen Burstyn en este film y el de Mickey Rourke; la primera en su deseo de ser famosa por 15 minutos en cualquier show de televisión, el segundo como el Ave Fénix saliendo de las cenizas, del sudor y de la sangre del cuadrilátero. Y este acercamiento es el que lanzó a este director a la fama, sufriendo un desliz en la correcta, pero enrevesada “The Fountain.” La única diferencia entre ambos filmes estriba en que en el primero buscaba reflejar el estado mental de los personajes mediante el uso de una cámara que enfocaba en primer plano los rostros de los protagonistas y distorsionando el fondo, mientras que en “The Wrestler” el acercamiento del director apunta hacia un naturalismo con una cámara que se ubica detrás de los actores que raya casi en lo documental sin llegar a los extremos de los reality shows de factura reciente, algo que se agradece dado el talante de la historia que narra y que Aronofsky consigue transmitir con frescura y maestría al mismo tiempo.



Por supuesto que este trabajo tan cercano para con el espectador es responsabilidad directa del guión firmado por Robert Siegel, quien crea un pathos entre los breves instantes de celebridad que todo luchador posee con el componente personal que existe cuando se apagan las luces, se quitan las mallas multicolores y se revisan las cortaduras. El libro hace que por encima de lo caricaturesco y lo patético que pueda ser la existencia de este luchador, hay un ser humano con virtudes y defectos; lejos de alejarlo lo que hace es hacerlo cercano y honesto para con el espectador. La fotografía complementa al enfoque directoral retratando en colores naturales propios de la temporada de invierno el entorno de cualquier ciudad obrera de la Costa Este norteamericana, desde lo que las calles principales contienen hasta los suburbios en que el white trash simboliza lo fallido que es el sueño americano para muchos. La edición es redonda sin sobresaltos, excepto en ciertos cortes que sirven para dinamizar secuencias y acciones. Lo musical es todo un catálogo de los excesos ochentosos que trajo el glam metal, desde Quiet Riot y Cinderella hasta Firehouse y Guns ´N Roses, sin embargo dos cosas destacan de la banda sonora: la música incidental cortesía de Slash en la guitarra y el tema principal interpretado por Bruce Springsteen.

Las actuaciones son el nervio principal de este film, empezando por una Marisa Tomei que está a años luz de lo que hizo en la comedia “My Cousin Vinny.” Su Cassidy es un ejemplo de franqueza, de lucha, de aguante ante una sociedad que la cataloga como un objeto de deseo intocable, pero que aspira a un mínimo de contacto físico y, por extensión, de espíritu. Evan Rachel Wood representa con soltura y crudeza a todos aquellos hijos de padres famosos que han sufrido el abandono, las ausencias, y que la necesidad de amar se transforma en resentimiento y odio, un poco como Electra pero a la inversa. Y todos los actores que representan luchadores son un fotograma de lo característico que rodea al mundo de la lucha libre; esto, porque lo más destacado del film viene a renglón seguido.

En la historia de los Premios Oscar™ ha habido casos históricos de premios que han sido robados, literalmente de las manos de los ganadores factibles; este es el caso de Mickey Rourke quien fue derrotado por otro monstruo actoral llamado Sean Penn en la biografía “Milk” de Gus Van Sant en la edición de este año, si bien el propio ganador reconoció públicamente que el premio se lo merecía Rourke. Y no es invento. Desde sus papeles en “The Pope Of Greenwich Village” y en “Rumble Fish”, no habíamos visto tal honestidad por parte de Mickey Rourke, con la excepción de “Frank Miller’s Sin City” en que representó un personaje más de novela gráfica con las convenciones del mismo, que la brutal naturalidad que le imprime a su Robin “Randy” “The Ram” Robinson. Y lógicamente es inevitable establecer las comparaciones entre el personaje y su propia vida que, al igual que el papel que representa, está lleno de un equipaje de escándalos, de decisiones fallidas, de excesos y abusos, que resulta obvio deducir que para lograr esta maravilla de personaje ha debido padecer y sufrir para construir este portento actoral. Con toda propiedad podemos decir que esta es una de las mejores actuaciones de la década y un bastón para medir a futuro a aquellos que quieran imprimir honestidad a ciertos papeles.

“The Wrestler” termina siendo un acto de nostalgia por la fama perdida, la esperanza en un regreso con gloria y la posibilidad de encontrar en un personaje y en medio del falso brillo un sentido de humanidad, tanto en el rol que representa como en la carrera de Mickey Rourke. Nunca antes ha sido más cierta la conseja de que para obtener la gloria hace falta mucho sufrimiento. Cinco Estrellas de un máximo de Cinco.

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Spaceman Spiff

*Otra reseña igual de honesta la pueden leer en Rural Tex™

Fox Searchlight Pictures presenta en asociación con Wild Bunch. Una producción Protozoo Pictures. Un film de Darren Aronofsky. “The Wrestler.” Dirigida por Darren Aronosfsky. Escrita por Robert Siegel. Dirección de fotografía por Maryse Alberti. Música por Clint Mansell. Supervisión musical por Jim Black y Gabe Hilfer. Solos de guitarra por Slash. “The Wrestler” compuesta e interpretada por Bruce Springsteen. Editaad por Andrew Weisblum. Reparto por Suzanne Crowley y Mary Vernieu. Diseño de vestuario por Amy Westcott. Diseño de producción por Tim Grimes. Co-producida por Mark Herman. Producción ejecutiva por Vincent Maraval, Agnes Mentre y Jennifer Roth. Producida por Darren Aronofsky y Scott Franklin. Protagonistas: Mickey Rourke (Robin “Randy” “The Ram” Robinson), Marisa Tomei (Pam “Cassidy”), Evan Rachel Wood (Stephanie), Mark Margolis (Lenny), Wass Stevens (Nick Volpe),Judah Friedlander (Scott Brumberg) y Ernest Miller (The Ayatollah). 2008. Duración: 111 minutos.

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