Los Rayos No Caen Dos Veces En El Mismo Sitio
Esta sabia conseja de toda la vida también es aplicable al mundo del cine.
Si en una ocasión un producto artístico tuvo validez por su propia condición, por hacerse un nombre y por generar fama, ¿cuál es el empeño en revivirlo para que el mismo se degenere y produzca lástima en vez de un nuevo aire? Este es el quid referente a las secuelas disfrazadas de versiones. Tomemos una clásica y una que se avecina y analicemos.
En 1968 Mel Brooks crea “The Producers”, una comedia acerca de dos empresarios judíos que inventan un musical sobre la figura de Adolf Hitler con el fin de ir a la quiebra y cobrar el seguro por pérdidas sin imaginar que el mismo se convierte en un éxito absoluto. Brooks elabora el guión que sería transformado en una película protagonizada por Gene Wilder y Zero Mostel. Aun cuando no tuvo buenas reseñas al estrenarse, con el paso del tiempo se convertiría en un film importante.
Para el año 2000, empresarios de Broadway se acercan a Mel Brooks con el fin de que adapte “The Producers” como un musical tradicional. En su versión teatral es protagonizada por Matthew Broderick y Nathan Lane y el mismo se convierte en un bombazo taquillero; incluso este ayuda al levantamiento del turismo en Nueva York luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001. En 2004, Paramount Pictures, quien tenía los derechos del film de 1968, compra los mismos de la versión musical para llevarlos a la pantalla con los mismos protagonistas, además de Uma Thurman y Will Ferrell como reparto. Esta vez el resultado se tradujo en un estrepitoso fracaso, con lo que se corrobora que un rayo no cae dos veces sobre el mismo sitio; en esta ocasión fueron tres las veces y la tercera carbonizó todo a su paso.
Este año se avecina otra versión de otro film, de nuevo en formato musical.
Al estrenarse en 1987 en el Festival de Cine de San Sebastián, “Hairspray” del director John Waters se convirtió –con todo y lo mala que es, algo característico en su filmografía- en un film de culto kitsch por lo extravagante, lo exagerado, y de tan malo que a la larga es bueno. La trama versa sobre bailes en programas de televisión, rock ´n roll, twist y racismo en el Baltimore de principios de la década de los 60. El reparto tan demencial como la película en sí incluía entre muchos a Debbie Harry (vocalista de la banda Blondie), Sonny Bono, Ricki Lake, Pia Zadora, Rick Ocasek, y el actor fetiche de las películas de Waters: el travesti Divine, un gordo de más de 100 kilos que usaba ropas de mujer.
En 1998 de nuevo empresarios de Broadway compran a John Waters los derechos para llevar “Hairspray” a los escenarios de Broadway. Waters acepta, y el musical es estrenado ese mismo año con buena taquilla, más sin los actores del film original. Para el verano de 2007 Hollywood amenaza con llevar de nuevo a la pantalla “Hairspray”, pero no una nueva versión del film del 87, sino la versión del musical de Broadway. Y no conformes con ello, John Travolta ha accedido a hacer el papel de Edna, que hizo suyo Divine en la película original; es decir, Travolta en medias panty. Si el film de Waters no era bueno en sí, ¿acaso esta versión en clave musical lo va a lograr? Otra vez el rayo no cae dos veces en el mismo sitio.
De por sí es sabido que las secuelas y los remakes son el equivalente a la peste bubónica en esta época en el campo de entretenimiento. ¿Cuál puede ser el problema? ¿Falta de imaginación? ¿Agotamiento de ideas? ¿Inocencia al creer que se puede tener éxito con una fórmula usada en un medio al ser trasladada a otro? ¿O simple flojera mental y creativa? Lo verdaderamente alarmante es que este síntoma pareciera no morir en los meses y años por venir, con lo que habrá que hacerse a la idea de que va a durar un largo rato, significando una merma considerable en términos de calidad artística e integridad intelectual. Señores, aprendan: los rayos no caen dos veces en el mismo sitio.
Si en una ocasión un producto artístico tuvo validez por su propia condición, por hacerse un nombre y por generar fama, ¿cuál es el empeño en revivirlo para que el mismo se degenere y produzca lástima en vez de un nuevo aire? Este es el quid referente a las secuelas disfrazadas de versiones. Tomemos una clásica y una que se avecina y analicemos.
En 1968 Mel Brooks crea “The Producers”, una comedia acerca de dos empresarios judíos que inventan un musical sobre la figura de Adolf Hitler con el fin de ir a la quiebra y cobrar el seguro por pérdidas sin imaginar que el mismo se convierte en un éxito absoluto. Brooks elabora el guión que sería transformado en una película protagonizada por Gene Wilder y Zero Mostel. Aun cuando no tuvo buenas reseñas al estrenarse, con el paso del tiempo se convertiría en un film importante.
Para el año 2000, empresarios de Broadway se acercan a Mel Brooks con el fin de que adapte “The Producers” como un musical tradicional. En su versión teatral es protagonizada por Matthew Broderick y Nathan Lane y el mismo se convierte en un bombazo taquillero; incluso este ayuda al levantamiento del turismo en Nueva York luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001. En 2004, Paramount Pictures, quien tenía los derechos del film de 1968, compra los mismos de la versión musical para llevarlos a la pantalla con los mismos protagonistas, además de Uma Thurman y Will Ferrell como reparto. Esta vez el resultado se tradujo en un estrepitoso fracaso, con lo que se corrobora que un rayo no cae dos veces sobre el mismo sitio; en esta ocasión fueron tres las veces y la tercera carbonizó todo a su paso.
Este año se avecina otra versión de otro film, de nuevo en formato musical.
Al estrenarse en 1987 en el Festival de Cine de San Sebastián, “Hairspray” del director John Waters se convirtió –con todo y lo mala que es, algo característico en su filmografía- en un film de culto kitsch por lo extravagante, lo exagerado, y de tan malo que a la larga es bueno. La trama versa sobre bailes en programas de televisión, rock ´n roll, twist y racismo en el Baltimore de principios de la década de los 60. El reparto tan demencial como la película en sí incluía entre muchos a Debbie Harry (vocalista de la banda Blondie), Sonny Bono, Ricki Lake, Pia Zadora, Rick Ocasek, y el actor fetiche de las películas de Waters: el travesti Divine, un gordo de más de 100 kilos que usaba ropas de mujer.
En 1998 de nuevo empresarios de Broadway compran a John Waters los derechos para llevar “Hairspray” a los escenarios de Broadway. Waters acepta, y el musical es estrenado ese mismo año con buena taquilla, más sin los actores del film original. Para el verano de 2007 Hollywood amenaza con llevar de nuevo a la pantalla “Hairspray”, pero no una nueva versión del film del 87, sino la versión del musical de Broadway. Y no conformes con ello, John Travolta ha accedido a hacer el papel de Edna, que hizo suyo Divine en la película original; es decir, Travolta en medias panty. Si el film de Waters no era bueno en sí, ¿acaso esta versión en clave musical lo va a lograr? Otra vez el rayo no cae dos veces en el mismo sitio.
De por sí es sabido que las secuelas y los remakes son el equivalente a la peste bubónica en esta época en el campo de entretenimiento. ¿Cuál puede ser el problema? ¿Falta de imaginación? ¿Agotamiento de ideas? ¿Inocencia al creer que se puede tener éxito con una fórmula usada en un medio al ser trasladada a otro? ¿O simple flojera mental y creativa? Lo verdaderamente alarmante es que este síntoma pareciera no morir en los meses y años por venir, con lo que habrá que hacerse a la idea de que va a durar un largo rato, significando una merma considerable en términos de calidad artística e integridad intelectual. Señores, aprendan: los rayos no caen dos veces en el mismo sitio.
Etiquetas: Crítica



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