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jueves, febrero 28, 2008

Anton Chigurh Es El Diablo



En más de una ocasión hemos mencionado que el género cinematográfico por excelencia es el western desde el origen de la industria hollywoodense, y que por adaptación al mundo contemporáneo, los road movies de estos tiempos se equiparan a las campañas para la conquista del Oeste en el pasado. Sólo en el lapso de un año hemos sido testigos de un western de nuevo cuño en “The Assassination Of Jesse James By The Coward Robert Ford” que, por un acto de miopía por parte de los distribuidores cinematográficos, sacaron de cartelera antes del tiempo promedio de exhibición de un film; le debemos la reseña. Y en el campo del road movie en la figura de “Little Miss Sunshine”; a nuestro criterio, una de las mejores películas de esta década. Si todo lo anterior se mezcla con el suspenso y el estilo de los filmes sobre asesinos psicópatas, el resultado es la nueva película de Joel e Ethan Coen, un peliculón por mérito propio: “No Country For Old Men.”

Tomando como referencia la novela homónima del maestro Cormac McCarthy la cual adaptan a la precisión, Ethan y Joel siguen el rastro mortífero y sanguinolento con aroma putrefacto que genera una operación fallida de un tráfico de drogas con saldo fatal de parte y parte, un extraño que se hace del botín no reclamado creyendo que se sacó la lotería, un policía en antesala al retiro por la edad y por lo macabro que todo se está volviendo en la sociedad y un asesino que resulta de mezclar un vampiro –por el aspecto físico tan siniestro¬– con Ted Bundy y Ed Gein, amén de poseer, en palabras de Javier Bardem, el corte de cabello más malo de todos los tiempos: un corte totuma retro Chusmita del programa “Contesta Por Tío Simón.”

Todo el tono extremo, gráfico y corrosivo que el libro de McCarthy posee, ha sido traducido en imágenes soberbias por parte de los Coen, dando una preponderancia significativa al paisaje; protagonista adicional de sus filmes, en cualquier momento del día. En esta ocasión son las tierras agrestes de Texas en los tiempos nocturnos donde las luces mortecinas de los bombillos rompen con la oscuridad del entorno, en los pasajes diurnos en los que el Sol calcina el aire y corrompe la carne muerta. Aun cuando la trama se desarrolla en su mayor parte en los grandes espacios de tierra y la pantalla del cine es lo suficientemente ancha, logran generar claustrofobia por lo pesado y contundente del texto.

Y lo curioso es que este film de los Coen se haya hecho de los premios máximos de las diferentes asociaciones de críticos en Norteamérica, hasta rematar con el Oscar™ por guión adaptado, dirección y película del año. Esto hace unos años hubiese sido impensable, dado que ellos han sido una suerte de profetas sin suerte en su tierra, pero que los críticos y las audiencias europeas han alabado; la única excepción a la regla fue en 1986 con su film más comercial de todos en ambas costas: “Raising Arizona.” Desde que impactaron al arte cinematográfico en 1984 con su ópera prima “Blood Simple” y otra joya llamada “Miller's Crossing”, siguiendo en 1991 con la ganadora de la Palma de Oro™ del Festival de Cannes “Barton Fink”, pasando por la primera vez que las asociaciones reconocieron sus talentos en la obra maestra de 1996 “Fargo”, y atravesando el fin del siglo pasado y el comienzo de este con dos filmes de tono variado: “The Big Lebowski” y “The Man Who Wasn't There”, siempre los filmes de los hermanos Coen han sido alabados y elevados a la categoría de culto en Europa, pero no en Norteamérica. Hasta ahora que por fin se rindieron ante lo obvio.



Además de lo antes mencionado sobre las glorias afuera del terruño, el estilo directoral de los Coen siempre ha sido directo, cáustico y contundente, aun en piezas de estética elaborada. Ni hablar de que en esta oportunidad la dirección no sólo continúa esta línea estilística, sino que se hace soberbia y suprema en grado superlativo, manteniendo un ritmo lento y pausado, enfatizando los pasajes violentos en el punto justo y creando atmósferas de suspenso que sorprenden por lo magistrales; por momentos pareciera que ellos están desarrollando su estética y rindiendo homenaje a Alfred Hitchcock. Como se citó, hay pasajes sin diálogo y sin música incidental que puedan modificar el estado de ánimo del espectador, en clara declaración de principios de que la imagen por sí sola basta para producir reacciones en la audiencia, algo que también hizo recientemente Paul Thomas Anderson en su obra maestra “There Will Be Blood.” Es decir, no esperen a que se les explique todo con palabras, con lo que vean y si prestan atención y apagan su celular, entenderán todo. Advertencia: no esperen una resolución convencional; si quieren eso vean una telenovela de Delia Fiallo.

Lo anterior viene reforzado por una fotografía descomunal que capta de manera precisa y concreta el tono amarillento que produce el Sol en la atmósfera de Texas; incluso a plena luz, la sensación de estar en una pesadilla se siente en la audiencia. La edición pasa a ser una mera secuencia de fotogramas a la manera de ver un documento en Power Point; es decir, cada toma y la que les sigue mantiene una linealidad en un intento para no opacar ni a la fotografía, ni al guión. Como ya se mencionó, la música incidental del viejo colaborador Carter Burwell raya en lo inexistente. Lo único que rompe con el silencio son los ruidos de fondo que se cuelan en el film.

El hastío, el cansancio y la desesperanza se hacen en la figura del personaje de Tommy Lee Jones un fardo pesado de cargar, tanto por los años que pesan como por lo degradante que se ha vuelto la sociedad. Josh Brolin hace de su Llewelyn Moss un ser inerte al principio para llevarlo a ser un calculador recompensado por la mala fortuna de otros. Kelly MacDonald trabaja su personaje de esposa de Moss con sutileza y detalle al reflejar a alguien inocente y ajeno a todo el barullo del entorno. El personaje de Woody Harrelson pasa de un hombre cool a sentir miedo ante lo inevitable de la muerte. Pero hemos estado mencionando la arena de los papeles relevantes de la película. El huracán viene a continuación.

No sabemos si en un acto de recompensa le otorgaron este año el Oscar™ al mejor actor secundario a Javier Bardem por haber pasado de largo 3 años atrás el rol más importante de su carrera: su representación de Ramón Sampedro en la obra maestra de Alejandro Amenábar “Mar Adentro”; quizás no lo nominaron para no ver sangre correr en la competencia por el mejor actor contra Jamie Foxx por el protagónico de Ray Charles en “Ray”, que este último ganó. No importa que no lo hayan hecho entonces, porque su Anton Chigurh es lo más cercano al diablo que puebla la Tierra. En el caso de él no tiene sangre fría, ni hielo, sino metano a -273 °K. Este Anton hace parecer a Osama Bin Laden una monja de claustro, por lo sanguinario, peligroso y tan mortal como la mordedura de una mamba. Él hace que la muerte parezca igual a jugar rayuela; si ha existido el mal desde siempre, ahora ÉL es el mal. Y ni hablar que si en sus papeles previos era uno de los mejores actores de estos tiempos, su Anton Chigurh eleva –al menos de nuestra parte– a Javier Bardem a la categoría de culto.



No Country For Old Men” viene en última instancia a representar el mal y el sino fatal que lo acompaña. Lo insignificante del hombre ante la presencia de la muerte, no importa la forma que adopte. Y otra obra capital más del canon de los hermanos Coen y de Javier Bardem. Si Anton Chigurh se les atraviesa en el camino, acepten su destino porque no hay vuelta atrás. ES UN CLÁSICO. NO TIENE CLASIFICACIÓN.

*Para una reseña igual de importante, visiten Rural Tex™.

Miramax Films y Paramount Vantage presentan. Una producción Scott Rudin/Mike Zoss. Un film de los hemanos Coen. “No Country For Old Men.” Escrita y dirigida por Joel Coen e Ethan Coen. Basada en el libro homónimo “No Country For Old Men”, escrito por Cormac McCarthy. Dirección de fotografía por Roger Deakins, A.S.C., B.S.C. Música por Carter Burwell. Editada por Roderick Jaynes (alias para Joel Coen e Ethan Coen). Reparto por Ellen Chenoweth. Diseño de vestuario por Mary Zophres. Diseño de producción por Jess Gonchor. Producción ejecutiva por Robert Graf y Mark Roybal. Producida por Scott Rudin, Ethan Coen y Joel Coen. Protagonistas: Tommy Lee Jones (Sheriff Ed Tom Bell), Josh Brolin (Llewelyn Moss), Javier Bardem (Anton Chigurh), Kelly MacDonald (Carla Jean Moss) y Woody Harrelson (Carson Wells). 2007. Duración: 122 minutos.

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