<body><script type="text/javascript"> function setAttributeOnload(object, attribute, val) { if(window.addEventListener) { window.addEventListener('load', function(){ object[attribute] = val; }, false); } else { window.attachEvent('onload', function(){ object[attribute] = val; }); } } </script> <div id="navbar-iframe-container"></div> <script type="text/javascript" src="https://apis.google.com/js/platform.js"></script> <script type="text/javascript"> gapi.load("gapi.iframes:gapi.iframes.style.bubble", function() { if (gapi.iframes && gapi.iframes.getContext) { gapi.iframes.getContext().openChild({ url: 'https://www.blogger.com/navbar/28541471?origin\x3dhttp://spiff-o-rama.blogspot.com', where: document.getElementById("navbar-iframe-container"), id: "navbar-iframe" }); } }); </script>

miércoles, febrero 20, 2008

Aquí Habrá Sangre



En la historia de la literatura y del desarrollo de las artes, uno de los temas de más uso en cuanto a la intención de relatar la vida de un personaje es mediante el auge y la caída del mismo; el alcanzar la gloria para ir hacia los abismos del olvido y de la soledad. Para muestra, la película más importante de la historia del cine es una parábola sobre el genio, el alza y la baja de un magnate de la prensa en la figura de Charles Foster Kane: “Citizen Kane” de Orson Welles. Y prácticamente este tipo de relato simboliza lo máximo que puede llegarse a vivir el sueño americano, así como el perderlo. Esto es lo que logra de manera épica Paul Thomas Anderson en su film mejor acabado hasta la fecha: la recién estrenada “There Will Be Blood.”

A partir de una adaptación libre de la novela de 1927 “Oil! ” de Upton Sinclair (base principal del film) y entremezclado con otro célebre libro de 1899 sobre la ambición: “McTeague” de Frank Norris y su posterior adaptación al cine de la mano de Eric von Stroheim, “Greed”; Anderson construye su historia empezando desde 1898 y terminando en 1927 alrededor de la figura de Daniel Plainview; hombre sin pasado conocido y sin relaciones interpersonales –el universo femenino es inexistente en este film– a quien encontramos en primer lugar como cualquier gambusino atraído por una moribunda fiebre del oro para luego ser llevado a otra clase de fiebre, una del siglo que estaba por empezar: la del petróleo. En el proceso se presencia la ida de Plainview hacia la soleada y agreste California cual sabueso en búsqueda del maná negro, junto con su hijo putativo como su sucesor, para crear una comunidad alrededor de las torres de perforación y derrochando caudales de simpatía disfrazada de ambición y codicia, mismas que se encuentran con otra clase de ambición: la del fanatismo religioso que puede ser tan capital como el pecado de la avaricia en la figura del predicador Eli Sunday. Es más que obvio que ambos personajes estaban en camino de chocar, cada uno con el encanto de una serpiente listo para devorar a su presa en la presencia del pueblo llano.

Ambos experimentarán una revelación: Sunday como un proto evangelista que emplea el teatro, la exaltación y la religión para conseguir la atención de las masas, y Plainview como un magnate estoico, severo y directo que alcanza el éxito por los medios que sean convenientes; no en balde menciona a un grupo de pueblerinos que es un hombre de familia, ello como una máscara que él se coloca a conveniencia. Y en cada universo personal existirán, entrarán y saldrán personajes cual postes en una carretera, si bien el nervio dramático principal es el que se desarrolla entre Plainview y su hijo H. W., así como la relación tirante entre Daniel y Eli.

Este trabajo de Anderson demuestra un nivel de madurez como pocos, a partir de su primer largometraje “Sydney”, conocido también como “Hard Eight”; más las glorias las empezaría a disfrutar en su segundo trabajo: la aclamada “Boggie Nights”, uno de los mejores homenajes al cine porno de la década de los 70. “Magnolia” de 1999 demostró la influencia capital de Robert Altman en su filmografía en cuanto a reunir un reparto múltiple en un mismo proyecto y a la vez crear historias paralelas que conforman una principal, junto con proyectar por medio de la misma la mejor actuación de Tom Cruise en años; proceso que fue similar en el 2002 al estrenarse “Punch-Drunk Love” en donde hizo que un pelele como Adam Sandler transmitiera emociones y actuara por primera vez. Y en cuanto a la influencia de Altman, vale decir que Anderson fue el segundo director en la que fue la última película del genio detrás de “M*A*S*H” y “Nashville”: “A Prairie Home Companion.” En el caso que nos ocupa, he aquí otra prueba de un realizador graduándose como director de cine. La dirección en “There Will Be Blood” acerca a Paul Thomas a las ligas de un Stanley Kubrick, del ya mencionado von Stroheim, de un Roman Polanski dirigiendo “Chinatown”, dentro de un abanico de realizadores que influencian esta obra, junto con el estilo ya conocido de Anderson en el que las tomas son precisas y exactas, y en donde los tiempos son puntuales (donde debe haber tensión dramática la misma equivale a estirar las cuerdas de un violín; en los pasajes reposados la serenidad es el tono).



Además de correr con el peso de la dirección, Paul Thomas asume la labor de adaptar el libro de Sinclair de manera libre, con lo que mencionado antes relativo a la dirección es derivado del guión que transmite fortaleza y solidez. En el film hay momentos en que el diálogo viene a ser un estrobo ante lo poderoso de la imagen y de las acciones, por lo que en la película hay silencios largos sin llegar a la inercia de los filmes de Antonioni, sino que son compensados por los actos que lo dicen todo. La fotografía corre por cuenta de otro nuevo maestro: Robert Elswitt, quien tres años antes logró crear el ambiente de la primera era de la televisión en la obra maestra de George Clooney como director: “Good Night, And Good Luck.” En esta oportunidad Elswitt trabaja la imagen como un lienzo que lo aproxima a los trabajos épicos del director John Ford; esto también se aplica en los planos cerrados y en las escenas en interiores en las cuales se siente como si el formato de pantalla ancha fuese un aporte en vez de una disminución. Aunado a lo anterior, la edición se compagina en grado sumo con las intenciones del director, siendo precisa cuando hay que serlo sin llegar nunca a la dispersión.

Tomaremos un párrafo para mencionar una revelación: la música. En “There Will Be Blood” es una labor que es responsabilidad de Jonny Greenwood. Sí, el guitarrista principal de Radiohead hace un trabajo tan estelar, diferente y vanguardista de lo existente en la actualidad que toda la música incidental que acompaña a las imágenes se ubica al mismo nivel de Johannes Brahms, Aarvo Paart, Karlheinz Stockhausen, Luciano Berio, John Cage, Arnold Schömberg, serialismo, minimalismo, todas y cada una de las tendencias de música académica contemporánea. En búsqueda de un calificativo para los sonidos sólo cabe una palabra: extraordinario. Y para el trabajo de Greenwood: genial. Estamos seguros que en un futuro él podría ser un maestro y un genio de seguir haciendo trabajos de esta calidad.

En lo actoral, hay otra revelación: Paul Dano. De adolescente problema en esta joya llamada “Little Miss Sunshine”, ahora asume un doble papel con gallardía, pero al mismo tiempo su rango actoral es el equivalente a un terremoto, pero sin el componente fatal. Por el contrario, Dano se luce y se bate como los buenos y los duros cuando comparte pantalla con su coestrella. Kevin J. O´ Connor y Ciran Hinds corroboran su status como actores de carácter equilibrados y precisos. Y Dillon Freasier en el rol del hijo de Daniel Plainview, H. W., tiene un componente de veteranía siendo su primera actuación formal en un largometraje, que ya mucos actores con más filmes en su trayectoria desearían para sí. Aquí no hay espacio para el protagonista, sino en el siguiente párrafo.

Desde que hizo su debut como punk homosexual en “My Beautiful Launderette”, Daniel Day-Lewis empezó a llamar la atención de todos, público y crítica por igual. Al ganar el Oscar™ por su papel del pintor discapacitado Chrissie Brown en “My Left Foot” se labró un nombre por la acometida con que emprendía su trabajo actoral que lo ubicaba al mismo nivel de un joven Robert De Niro. Luego en “In The Name Of The Father” fue uno de los motores para que este film fuese uno de los más importantes de la industria británica en la década de los 90. Incluso tuvo las agallas de dejar el negocio del cine para dedicarse a ser zapatero en Italia, antes de volver para el coprotagónico en la épica de Martin Scorsese sobre las mafias irlandesas en la Nueva York del siglo XIX en “Gangs Of New York”, en un camino que debía de recorrer para llegar a éste: EL PAPEL DE SU VIDA. Si el arco iris contiene todos los colores existentes, el Daniel Plainview de Lewis contiene todas las emociones existentes y por inventarse. Cada vez que aparece en pantalla es tal cual si la tensión dramática fuese posible de ser cortada con cuchillo por lo compleja, densa y profunda, tan llena de matices, tan rica en rangos. Esto es una muestra de lo que se llama certeramente una actuación monstruo; este Daniel Plainview y Daniel Day-Lewis comparte el Olimpo de la actuación del mismo modo que Henry Fonda haciendo de Wyatt Earp, de Al Pacino en clave de Michael Corleone o de Marlon Brando como Vito Corleone. Actores como él son los que elevan el estandarte del cine y de la actuación al nivel de los grandes logros de la creación humana.



There Will Be Blood” viene a ser un monumento en todo el sentido de la palabra. Y como se mencionó antes es la muestra de que Paul Thomas Anderson es un director de cine total, del mismo modo que Daniel Day-Lewis es el mejor actor de esta era. Solo un detalle: el ritmo de la película es lento, por lo que puede costar al principio sumergirse en la misma. Pero una vez que se deja llevar por todo lo antes mencionado se está en presencia de una obra maestra del cine y uno de los filmes más importantes de la década. ES UN CLÁSICO. NO TIENE CLASIFICACIÓN.

Si desean leer una reseña extra, no dejen de visitar Rural Tex™

Miramax Films y Paramount Vantage presentan. Una producción Joanne Sellar/Ghoulardi Film Company. Un film de Paul Thomas Anderson. “There Will Be Blood.” Escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson. Basada en la novela “Oil!” escrita por Upton Sinclair. Dirección de fotografía por Robert Elswitt, A. S. C. Música original por Jonny Greenwood. Editada por Dylan Tichenor, A. C. E. Diseño de vestuario por Mark Bridges. Diseño de producción por Jack Fisk. Producción ejecutiva por Scott Rudin, Eric Schlosser y David Williams. Producida por Joanne Sellar, Paul Thomas Anderson y Daniel Lupi. Protagonistas: Daniel Day-Lewis (Daniel Plainview), Paul Dano (Paul Sunday/Eli Sunday), Kevin J. O’Connor (Henry), Ciaran Hinds (Fletcher) y Dillon Freasier (H. W.). 2007. Duración: 158 minutos.

Etiquetas:


1 Comments:

Blogger Alex dijo...

como mencioné en Rural Tex, yo quedé boquiabierto con esta película... creo que es una obra maestra del cine actual y Daniel es quizás mi actor favorito de las últimas tres décadas


miércoles, febrero 27, 2008 12:00:00 p. m.  

Publicar un comentario