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jueves, marzo 27, 2008

El Hombre que lo tiene todo, tiene todo que esconder



Algo que ya forma parte del panorama de Norteamérica a lo largo de su historia y que ha sido aprovechada por la industria del entretenimiento es el fenómeno de los asesinos en serie; ergo, personas perturbadas que matan a otras por los motivos que sean y que dejan una estela, tanto de evidencias de su paso como de víctimas que corren con la mala fortuna de atravesárseles. La realidad ha hecho de esta situación algo que ni la más afiebrada ficción podría reproducir: desde el primero de estos asesinos que mezcló el morbo y la curiosidad por igual, Ed Gein, que inspiraría primero al escritor Robert Bloch y luego a Alfred Hitchcock para crear a Norman Bates en el clásico “Psycho”, pasando por el todavía no resuelto ni descubierto asesino Zodiac, que inspiró otra obra maestra de la mano de David Fincher, hasta llegar al reciente caso del homicida serial apodado BKK, el cual tenía sobre sí una larga lista de muertes, pero que al mismo tiempo tenía el aspecto de ser un hombre de familia, de la iglesia y de la sociedad, un poco como si el mal pudiese adoptar cualquier rostro y además, pasar desapercibido demostrando con ello que las apariencias engañan, del mismo modo que en literatura y también en el cine el personaje de Patrick Bateman –de la novela “American Psycho” y del film homónimo estelarizado por Christian Bale– transmitía. El mal puede ser hasta atractivo. Esto puede concluirse luego de ver “Mr. Brooks.”

Earl Brooks es un hombre de su hogar, un empresario exitoso y con destacada presencia en la comunidad de Portland, Oregon, la cual lo premia como el Hombre del Año por la Cámara de Comercio debido a sus contribuciones a causas sociales. Un amante esposo y un padre consentidor de su hija quien deja la universidad apenas con un año de carrera. Pero también posee un lado siniestro: es el no descubierto asesino Thumbprint Killer quien llevaba años sin matar, pero que en un momento de éxito decide recordar viejos tiempos de la mano de su sombra, alter ego y macabro producto de su mente, Marshall. Earl se encuentra en su recaída con un fotógrafo voyeur autonombrado Mr. Smith, quien presencia por causalidad el asesinato de una pareja a manos de Brooks y que se obsesiona con la adrenalina de poder ver de nuevo otro crimen, esta vez como acompañante de Earl; y con la detective Tracy Atwood que debe dar con su rastro mientras trata de solventar un divorcio amargo de un esposo poco menos que vividor, y otro asesino en serie, Thornton Meeks, el Hangman, quien escapa de la cárcel y busca venganza contra ella.



Este film viene a ser el debut como director de Bruce A. Evans, el cual le imprime a este trabajo una estética de cine independiente, no en balde, y salvo por la distribución internacional, el film no es producido por grandes estudios. Y es precisamente este carácter indie el que hace que esta película se sienta fresca y dinámica en enfoque, considerando lo oscuro y gráfico de la trama. Bien podría este director adoptar los cánones estilísticos de franquicias de terror como “Saw” u “Hostel”, pero en cambio decide irse por una estructura simple y compleja a la vez, enfatizando la armonía, la luz fría y la estabilidad aportada por una estética sobria en el universo de Earl Brooks, en contraste con la oscuridad, los claroscuros, los colores cálidos para reforzar el elemento criminal que posee el personaje cuando se dedica a asesinar y al entablar conversación con Marshall, si bien por momentos ambos planos de existencia se encuentran. En cuatro palabras: esquizofrenia vestida para matar.

Además de dirigir, Evans coescribe el guión junto con Raynold Gideon, el cual posee tanto coherencia en las acciones como los correspondientes giros de la trama que, lejos de ser exagerados o traídos de los pelos, pasan a ser vueltas de tuerca interesantes, amén de desarrollar personajes con matices por encima de adoptar posturas maniqueas. La fotografía exalta las labores directorales al contrastar los escenarios con profusión de luz en unos casos, o con ausencia casi total en otros. La edición y la música cumplen con no solapar las acciones sino complementarlas en cuanto al ritmo de las secuencias y en transmitir estados de ánimo de los personajes hacia el espectador, respectivamente.

Algo que es de agradecer a Bruce A. Evans está en el hecho de darle por primera vez en años un papel digno de sus dotes a Kevin Costner. Puede decirse que desde “JFK” de Oliver Stone o “Wyatt Earp” de Lawrence Kasdan, éste no daba pie con bola considerando lo infames que fueron “Waterworld” y “The Postman.” Kev logra hacer de Earl Brooks un modelo de ciudadano, un esposo de oro, un padrazo, un bestia, un asesino y un degenerado, todo en un mismo personaje, tal como en la realidad donde nadie es ni 100% bueno ni 100% malo. Desafortunadamente no podemos decir lo mismo de Demi Moore, más pendiente en mostrar el cuerpo que en actuar. En otra actriz el personaje de Tracy Atwood hubiese sido para lucirse, pero Demi lo que hace es acartonarlo haciendo que el mismo escupa las palabras en lugar de sentirlo. Del mismo modo, Marg Helgenberger no aporta matices a su papel de esposa de Earl Brooks, siendo más dada a ser un adorno adicional en la vida del protagonista. Algo que no se aplica a Danielle Panabaker ni a Dane Cook en sus roles de Jane Brooks y de Mr. Smith, respectivamente. En uno convence como la clásica hijita de papi, y el otro viene a ser una versión patética de lo que magistral y siniestramente representa Brooks. Pero el verdadero cachet se da al aparecer en pantalla William Hurt. Además de experimentar un regreso en fecha reciente, del cual el más destacado es cuando compartió pantalla con Viggo Mortensen en el nuevo clásico de David Cronenberg “A History Of Violence”, en esta oportunidad hace de Marshall todo un alarde de arte actoral y demuestra cómo es que hay que llenar la pantalla con calidad. Y cuando Costner y Hurt la comparten en los diálogos tan magistralmente escritos para ellos, es cuando se está en presencia de un contrapunteo de talentos sin igual.



Mr. Brooks” demuestra que los nuevos talentos están en cualquier lado, sólo hay que saber buscar. Que si saben tomar buenas decisiones, los actores que uno creía acabados pueden dar lo mejor de sí, en el caso de Kevin Costner que puede reestablecer su status de intérprete serio. Que no hay nadie como William Hurt en estos tiempos. Y que el mal puede disfrazase de manso cordero que devora por igual. Tal como se dijo antes, las apariencias engañan, no juzguen un libro por su portada. Cuatro Estrellas de un máximo de Cinco.

*Una reseña de igual calidad la pueden leer en “Rural Tex™.

Element Film y Relativity Media presentan en asociación con Eden Rock Media. Una producción TIG. Un film de Bruce A. Evans. “Mr. Brooks.” Dirigida por Bruce A. Evans. Escrita por Bruce A. Evans y Raynold Gideon. Dirección de fotografía por John Lindley, A.S.C. Música por Ramin Djawadi. Editada por Miklos Wright. Reparto por Mindy Marin, C.S.A. Diseño de producción por Jeffrey Beecroft. Diseño de vestuario por Judianna Makovsky. Producción asociada por Robin Jonas. Producción ejecutiva por Thomas Augsberger, Sam Nazarian, Adam Rosenfelt y Marc Schaberg. Producida por Jim Wilson, Kevin Costner y Raynold Gideon. Protagonistas: Kevin Costner (Earl Brooks), Demi Moore (Detective Tracy Atwood), Dane Cook (Mr. Smith), Marg Helgenberger (Emma Brooks), Ruben Santiago-Hudson (Hawkins), Danielle Panabaker (Jane Brooks) y William Hurt (Marshall). 2007. Duración: 120 minutos.

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