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jueves, junio 19, 2008

Noches de Moras y de Carreteras



Hace un par de años, en uno de tantos festivales internacionales de cine, el director español Fernando Trueba –quien no hace un film de ficción desde 1992 cuando realizó su obra “Belle Epoque”– mencionaba que el ir a estos actos ya se había vuelto algo cansón, no por el hecho del evento en sí, sino porque en todos lados los chinos saturaban las competencias con sus películas. Esta declaración venía dada, además de la razón por él expuesta, por el factor de que argumentalmente todas las películas del coloso asiático eran exactamente lo mismo: ambientaciones en las dinastías pasadas, venganzas, estética rayando en las artes plásticas y muchas artes marciales que desafiaban a la lógica y a la gravedad. Obviamente, muchas de estas películas eran (y son) obras magníficas, pero en cierto modo y en poco tiempo el mercado estaba copado. Sólo dos directores se alejaban un poco de la moda con sus filmes; estos eran: Ang Lee (en pleno auge sacó “Brokeback Mountain”) y Wong Kar Wai, quien desde Hong Kong desarrollaba dramas y películas sobre relaciones humanas con una estética, una forma de relatar los hechos influenciada por otras corrientes y actores competentes que aportaban variedad y competencia; célebre es su asociación con la actriz Maggie Cheung, musa en su aclamado film “In The Mood For Love.”

Desde ese entonces, Wai se hizo el favorito de críticos cinematográficos y espectadores de criterio formado. Uno de ellos eran los hermanos Bob y Harvey Weinstein, ex dueños de Miramax Films y ahora propietarios de The Weinstein Company, quienes lograron convencer al director chino para que hiciera una historia ambientada en Estados Unidos, con lo cual marcaría su debut en ese mercado. De más está decir que para muchos críticos este hecho era como vender el alma al diablo, en virtud de que se podría perder su forma de hacer cine en detrimento de la maquinaria hollywoodense y el facilismo argumental para con el público. Quizás esto no se ha producido con este director, pero en el fondo algo de ello existe al ver el film “My Blueberry Nights.”

Esta película se centra en la figura de Elizabeth, mujer sin pasado u oficio conocido quien sufre una decepción amorosa que la lleva a conocer a Jimmy, pastelero dueño de un local en Nueva York que sirve como paño de lágrimas de la protagonista. Más por razones no aclaradas salvo por el factor de viaje de descubrimiento del ser, ella decide recorrer Estados Unidos haciendo parada en diferentes lugares y trabajando para seguir viajando. En estas ciudades se relaciona con otros personajes, concretamente, un policía quien no puede superar la separación que sufrió por parte de su esposa y su afición al alcohol; su esposa quien no encuentra la felicidad mientras mantiene diferentes relaciones de pareja; y una apostadora que no lo logra ni en la relación con su familia, y mucho menos en el juego. Todo ello se fusiona con el entorno y con Elizabeth quien luego de llegar a un punto se regresa a Nueva York al lado de Jimmy, con lo cual su amistad termina derivando en romance.



Esencialmente este film es un road movie, pero con la salvedad de que la carretera es el menor de los elementos dominantes de la producción aun cuando hayan momentos en que el paisaje lo abarca todo. En este sentido es de apreciar el esfuerzo por no hacer un film más, pero en el intento el enfoque termina por ser algo ya visto; es decir, Wong Kar Wai se hizo famoso por incorporar ralentizados e hiperfragmentados para narrar las acciones que cambian las vidas de los personajes, manteniendo el tiempo narrativo normal en los diálogos, más al adaptar este patrón a este film, para los que han visto sus películas previas es, literalmente, ver mas de lo mismo. Se podría haber esperado adoptar una nueva forma de expresión cinematográfica en su debut hollywoodense, pero en este caso decidió irse por lo seguro a riesgo de repetir.

El guión que firma éste junto con Lawrence Block sirve como elemento para conocer en cierto modo a los personajes, pero no en profundidad, con un énfasis sin ambages en las interrelaciones que estos desarrollan al encontrarse, básicamente los diálogos y las emociones dominan la película por encima de la acción. La edición sirve como extensión de la dirección en los elementos comentados en el párrafo anterior. La fotografía realizada por Darius Khondji (cinematógrafo en las obras de David Fincher) realza los paisajes naturales a la manera de un William Turner, y los escenarios citadinos por medio de luces de neón y colores fosforescentes con preponderancia al azul eléctrico y el fucsia. Lo musical está aquí de la mano de Ry Cooder con sus motivos guitarreros que recuerdan más a un luau hawaiano que a la Norteamérica de tierra firme, salvo por los temas de Otis Redding, Gustavo Santaolalla, Amos Lee, Cassandra Wilson, Cat Power y Norah Jones. Con esta última debemos decir –para despecho de los fans de ella, y nos sumamos en varias de sus canciones– que su tema “The Story” compuesto para la película nos parece de los más flojos de su carrera, más aun en el uso del mismo en la escena clave de la película que aparece hasta en los postres y trailers, en estos últimos el tema que suena es el extraordinario “The Greatest”, compuesto y cantado por Cat Power. De haberse usado en dicha escena, el grado de empatía con el film hubiese sido mucho mayor.

Norah Jones entra en el selecto grupo conformado en fecha reciente por Britney Spears y Mariah Carey (con la magistral excepción de Björk), y en los hombres por Marc Anthony quienes piensan que el actuar en video clips es similar a llevar el peso de una película. Su Elizabeth no termina de llegar, considerando que el papel tiene mucho que dar, debido a que su rango actoral es muy limitado, de hecho no transmite ni siquiera con la mirada o la expresión, desapareciendo ella cuando comparte pantalla con los demás actores. Por el contrario, el resto del reparto se desempeña con soltura, tales son los casos de Jude Law y David Strathairn que aportan solidez y convicción a sus personajes. Más quienes se salen del molde son Rachel Weisz y Natalie Portman al hacer dos de las mejores actuaciones de sus carreras. Tal vez si el protagónico hubiese sido dado a alguna de ellas, el resultado habría sido sublime y excelso; lástima que el director incluyó a Norah Jones más por ser un fan de su música que por sus capacidades como actriz.



My Blueberry Nights” termina por ser un experimento interesante si se aplicara lo que se mencionó antes, desafortunadamente ya el film está hecho. No es una película mala, pero sentimos que pudo haber sido mejor. Los pies de mora y las carreteras pueden ir juntos, pero no revueltos. Tres Estrellas Y ¾ de un máximo de Cinco.

Otra reseña sobre el film la pueden leer en Rural Tex™

The Weinstein Company y Block 2 Pictures presentan en asociación con Studio Canal. Una producción Jet Tone Films. Un film de Wong Kar Wai. “My Blueberry Nights.” Dirigida por Wong Kar Wai. Escrita por Wong Kar Wai y Lawrence Block a partir de una historia por Wong Kar Wai. Dirección de fotografía por Darius Khondji, A.S.C., A.F.C. Música incidental por Ry Cooder. Supervisión musical por Steve Macklam y Guadalupe Jolicgeur. Editada por William Chang Suk Ping. Reparto por Avy Kaufman. Diseño de vestuario por Sharon Globerson. Diseño de producción por William Chang. Dirección de arte por Judy Rhee. Producción ejecutiva por Chan Ye Cheng. Producida por Jacky Pang Yee Wah, Wang Wei, Jean-Louis Piel, Stéphane Kooshmanian y Wong Kar Wai. Protagonistas: Norah Jones (Elizabeth), Jude Law (Jimmy), David Strathairn (Oficial de policía Arnie Copeland), Rachel Weisz (Sue Lynne Copeland) y Natalie Portman (Leslie). 2008. Duración: 90 minutos.

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