Érase Una Vez George Bailey

Cuando era un niño en el pueblo de Bedford Falls, George Bailey deseaba recorrer el mundo y diseñar puentes y rascacielos. En un acto heroico, George salva la vida de su hermano Harry, cuatro años menor que él, al rescatarlo de haber caído en un lago congelado en pleno invierno; sin embargo este rescate le costaría la audición en uno de sus oídos. Una semana después evita que su jefe, el farmaceuta Gower, envenene a un niño enfermo mientras se lamentaba la muerte de su propio hijo a causa de la gripe.
Sin embargo, cada vez que se encontraba próximo a cumplir su sueño, debía de sacrificarlo, la mayor de las veces por el beneficio de su comunidad. Al graduarse de la secundaria, debe hacerse cargo de la compañía familiar, la Bailey Building & Loan Association; el día de la graduación mientras le contaba a su novia Mary sus planes, su padre sufre un ataque cardíaco y muere. El rival de George, el avaro Señor Potter urde un plan para tratar de controlar el Consejo de Directores y así, sacar de circulación a Bailey y sus préstamos sentimentales para los trabajadores pobres. En una reunión de directores, George convence a la junta para detener a Potter; esta accede bajo la condición de que George se quede en el pueblo.
Harry va a la universidad, y el deseo de recorrer mundo de George se trunca otra vez cuando Harry regresa con una esposa y una oferta de su suegro para un cargo en su compañía, con lo que George sacrifica de nuevo sus sueños para no arruinar los de su hermano. Al pasar del tiempo, George y Mary contraen matrimonio, pero el día de su luna de miel debe cancelarse por una estampida de gente presa del pánico de perder sus ahorros. El rival Potter ofrece 50 centavos extra de cada dólar depositado, pero Bailey sacrifica sus ahorros para su viaje en dar préstamos a los clientes temerosos. Su deseo de viajar se aplaza de nuevo. Eventualmente George desarrolla un complejo habitacional llamado Bailey Park, para familias de escasos recursos con facilidades de pago; temeroso de la competencia Potter le ofrece un empleo con un salario ocho veces mayor del que percibe por ser propietario de Baley Building & Loan. George percibe esto como un acto de soborno y rechaza de plano la oferta.
Eventualmente, George y Mary se convierten en padres de familia. Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, George no es aceptado debido a su sordera en un oído, mientras que Harry es enlistado en la aviación naval y condecorado con una Medalla de Honor por derribar 15 aviones enemigos, incluyendo dos kamikazes.
En la víspera de Navidad, el tío de George, Billy, lleva a depositar $8.000 para saldar deudas pendientes con acreedores y accionistas. En el camino al banco se encuentra con el Sr. Potter y con orgullo le agita al aire un periódico que menciona que su sobrino será honrado por el Presidente de los Estados Unidos, pero de manera distraída deja en la oficina de Potter el sobre con el dinero a ser depositado; Potter aprovecha la circunstancia y esconde el dinero. Ese mismo día el examinador del banco revisa las cuentas y nota el faltante, George se desespera al descubrir el error de Billy y le espeta lo irresponsable de su parte mientras recorre Bedford Falls en búsqueda del dinero. Al llegar a su casa, es presa del pánico e insulta a su esposa y a sus hijos. En un último esfuerzo, se rinde y acude a la oficina de Potter para pedirle un préstamo y rescatar la compañía; este último lo desprecia e insulta. Al salir de la oficina, choca su carro contra un árbol y corre hacia un puente cercano en medio de una nevada; viendo que su vida ha sido un fracaso tras otro y que sus sueños nunca se cumplirán, decide cometer suicidio.
En un mismo instante eterno, Dios conversa con el ángel de la guarda de George, Clarence, a quien le encomienda el Señor que salve su vida. Antes de que este se lance desde el puente, Clarence salta primero hacia el río congelado; Bailey salta para rescatarlo. Mientras son resguardados en la oficina del guardia del puente, Clarence confiesa que es el ángel protector de George y le pide ayuda para que obtenga sus alas. A esto, Bailey no le cree y le rumia el hecho de que desearía no haber nacido nunca para no sufrir lo que ha padecido desde siempre. Es ante esta determinación que Clarence le muestra cómo hubiese sido la vida si él no hubiese existido.
Al recorrer el pueblo, éste ya no se llama Bedford Falls sino Pottersville, un poblado lleno de casas de empeño y burdeles. Lo que era Bailey Park es ahora un cementerio; lo que era su casa se ha convertido en una mansión abandonada. Su madre se ha vuelto una propietaria de una pensión; su tío Billy ha estado en un manicomio por años y su esposa Mary en una bibliotecaria solterona. Y su hermano Harry no vive ya que no lo salvó del hielo por no haber nacido nunca; en consecuencia los hombres que sirvieron con su hermano en la guerra tampoco sobrevivieron porque Harry no los salvó. El farmaceuta Coger es acusado de envenenar a un niño, encarcelado y luego convertido en mendigo; el dueño del bar, Martín, ya no lo es, y sus amigos Ernie y Bert aunque lo siguen siendo, son más oscuros y desconocen a George declarándole loco.
Debido a este caos, George regresa al puente y le ruega a Clarence y a Dios que le permita vivir de nuevo. Su deseo se cumple al ser reconocido por un amigo policía, a lo cual regresa corriendo al pueblo en donde nada ha cambiado. Al llegar a casa con un sentido de agradecimiento por lo que tiene, descubre que su familia, sus amigos y todos aquellos a quienes él ayudó, han recolectado dinero suficiente para salvar a su compañía del escándalo y la ruina, haciéndole ver que ha tocado las vidas de cada persona en Bedford Falls. Además, y debido al favor que logró en Clarence, este obtiene al fin sus alas, con lo cual descubre que por encima de sus problemas, ha tenido una vida maravillosa.
Lo anterior es un descripción completa del clásico film de Frank Capra de 1946 “It’s A Wonderful Life” protagonizado por James Stewart y Donna Reed. Si tienen oportunidad de verlo en estas navidades, háganlo. Es una excelente muestra de lo valioso de la vida. Y como citamos en estas páginas, los clásicos no se clasifican; se disfrutan.


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