Ana, Mary y Enrique

Hagamos un poco de historia. Alrededor de 1518, Enrique VIII Tudor, Rey de Inglaterra y Defensor de la Fe ante el papa Clemente VII por su apoyo a la Santa Iglesia Católica ante el avance de los protestantes liderados por Martín Lutero, se encontraba en la encrucijada de ser el padre de un varón, en la creencia de que el pueblo inglés no aceptaría una sucesión femenina. Casado desde 1509 con Catalina de Aragón, hija de los Reyes de España Isabel la Católica y Fernando II, había tenido varios abortos y muchos nacimientos muertos antes de dar a luz a María. Convencido de que ella no podría darle el heredero que esperaba, empezó a tener muchas concubinas, de entre las cuales estaban las hermanas Mary y Ana Bolena. Al principio se interesa por Mary con quien mantiene una relación adúltera, misma que se consuma con el nacimiento de un varón, pero bastardo que no posee derecho de sucesión al trono. Eventualmente su foco de atención cambia a Ana, quien lo convence de separarse de Catalina para así casarse con ella, no sin antes enfrentarse a todo el estamento constitucional y papal debido a esta osadía. Puesto que ni los consejos religiosos de Inglaterra se lo permiten –costándole la cabeza a Tomás Moro– y mucho menos el papa Clemente VII, desconoce la autoridad del Vaticano, es excomulgado y establece la Iglesia de Inglaterra, también conocida como Anglicana. Al fin puede casarse con Ana.
Pero el destino se impondría, siendo el primogénito de ambos una niña, Elizabeth. Al quedar de nuevo embarazada, sufre un aborto; y en su lujuria permanente que hacía que las decisiones de estado fueran regidas por su pene y no por su mente, toma como concubina a Jane Seymour y acusa a Ana de traición y brujería contra su persona. Esta es hallada culpable y condenada a decapitación. Mary se hace cargo de Elizabeth, quien a la larga y tras escalar en el poder eliminando a sus competidores, desde su prima María Estuardo, Reina de Escocia y a los católicos en masa, se hace del trono inglés, siendo coronada como Elizabeth I Tudor. La vida, pasión y muerte de por medio de Ana y Mary, junto con su relación con Enrique VIII es la base del film “The Other Boleyn Girl.”
Basado en el libro homónimo escrito por Philippa Gregory, el film viene a ser responsabilidad del director Justin Chadwick, el cual le imprime al mismo un tono de contemporaneidad, sin llegar a los extremos de “A Knight’s Tale”, en donde –y salvo por la actuación de Heath Ledger– todo el film parecía ESPN versión lucha de caballeros medievales. En el caso de “The Other Boleyn Girl”, la estética es más sensorial y cercana a una revista Vogue de los 1500, haciendo que las hermanas parezcan ante los ojos del espectador iguales a las hermanas Paris y Nicky Hilton, pero con armadores, vestidos largos, bailes de cuadrillas y caballos. Y aclaramos que enfocar período de este modo no tiene nada de malo, al contrario, pero sí hace que la dirección pueda ser más cercana a la serie “Gossip Girl” que al “Hamlet” de Sir Lawrence Olivier, con la banalización propia de un show de adolescentes.

Esto viene por el lado del guión firmado por Peter Morgan (quien también hizo el mismo de los filmes “The Queen” y “Frost/Nixon”), el cual al ser una adaptación de una novela y que no hemos leído para establecer una comparación de discurso, hace que el film sea más cercano al melodrama televisivo que al enciclopedismo de la literatura o del teatro, si bien en el desenlace histórico conocido hay una suerte de homenaje indirecto al clásico film “La Pasión de Juana De Arco” de Carl Theodor Dyer, pero es apenas un punto de arte e historia. La fotografía es tal como corresponde a la Inglaterra Tudor del siglo XVI con las correspondientes diferencias visuales entre la campiña inglesa llena y saturada de colores cálidos y Sol, y Londres en una paleta grisácea y fría, con la salvedad de los momentos en palacio plagado de claroscuros a lo Rembrandt. Así mismo, la edición es un complemento de la dirección al asumir cortes dinámicos sin que parezca la hiperfragmentación de un video clip, sino más bien un magazine de moda y costumbres. Lo musical es más que nada un factor para reforzar los momentos claves de la historia, no hay aportes sustanciales salvo para conectar al espectador con lo que el director considera de valor en el film.
Lejos de presenciar un duelo de actrices entre Natalie Portman y Scarlett Johansson, lo que se observa es un acto de complementación de talentos histriónicos, aun cuando las mejores partes las tiene Natalie por encima de Scarlett quién en esta oportunidad se nota más sumisa y algo apagada, más por un desarrollo en el guión del personaje que por un descenso en las dotes actorales; al aparecer Portman en pantalla todo gravita alrededor de ella, y esto hace que se luzca durante todo el film. Algo agradable se encuentra en la actuación de Eric Bana como Enrique VIII, y es el hecho de que se aleja del estereotipo tradicional que la historia ha hecho del mismo: grosero, de malos modales, rústico, libertino y violador de mujeres y de leyes, para aportar a su papel una dosis de humanidad y de reposo ante el arquetipo que raya en la caricatura; sólo en breves instantes se porta como la recreación del recuerdo colectivo, pero aun en esos pasajes hace una sobria actuación. Kristin Scott Thomas hace de su correcto y bien llevado personaje de Lady Elizabeth Bolena una piedra de sensatez ante una corte corrupta y plagada de aduladores, cortesanas y demás plagas. Jim Sturgess en su papel de George Bolena, hermano de Ana y Mary, representa a un ser con gustos sencillos y un amor por su familia que ante los ojos de los demás puede parecer blandengue y falto de ambición. Mark Rylance elabora su personaje de Sir George Bolena como un ser común que al ser parte de un hecho histórico y bajo convencimiento de su hermano Thomas, se presta para las bajezas que sean necesarias con tal de ganar los favores del rey. David Morrisey recrea su personaje de Thomas Howard, Duque de Norfolk, consejero del rey y tío de las hermanas Bolena, con los vicios antes mencionados, pero con una dosis de maquiavelismo propio de los seres ambiciosos y sin escrúpulos. Y Ana Torrent en su papel de Catalina de Aragón que, aun cuando es de breve duración en pantalla, es determinante para lo que se sucedió en la historia y para lo que se narra en panatalla, algo que las buenas actrices como ella saben hacer.
Si la música en “The Other Boleyn Girl” hubiese sido más actual a la manera de “Marie Antoinette” de Sofía Coppola, este film hubiese parecido otro episodio de “The Hills”, sólo que con crinolinas, minués y decapitaciones. Como film está bien hecho, siendo un buen pretexto para disfrutar de buenas actuaciones, pero nada más. Y pueden estar tranquilos al ver el film al saber que no tendrán el mismo destino –literal– de Ana Bolena. Tres Estrellas Y ½ de un máximo de Cinco.
*El mismo relato histórico en otra versión, lo pueden leer en Rural Tex™
Columbia Pictures y Focus Features presentan en asociación con BBC Films y Relativity Media. Una producción Ruby Films/Scott Rudin. Un film de Justin Chadwick. “The Other Boleyn Girl.” Dirigida por Justin Chadwick. Escrita por Peter Morgan. Basada en la novela homónima escrita por Philippa Gregory. Dirección de fotografía por Kieran McGuigan. Música original por Paul Cantelon. Editada por Paul Knight y Carol Littleton, A.C.E. Diseño de vestuario por Sandy Powell. Diseño de producción por John-Paul Kelly. Co-producida por Mark Cooper. Producción ejecutiva por Scott Rudin y David M. Thompson. Producida por Alison Owen. Protagonistas: Natalie Portman (Ana Bolena), Scarlett Johansson (Mary Bolena), Eric Bana (Enrique VIII Tudor), Kristin Scott Thomas (Lady Elizabeth Bolena), Mark Rylance (Sir Thomas Bolena), Jim Sturgess (George Bolena), con David Morrisey (Thomas Howard, Duque de Norfolk) y Ana Torrent (Catalina de Aragón). 2008. Duración: 115 minutos.
Etiquetas: Peliculas


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