El Peor Crímen de Todos es el Silencio

Verano de 1965. Indianápolis, Estados Unidos. El matrimonio de Lester y Betty Likens, trabajadores de carnavales a lo largo de Estados Unidos y padres de 3 hijas, atravesaba por un mal momento en su relación al punto de estar separados. En un intento por rescatar su matrimonio, deciden irse solos por motivos de trabajo sin la presencia de dos de sus hijas, Sylvia de 16 años y Jenny Faye de 15, quienes quedan al cuidado de Gertrude Baniszewski de 34 años, madre de 7 niños y trabajadora a destajo planchando para otras familias y vecinos, a cambio de recibir $20 a la semana para efectos de alimentación y vivienda; en el proceso Sylvia y Jenny Faye asistirían a la escuela, a funciones sociales con los hijos de Gertrude y a la iglesia cada domingo.
Más cuando el primer cheque tarda en llegar, Baniszewski, quien sufría de asma y depresión crónica por los abandonos que había sufrido por parte de su esposo y sus posteriores novios, más la carga de criar a 7 hijos y 2 adicionales, castiga a Sylvia y a Jenny de azotes con correas. Eventualmente se resuelve el problema de la paga, pero esta decide botar las cartas y advertirle a ambas que sus padres no han hecho contacto alguno, todo ello como un pretexto para tenerlas en casa y castigarlas a voluntad ante lo que considera una vida miserable que sólo subsiste mediante la religión, la falsa moral, la pacatería maldita e hipócrita y el silencio que la sociedad imponía –y sigue imponiendo– cuando el castigo hacia los débiles no es devuelto hacia el castigador de la misma forma y saña. La violencia continuaría en la casa Baniszewski contra Sylvia Likens, acusándola de prostituta y arremetiendo contra ella con más violencia, muchas veces ayudada por sus propios hijos y por vecinos adolescentes que tuviesen alguna clase de rencor contra Sylvia, o por simple y miserable sadismo, que en varias ocasiones involucraba una botella de Coca-Cola.
Esta violencia escalaría hasta encerrarla en un sótano, siendo maniatada, golpeada por todo el cuerpo, bañada con agua, quemada con colillas de cigarrillos, regando sal en las heridas y marcada con agujas calientes en la piel, junto con dejarla sin comer por días y llevándola incluso a alimentarse de sus propios excrementos. El 26 de octubre de 1965 y luego de haber sido golpeada dos días antes con una tabla y con un palo de escoba en la cabeza, Gertrude decide que hay que subirla y darle un baño de agua tibia; su hija Stephanie y su novio Richard Hobbes la suben y notan que no respira: ha muerto. Stephanie le dice a su novio, presa del pánico, que llame a la policía; al llegar las fuerzas del orden reciben una carta supuestamente firmada por Sylvia para sus padres y entregada por Gertude donde se “afirmaba” que se fugaba de esta casa; la realidad es había sido escrita bajo amenaza. Pero al encontrar el cuerpo de Sylvia y el maltrato que tenía, junto con la conmoción del evento, hizo que Jenny Likens le dijera a un policía en susurros: “Sáqueme de aquí y les diré todo.” Ambas circunstancias condujeron al arresto de Gertrude Baniszewski y de sus hijos, junto con sus vecinos y novios cómplices; siendo llevados ante un juez. Todo lo escalofriante del caso y el juicio que se siguió son la base del film del director Tommy O’Haver, “An American Crime.”

Este material tan fuerte de creer que pasó, que aun al día de hoy produce horror, es en las manos de este realizador tratado con crudeza sin llegar al festín gore, que fácilmente pudo haber asumido como una forma de generar titulares y atención de forma gratuita, incluso hay momentos poéticos dentro de la brutalidad que el caso posee; esto, porque el mismo decidió tratar unas cosas omitiendo el sadismo. Más el efecto del film es como una cachetada en la mejilla del espectador ante la realidad de que el maltrato contra los débiles continúa sin un castigo ejemplarizante contra los maltratadores. Estamos ante un film que genera discusión, polémica y esperemos que una toma de conciencia social.
El guión es básicamente el tratamiento de las declaraciones de los testigos en el juicio, tal cual aparecen en las trascripciones de los escribientes y en el sumario del caso. Parecería un trabajo de ficción más o una exageración de tono sensacionalista, de no ser porque lo narrado fue tal como sucedió. Y se agradece que el texto fílmico no fuese más explícito, sino contundente sin llegar a extremos, haciéndolo real, sincero dentro de lo que cabe. La fotografía transita entre el ambiente del sur de Estados Unidos entre los colores del verano, yendo hacia una iluminación más tenue en los ambientes interiores, hasta llegar al reflejo del horror mediante claroscuros y oscuridad, un poco para reflejar lo oscuro y lo bajo que puede llegar el ser humano. La edición es llevada con soltura y linealidad para reflejar los estados de ánimo ante la aparente normalidad de cualquier pueblo, pero que esconde horror tras las paredes. Y la música lleva un papel protagónico tanto en los motivos incidentales, como en el soundtrack que acompaña al film, todo un compendio de canciones pop de mediados de la década de los 60.
Las actuaciones del elenco son todas competentes, incluso James Franco hace un papel destacado. Pero todo el reparto desaparece literalmente ante la presencia de Catherine Keener y Eileen Page como Gertrude Baniszewski y Sylvia Likens, respectivamente. Además de elaborar un duelo actoral como pocas veces se ve con una soltura increíble, ambas generan toda clase de emociones y reacciones en la audiencia; en el caso de Keener rabia y desprecio, en el de Page compasión y dolor. Y aun cuando ambos personajes puedan resultar arquetípicos o estereotipados, dependiendo del cristal con que se mire, lo cierto es que tanto una como la otra despliegan todo un abanico de estados de ánimo; una como una victimaria con una agenda en mente y un propósito, la otra como una víctima que no comprende por qué esta violencia, saña y odio contra ella, llevando al espectador a plantearse esta pregunta: ¿Por qué?
“An American Crime” no es un film fácil de ver. Es duro, contundente y genera reacciones en la audiencia. Al igual que discusión, reflexión y esperemos que una toma de conciencia. Si nos preguntan cuál es el castigo que se merece todo maltratador infantil, nuestra respuesta será siempre esta: LA LEY DEL TAILÓN. Cuatro Estrellas Y ½ de un máximo de Cinco. Aunque la realidad nunca tendrá clasificación.
*Otra reseña la pueden leer en Rural Tex™
First Look Studios presenta. Una producción First Look Pictures. Una producción Killer Films/John Wells. Un film de Tommy O’Haver. “An American Crime.” Dirigida por Tommy O’Haver. Escrita por Tommy O’Haver e Irene Turner. Basado en las transcripciones textuales del juicio de El Estado de Indiana contra la Familia Baniszewski de 1966. Dirección de fotografía por Byron Shah. Música original por Alan Ari Lazar. Supervisión musical por Spring Aspers. Editada por Melissa Kent. Reparto por Amy McIntyre Britt y Anya Colloff. Diseño de producción por Nathan Amondson. Diseño de vestuario por Alix Hester. Co-producida por Hans Ritter. Producción ejecutiva por Pamela Koffler, John Wells, Ruth Vitale y Richard Shore. Producida por Kathie Roumel, Jocelyn Hayes Simpson, Christine Vachon, Henry Winterstern y Kevin Turen. Protagonistas: Catherine Keener (Gertrude Baniszewski), Eileen Page (Sylvia Likens), James Franco (Andy), Hayley McFarland (Jennifer Faye “Jenny” Likens), Nick Searcy (Lester Likens), Romy Rosemont (Betty Likens), Ari Gaynor (Paula Baniszewski), Scout Taylor-Compton (Stephanie Baniszewski), Tristan Jarred (Johnny Baniszewski), Hannah Leigh Dworkin (Shirley Baniszewski), Carlie Westreman (Marie Baniszewski), Jeremy Sumpter (Coy Hubbard), Brian Geraghty (Bradley), Michael O’Keefe (Reverendo Bill Collier) y Bradley Whitford (Fiscal Leroy K. New). 2007. Duración: 97 minutos.
Etiquetas: Peliculas


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