El Futuro No Será Un Sueño, Sino Una Pesadilla
1516 marca el inicio de la Utopía como tal, a partir de la novela del mismo título escrita por Tomás Moro en donde menciona una sociedad organizada racionalmente en base a los relatos del personaje ficticio Rafael Hytlodeo. De acuerdo con Moro, Utopía es la república que establece una propiedad común de los bienes. No existen abogados y no envía a sus ciudadanos a la guerra –excepto en situaciones críticas-, pero contrata mercenarios entre sus vecinos más conflictivos. El autor se basó en la regla monacal cuando describe la manera en que funciona su sociedad, dado que era un hombre de Iglesia (fue canonizado luego de ser ejecutado por Enrique VIII). El libro “Utopía” fue la inspiración de las reducciones que establecieron los jesuitas para evangelizar a los pueblos indígenas, en particular los guaraníes. Desde entonces, se ha empleado el término Utopía para describir a las obras de ficción que presentan las ideas de un autor respecto a la manera en que una sociedad se debe organizar mejor, como en comunidades fundadas para poner en práctica tales teorías. Las utopías pueden ser idealistas o prácticas, pero el concepto ha adquirido una fuerte connotación de perfección optimista, idealista e imposible.
Si bien Moro fue quien le dio nombre a este ideal, es también cierto que en el pasado diferentes autores y religiones plantearon el concepto de una sociedad y una humanidad nuevas. Desde Platón en su obra “La República” pasando por el ideario de la Revolución Francesa hasta incluso el canon del Paraíso planteado en el Cristianismo y el Islamismo, todos han inveterado el precepto de que el futuro –si se empieza desde ya- será mejor que el presente donde los males y los vicios permean todos los estratos de la sociedad, amén de superar lo perverso y la explotación del hombre.
Así mismo y luego de Tomás Moro, muchos autores plantearon el ideal del hombre como una suerte de declaratoria del estado de felicidad permanente. Karl Marx y Friederich Engels con sus manifiestos que tomaron para sí Lenin y Stalin, llevando a 70 años de status quo comunista en la inexistente Unión Soviética, expandido hacia sus satélites, incluyendo Cuba en este lado del mundo.
Protokov con su anarquismo; Herbert Marcuse en los 60 del siglo XX con su neo izquierda; inclusive el ideario hippie con todo y lo fútil que terminó siendo, eran sueños, conceptos y esperanza en un mundo mejor y posible. Pero ¿qué sucede si el sueño se convierte en una pesadilla? Esto es lo que en contraposición a la Utopía simboliza la Anti Utopía. La Anti Utopía viene a ser cuando el ideal deriva en un régimen totalitario, opresivo e indeseable, donde las tendencias sociales se decantan hacia los extremos apocalípticos. El término fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill para reflejar la antítesis de la sociedad perfecta y el ascenso del facto, del dominio de los poderes públicos y de la supresión de la libertad en aras del bien común que termina en degeneración de la raza humana. Curiosamente en la realidad esto ha sido una constante, desde –valga la repetición- los 70 años de la Unión Soviética, junto con el régimen del Terror instaurado por Robespierre, además de unos cuantos nombres: Robert Mugabe, Pol Pot, Fidel Castro, Benito Mussolini y Adolf Hitler, por citar unos cuantos del pasado y del presente que nos llenan de literal pánico. Tal como alguien mencionó –quien suscribe- hace unos 8 años y medio atrás: “El Apocalipsis ha empezado.”
En lo literario han sido variados los autores que han hecho de la Anti Utopía un vehículo para denunciar los males y a lo que puede conducir.
Desde H. G. Wells con su máquina del tiempo, pasando por un Ray Bradbury con su “Fahrenheit 451” en donde se enseña a olvidar el pasado para añorar el futuro y destruir los libros; el neuromante de la novela homónima de William Gibson; las ovejas eléctricas que sueñan los androides de Philip K. Dick; inclusive en el panorama del animé con títulos como “Akira” de Katsuhiro Otomo; en la novela gráfica con “V For Vendetta” de Alan Moore o en el manga “Ghost In The Shell”, todos ellos y más reflejan el estado al que la sociedad y los que la dominan pueden llegar a pervertir, castrar e inutilizar al hombre. Tomemos dos ejemplos puntuales de Anti Utopía. El primero fue escrito en 1932. “Brave New World” de Aldous Huxley simboliza el fin de la identidad personal en aras de los seres numerados para un control mejor de la masa, además de tener la capacidad de alterar la raza humana –escrito 30 años antes del descubrimiento del ADN- para crear el ser perfecto en lo físico e inerte como ente individual en lo psicológico; condicionamiento operante en su mejor expresión.
El segundo fue publicado a título póstumo en 1949 con el nombre no utilizado en última instancia de “El Hombre En Europa.” “1984” de George Orwell (escrito a partir de la decepción que le significó conocer la cara real de comunismo al visitar la Unión Soviética de Stalin luego de haber sido un acérrimo hombre de izquierda) representa el control absoluto del estado omnipotente en todos los estratos del poder: no hay poder judicial, ni legislativo, ni siquiera libertad de expresión, de disentimiento o incluso de privacidad. Sólo se hace y se cumple lo que ordena el presidente y la única estructura funcional es la represión y la maquinaria de guerra. “La ignorancia es fortaleza.” “La libertad es esclavitud.” “La guerra es paz.” El Gran Hermano en todo su esplendor terrorífico. Cualquier parecido con regímenes totalitarios del pasado, del presente o con sistemas elegidos democráticamente desviados en el camino es pura coincidencia.
En la pantalla de plata y luego de haber evadido el tema desde sus inicios (con la excepción de esta mezcla entre el Paraíso Terrenal con el mito del moderno Prometeo en clave futurista creado en 1927 por el maestro Fritz Lang: la emblemática “Metrópolis”) siendo más dado a la ciencia ficción de ataques marcianos y exploración espacial; la Anti Utopía en el cine se desarrolló en la década de los 60 del pasado siglo como un efecto de las nuevas filmografías europeas y norteamericanas que tomaban mucho de las corrientes filosóficas de la postguerra, en especial el nihilismo y el existencialismo que en términos comunes a ellas reflejaban un solo interés: la soledad del hombre.
Es a partir de este momento que se realizan piezas capitales como la adaptación de la ya nombrada novela de Ray Bradbury “Fahrenheit 451” dirigida por Francois Truffaut y “Alphaville” de Jean-Luc Goddard, mezcla de anti utopía con film noir. Ya en los 70 se ve un progreso con títulos como “Silent Running” de Douglas Trumbull; “A Clockwork Orange” de Stanley Kubrick a partir de la novela de Anthony Burguess –una muestra: el Tratamiento Ludovico-; “Logan´s Run” de Michael Anderson inspirada en el libro homónimo; “Mad Max” y sus secuelas dirigidas por George Miller; “1984” de Michael Radford adaptando la obra maestra de Orwell; “Twelve Monkees”, sátira extravagante dirigida por Terry Gilliam; “Gattaca” de Andrew Niccol inspirada en el espíritu del “Brave New World” de Huxley; “Dark City” de Alex Proyas que, al igual que “Alphaville” mezcla distopía con film noir; la trilogía de “The Matrix” de Larry y Andy Wachowski; “Minority Report” de Steven Spielberg y basada en el cuento homónimo de Philip K. Dick; "A.I.: Artificial Intelligence" también de Spielberg sobre un tratamiento de Kubrick acerca de un cuento de Brian Aldiss hasta la reciente “Children Of Men” de Alfonso Cuarón; estas y más han sido ventanas a lo que la humanidad y sus líderes pueden alcanzar por medio del miedo, la censura y el orden en su estadio más maléfico. Tomemos ahora cuatro ejemplos en cine.
Primero, la sátira. Para algunos fue la mejor adaptación de “1984” estrenada un año después de la célebre fecha, igualmente dirigida por Terry Gilliam. “Brazil” viene a ser la anti utopía llevada al plano del humor negro donde ni siquiera la amistad ni el amor se salvan, todo ello con el fin de mantener al estado a salvo del anarquismo y glorificar el monstruo de la burocracia en clave mordaz y sórdido a más no poder.
El segundo es una consecuencia de la estadística. “Soylent Green”, basada en el libro de Harry Harrison “¡Hagan Sitio!, ¡Hagan Sitio!” –escrito a raíz de los reportes sobre la llamada bomba poblacional (sobrepoblación) que estallaría en el siglo XXI- y dirigida por Richard Fleischer ubica a la humanidad en el punto donde, como extensión del exceso de personas, debe solucionar el problema del hambre ante la práctica extinción de las reservas vegetales y animales, misión a cargo del padre estado. “Soylent Green is people.”
La tercera parte de lo siguiente: el hombre ha hecho a su igual, ahora es su problema. La obra maestra de Ridley Scott “Blade Runner” se inspira en el libro “¿Sueñan Los Androides Con Ovejas Eléctricas?” de Philip K. Dick –quien falleció al ser terminada la película en 1982- y cuyo título es tomado de una creación de los escritores Alan P. Nourse y William Burroughs. Está ubicada en noviembre del año 2019 (faltan 12 años para llegar) en la ciudad de Los Ángeles a partir de robots, que en el film son llamados replicantes, que llegan a la Tierra luego de una rebelión en una colonia del espacio exterior y que son perseguidos por escuadrones policiales llamados blade runner con el fin de ponerlos a “retiro.” Además de las implicaciones filosóficas sobre la mortalidad y las relaciones hombre-máquina, “Blade Runner” muestra a una sociedad superpoblada, caótica, llena de una lluvia ácida pertinaz que no permite el paso de la luz solar en un estado de noche eterna; una muestra de lo devorador que puede ser el hombre llegando al punto del canibalismo de espíritu, sin incluir al de su entorno que de metrópolis pasa a ser megalópolis.
La cuarta y última se ubica al igual que la anterior en la categoría de obra maestra. “THX 1138” de George Lucas toma varios elementos de Huxley (por lo de los números para las personas: THX 1138 para el protagonista), fusionados con religión (el estado es el dueño del espíritu; el estado es Dios en una reinterpretación del Gran Hermano) con el fin de mantener la productividad sin importar si es de día o de noche (no hay sindicatos), junto con una condición permanente de embotamiento a causa del consumo de drogas suministradas por el propio estado para suprimir al individuo, al sexo (es un delito castigado con cárcel) y a la disensión. Aquí el ser humano es un engranaje más sin ideales, solo un elemento de consumo sin emociones. Hasta que el protagonista se rebela con el fin de escapar de los amarres que cercenan la libertad de respirar, de ver, de sentir.
Desde siempre ha habido un contrasentido en las obras del hombre (tota Tesis tiene su Antítesis): para un Dios existe un Diablo, para un genio existe un bruto, para un tirano existe un libertador. Así mismo para una Utopía existe una Anti Utopía. Y las mismas deben de servir como advertencias para estar alertas ante cualquier intento de control imbécil, de represión perversa de las libertades básicas, de supresión del alma y espíritu. Para evitar que las pesadillas nos dominen y nos maten la existencia.
Si bien Moro fue quien le dio nombre a este ideal, es también cierto que en el pasado diferentes autores y religiones plantearon el concepto de una sociedad y una humanidad nuevas. Desde Platón en su obra “La República” pasando por el ideario de la Revolución Francesa hasta incluso el canon del Paraíso planteado en el Cristianismo y el Islamismo, todos han inveterado el precepto de que el futuro –si se empieza desde ya- será mejor que el presente donde los males y los vicios permean todos los estratos de la sociedad, amén de superar lo perverso y la explotación del hombre.
Así mismo y luego de Tomás Moro, muchos autores plantearon el ideal del hombre como una suerte de declaratoria del estado de felicidad permanente. Karl Marx y Friederich Engels con sus manifiestos que tomaron para sí Lenin y Stalin, llevando a 70 años de status quo comunista en la inexistente Unión Soviética, expandido hacia sus satélites, incluyendo Cuba en este lado del mundo.
Protokov con su anarquismo; Herbert Marcuse en los 60 del siglo XX con su neo izquierda; inclusive el ideario hippie con todo y lo fútil que terminó siendo, eran sueños, conceptos y esperanza en un mundo mejor y posible. Pero ¿qué sucede si el sueño se convierte en una pesadilla? Esto es lo que en contraposición a la Utopía simboliza la Anti Utopía. La Anti Utopía viene a ser cuando el ideal deriva en un régimen totalitario, opresivo e indeseable, donde las tendencias sociales se decantan hacia los extremos apocalípticos. El término fue acuñado a finales del siglo XIX por John Stuart Mill para reflejar la antítesis de la sociedad perfecta y el ascenso del facto, del dominio de los poderes públicos y de la supresión de la libertad en aras del bien común que termina en degeneración de la raza humana. Curiosamente en la realidad esto ha sido una constante, desde –valga la repetición- los 70 años de la Unión Soviética, junto con el régimen del Terror instaurado por Robespierre, además de unos cuantos nombres: Robert Mugabe, Pol Pot, Fidel Castro, Benito Mussolini y Adolf Hitler, por citar unos cuantos del pasado y del presente que nos llenan de literal pánico. Tal como alguien mencionó –quien suscribe- hace unos 8 años y medio atrás: “El Apocalipsis ha empezado.”
En lo literario han sido variados los autores que han hecho de la Anti Utopía un vehículo para denunciar los males y a lo que puede conducir.
Desde H. G. Wells con su máquina del tiempo, pasando por un Ray Bradbury con su “Fahrenheit 451” en donde se enseña a olvidar el pasado para añorar el futuro y destruir los libros; el neuromante de la novela homónima de William Gibson; las ovejas eléctricas que sueñan los androides de Philip K. Dick; inclusive en el panorama del animé con títulos como “Akira” de Katsuhiro Otomo; en la novela gráfica con “V For Vendetta” de Alan Moore o en el manga “Ghost In The Shell”, todos ellos y más reflejan el estado al que la sociedad y los que la dominan pueden llegar a pervertir, castrar e inutilizar al hombre. Tomemos dos ejemplos puntuales de Anti Utopía. El primero fue escrito en 1932. “Brave New World” de Aldous Huxley simboliza el fin de la identidad personal en aras de los seres numerados para un control mejor de la masa, además de tener la capacidad de alterar la raza humana –escrito 30 años antes del descubrimiento del ADN- para crear el ser perfecto en lo físico e inerte como ente individual en lo psicológico; condicionamiento operante en su mejor expresión.
El segundo fue publicado a título póstumo en 1949 con el nombre no utilizado en última instancia de “El Hombre En Europa.” “1984” de George Orwell (escrito a partir de la decepción que le significó conocer la cara real de comunismo al visitar la Unión Soviética de Stalin luego de haber sido un acérrimo hombre de izquierda) representa el control absoluto del estado omnipotente en todos los estratos del poder: no hay poder judicial, ni legislativo, ni siquiera libertad de expresión, de disentimiento o incluso de privacidad. Sólo se hace y se cumple lo que ordena el presidente y la única estructura funcional es la represión y la maquinaria de guerra. “La ignorancia es fortaleza.” “La libertad es esclavitud.” “La guerra es paz.” El Gran Hermano en todo su esplendor terrorífico. Cualquier parecido con regímenes totalitarios del pasado, del presente o con sistemas elegidos democráticamente desviados en el camino es pura coincidencia.
En la pantalla de plata y luego de haber evadido el tema desde sus inicios (con la excepción de esta mezcla entre el Paraíso Terrenal con el mito del moderno Prometeo en clave futurista creado en 1927 por el maestro Fritz Lang: la emblemática “Metrópolis”) siendo más dado a la ciencia ficción de ataques marcianos y exploración espacial; la Anti Utopía en el cine se desarrolló en la década de los 60 del pasado siglo como un efecto de las nuevas filmografías europeas y norteamericanas que tomaban mucho de las corrientes filosóficas de la postguerra, en especial el nihilismo y el existencialismo que en términos comunes a ellas reflejaban un solo interés: la soledad del hombre.
Es a partir de este momento que se realizan piezas capitales como la adaptación de la ya nombrada novela de Ray Bradbury “Fahrenheit 451” dirigida por Francois Truffaut y “Alphaville” de Jean-Luc Goddard, mezcla de anti utopía con film noir. Ya en los 70 se ve un progreso con títulos como “Silent Running” de Douglas Trumbull; “A Clockwork Orange” de Stanley Kubrick a partir de la novela de Anthony Burguess –una muestra: el Tratamiento Ludovico-; “Logan´s Run” de Michael Anderson inspirada en el libro homónimo; “Mad Max” y sus secuelas dirigidas por George Miller; “1984” de Michael Radford adaptando la obra maestra de Orwell; “Twelve Monkees”, sátira extravagante dirigida por Terry Gilliam; “Gattaca” de Andrew Niccol inspirada en el espíritu del “Brave New World” de Huxley; “Dark City” de Alex Proyas que, al igual que “Alphaville” mezcla distopía con film noir; la trilogía de “The Matrix” de Larry y Andy Wachowski; “Minority Report” de Steven Spielberg y basada en el cuento homónimo de Philip K. Dick; "A.I.: Artificial Intelligence" también de Spielberg sobre un tratamiento de Kubrick acerca de un cuento de Brian Aldiss hasta la reciente “Children Of Men” de Alfonso Cuarón; estas y más han sido ventanas a lo que la humanidad y sus líderes pueden alcanzar por medio del miedo, la censura y el orden en su estadio más maléfico. Tomemos ahora cuatro ejemplos en cine.
Primero, la sátira. Para algunos fue la mejor adaptación de “1984” estrenada un año después de la célebre fecha, igualmente dirigida por Terry Gilliam. “Brazil” viene a ser la anti utopía llevada al plano del humor negro donde ni siquiera la amistad ni el amor se salvan, todo ello con el fin de mantener al estado a salvo del anarquismo y glorificar el monstruo de la burocracia en clave mordaz y sórdido a más no poder.
El segundo es una consecuencia de la estadística. “Soylent Green”, basada en el libro de Harry Harrison “¡Hagan Sitio!, ¡Hagan Sitio!” –escrito a raíz de los reportes sobre la llamada bomba poblacional (sobrepoblación) que estallaría en el siglo XXI- y dirigida por Richard Fleischer ubica a la humanidad en el punto donde, como extensión del exceso de personas, debe solucionar el problema del hambre ante la práctica extinción de las reservas vegetales y animales, misión a cargo del padre estado. “Soylent Green is people.”
La tercera parte de lo siguiente: el hombre ha hecho a su igual, ahora es su problema. La obra maestra de Ridley Scott “Blade Runner” se inspira en el libro “¿Sueñan Los Androides Con Ovejas Eléctricas?” de Philip K. Dick –quien falleció al ser terminada la película en 1982- y cuyo título es tomado de una creación de los escritores Alan P. Nourse y William Burroughs. Está ubicada en noviembre del año 2019 (faltan 12 años para llegar) en la ciudad de Los Ángeles a partir de robots, que en el film son llamados replicantes, que llegan a la Tierra luego de una rebelión en una colonia del espacio exterior y que son perseguidos por escuadrones policiales llamados blade runner con el fin de ponerlos a “retiro.” Además de las implicaciones filosóficas sobre la mortalidad y las relaciones hombre-máquina, “Blade Runner” muestra a una sociedad superpoblada, caótica, llena de una lluvia ácida pertinaz que no permite el paso de la luz solar en un estado de noche eterna; una muestra de lo devorador que puede ser el hombre llegando al punto del canibalismo de espíritu, sin incluir al de su entorno que de metrópolis pasa a ser megalópolis.
La cuarta y última se ubica al igual que la anterior en la categoría de obra maestra. “THX 1138” de George Lucas toma varios elementos de Huxley (por lo de los números para las personas: THX 1138 para el protagonista), fusionados con religión (el estado es el dueño del espíritu; el estado es Dios en una reinterpretación del Gran Hermano) con el fin de mantener la productividad sin importar si es de día o de noche (no hay sindicatos), junto con una condición permanente de embotamiento a causa del consumo de drogas suministradas por el propio estado para suprimir al individuo, al sexo (es un delito castigado con cárcel) y a la disensión. Aquí el ser humano es un engranaje más sin ideales, solo un elemento de consumo sin emociones. Hasta que el protagonista se rebela con el fin de escapar de los amarres que cercenan la libertad de respirar, de ver, de sentir.
Desde siempre ha habido un contrasentido en las obras del hombre (tota Tesis tiene su Antítesis): para un Dios existe un Diablo, para un genio existe un bruto, para un tirano existe un libertador. Así mismo para una Utopía existe una Anti Utopía. Y las mismas deben de servir como advertencias para estar alertas ante cualquier intento de control imbécil, de represión perversa de las libertades básicas, de supresión del alma y espíritu. Para evitar que las pesadillas nos dominen y nos maten la existencia.
"...For more enjoyment and greater efficiency, consumption is being standardized... ...If you have a problem, don´t hesitaste to ask for assistance... ...Failure to do so may result in prosecution for criminal drug evasion... ...Performance perfect is perfect performance..."
“THX 1138” de George Lucas.
Etiquetas: Crítica, Literatura, Peliculas









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"What's Wrong?" -THX 1138
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