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lunes, julio 06, 2009

Amor. Dolor. Gloria en un Instante de Fama



Si en algo hay un punto de coincidencia es en la relación entre el movimiento del glam metal y la lucha libre moderna. Ambos fenómenos de masas surgieron en la década de los 80; uno ante la aparición de MTV, el otro con la de ESPN. Y en los dos las coincidencias son destacadas: sus figuras rayaban en lo caricaturesco, los luchadores usaban glam metal como música de presentación, los rockeros y los combatientes estaban rodeados de excesos y tentaciones de toda clase; y los dos bandos sufrieron una baja en la década de los 90 cuando el público buscó nuevas formas de entretenimiento menos exageradas que el rock con laca de pelo y los luchadores pintorescos. Más todavía existen muchos de parte y parte que buscan un segundo aire y una nueva luz del reflector; visión esta desde la piel de un luchador la base de lo más nuevo del director Darren Aronofsky, “The Wrestler.”

En ella encontramos a Robin “Randy” Robinson, alias “The Ram”, luchador de élite 20 años atrás quien en fecha reciente es poco menos que una sombra multicolor de lo que fue entonces, con el pase de factura de los golpes y los abusos que se ha inflingido en nombre del espectáculo, pero manteniendo la esperanza de buscar la gloria otra vez, aun si con cada pelea ésta puede resultar la última. Junto con este acto de resurrección fatalista, busca encontrar el amor a manos de una bailarina de strip-tease que también posee su bagaje de situaciones, decepciones y esperanzas; y además reconectarse con su hija quien no lo reconoce como tal, ni siquiera como persona a raíz del abandono que sufrió en la época de fama de su padre. Siempre con el fantasma del retiro definitivo, del cuadrilátero, de la vida.

Este material sirve como una suerte de reconexión con lo que Aronofsky hizo en el 2000 con la extraordinaria “Requiem For A Dream”; incluso pueden hallarse paralelos entre el protagónico de Ellen Burstyn en este film y el de Mickey Rourke; la primera en su deseo de ser famosa por 15 minutos en cualquier show de televisión, el segundo como el Ave Fénix saliendo de las cenizas, del sudor y de la sangre del cuadrilátero. Y este acercamiento es el que lanzó a este director a la fama, sufriendo un desliz en la correcta, pero enrevesada “The Fountain.” La única diferencia entre ambos filmes estriba en que en el primero buscaba reflejar el estado mental de los personajes mediante el uso de una cámara que enfocaba en primer plano los rostros de los protagonistas y distorsionando el fondo, mientras que en “The Wrestler” el acercamiento del director apunta hacia un naturalismo con una cámara que se ubica detrás de los actores que raya casi en lo documental sin llegar a los extremos de los reality shows de factura reciente, algo que se agradece dado el talante de la historia que narra y que Aronofsky consigue transmitir con frescura y maestría al mismo tiempo.



Por supuesto que este trabajo tan cercano para con el espectador es responsabilidad directa del guión firmado por Robert Siegel, quien crea un pathos entre los breves instantes de celebridad que todo luchador posee con el componente personal que existe cuando se apagan las luces, se quitan las mallas multicolores y se revisan las cortaduras. El libro hace que por encima de lo caricaturesco y lo patético que pueda ser la existencia de este luchador, hay un ser humano con virtudes y defectos; lejos de alejarlo lo que hace es hacerlo cercano y honesto para con el espectador. La fotografía complementa al enfoque directoral retratando en colores naturales propios de la temporada de invierno el entorno de cualquier ciudad obrera de la Costa Este norteamericana, desde lo que las calles principales contienen hasta los suburbios en que el white trash simboliza lo fallido que es el sueño americano para muchos. La edición es redonda sin sobresaltos, excepto en ciertos cortes que sirven para dinamizar secuencias y acciones. Lo musical es todo un catálogo de los excesos ochentosos que trajo el glam metal, desde Quiet Riot y Cinderella hasta Firehouse y Guns ´N Roses, sin embargo dos cosas destacan de la banda sonora: la música incidental cortesía de Slash en la guitarra y el tema principal interpretado por Bruce Springsteen.

Las actuaciones son el nervio principal de este film, empezando por una Marisa Tomei que está a años luz de lo que hizo en la comedia “My Cousin Vinny.” Su Cassidy es un ejemplo de franqueza, de lucha, de aguante ante una sociedad que la cataloga como un objeto de deseo intocable, pero que aspira a un mínimo de contacto físico y, por extensión, de espíritu. Evan Rachel Wood representa con soltura y crudeza a todos aquellos hijos de padres famosos que han sufrido el abandono, las ausencias, y que la necesidad de amar se transforma en resentimiento y odio, un poco como Electra pero a la inversa. Y todos los actores que representan luchadores son un fotograma de lo característico que rodea al mundo de la lucha libre; esto, porque lo más destacado del film viene a renglón seguido.

En la historia de los Premios Oscar™ ha habido casos históricos de premios que han sido robados, literalmente de las manos de los ganadores factibles; este es el caso de Mickey Rourke quien fue derrotado por otro monstruo actoral llamado Sean Penn en la biografía “Milk” de Gus Van Sant en la edición de este año, si bien el propio ganador reconoció públicamente que el premio se lo merecía Rourke. Y no es invento. Desde sus papeles en “The Pope Of Greenwich Village” y en “Rumble Fish”, no habíamos visto tal honestidad por parte de Mickey Rourke, con la excepción de “Frank Miller’s Sin City” en que representó un personaje más de novela gráfica con las convenciones del mismo, que la brutal naturalidad que le imprime a su Robin “Randy” “The Ram” Robinson. Y lógicamente es inevitable establecer las comparaciones entre el personaje y su propia vida que, al igual que el papel que representa, está lleno de un equipaje de escándalos, de decisiones fallidas, de excesos y abusos, que resulta obvio deducir que para lograr esta maravilla de personaje ha debido padecer y sufrir para construir este portento actoral. Con toda propiedad podemos decir que esta es una de las mejores actuaciones de la década y un bastón para medir a futuro a aquellos que quieran imprimir honestidad a ciertos papeles.

The Wrestler” termina siendo un acto de nostalgia por la fama perdida, la esperanza en un regreso con gloria y la posibilidad de encontrar en un personaje y en medio del falso brillo un sentido de humanidad, tanto en el rol que representa como en la carrera de Mickey Rourke. Nunca antes ha sido más cierta la conseja de que para obtener la gloria hace falta mucho sufrimiento. Cinco Estrellas de un máximo de Cinco.

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Spaceman Spiff

*Otra reseña igual de honesta la pueden leer en Rural Tex™

Fox Searchlight Pictures presenta en asociación con Wild Bunch. Una producción Protozoo Pictures. Un film de Darren Aronofsky. “The Wrestler.” Dirigida por Darren Aronosfsky. Escrita por Robert Siegel. Dirección de fotografía por Maryse Alberti. Música por Clint Mansell. Supervisión musical por Jim Black y Gabe Hilfer. Solos de guitarra por Slash. “The Wrestler” compuesta e interpretada por Bruce Springsteen. Editaad por Andrew Weisblum. Reparto por Suzanne Crowley y Mary Vernieu. Diseño de vestuario por Amy Westcott. Diseño de producción por Tim Grimes. Co-producida por Mark Herman. Producción ejecutiva por Vincent Maraval, Agnes Mentre y Jennifer Roth. Producida por Darren Aronofsky y Scott Franklin. Protagonistas: Mickey Rourke (Robin “Randy” “The Ram” Robinson), Marisa Tomei (Pam “Cassidy”), Evan Rachel Wood (Stephanie), Mark Margolis (Lenny), Wass Stevens (Nick Volpe),Judah Friedlander (Scott Brumberg) y Ernest Miller (The Ayatollah). 2008. Duración: 111 minutos.

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