Fear Of The Dark

17 años. Hace 17 años este servidor tuvo la mala fortuna de no presenciar a una de las mejores bandas de rock de todos los tiempos en su primera visita al país. El motivo por el cual no estuvo de testigo presencial era, curiosamente, porque no tener con quién ir. Pero hay momentos en que el brazo benévolo del rock se extiende para que los olvidados y los que quedaron atrás se acerquen en aras de ser complacidos y agradecerles la devoción y fidelidad de años. Esta sensación es la que se tiene a nivel personal después de ser testigo –esta vez sí– del concierto ofrecido el pasado 5 de marzo en el marco de la gira mundial “Somewhere Back In Time” por parte de los grandes Nicko McBrain, Steve Harris, Janick Gers, Dave Murray, Adrian Smith y el maestro Bruce Dickinson. En dos palabras: Iron Maiden.
2 Minutes To Midnight
Más es necesario aclarar que con la excepción del resto de secuaces que conforman y acompañan en este blog y en la casa de al lado que compraron sus entradas desde el primer día en que salieron a la venta, quien suscribe no tenía pase, ticket o entrada alguna; si en la anterior ocasión era por no tener con quien ir; esta vez sí había, pero la crisis y la recesión mundial ha afectado a todos, incluyendo a este servidor en donde más duele, aparte de los testículos: en el bolsillo. Hasta las 2 y media de la tarde de ese día no sabíamos si íbamos.
Pero como siempre hay almas y panas de altísimos kilates, uno de nuestros más fieles lectores trabaja en El Poliedro y tiene acceso a entradas de cortesía. Lo lamentable en esta ocasión fue que por motivos de fuerza mayor, este amigo no pudo presenciarlos, pero sí logró que éste quien les escribe pudiera entrar. Y no en la entrada general, sino en la preferencial, cero colas, trato amable. Y con un adicional que no se pudo hacer en Nine Inch Nails: el correspondiente lounge pre show antes de entrar cortesía de Solera Verde. ¡Así es como se disfruta el rock! ¡Y así tienen que volver a ser los espectáculos en El Poliedro! Desde este espacio, nuestro eterno agradecimiento al pana Glenn.
Rime Of The Ancient Mariner
Ya adentro solo fue cuestión de un par de llamadas para encontrarnos con los camaradas de costumbre, más la vieja guardia del metal. Pero también hubo espacio para las nuevas generaciones en la figura del primo de nuestro socio Herr Kaiser, con 13 años, metalero desde la cuna y siendo este el primer concierto de rock al que asistía. Sólo podemos decir que, además del instinto paternal en ello y en ensayo (de tener hijos los llevaría a conciertos desde niños), podemos descansar tranquilos sabiendo que la antorcha ha sido pasada y que el legado está en muy buenas manos.
Debido a que entramos pasadas las 7:45 PM, no vimos el grupo telonero que correspondió a la hija de Steve Harris, Lauren. Según comentarios oídos ella no está mal físicamente, pero sonoramente es como si Avril Lavigne se montara a chillar “Fuel” de Metallica, y que masacró en el “MTV Icons” en su momento. Incluso estando afuera del Poliedro oíamos unos chirridos como de frenos de tren en medio de una musicalización bárbara, hasta que caímos en cuenta que era la compensación no nacional.
Run To The Hills
8:02 PM. A esta hora el par de pantallas de video ubicadas a los laterales del escenario muestran fragmentos de la gira en diferentes ciudades del mundo, el avión conocido como el ED Force One (Flight 666) y el lujo de tener como piloto a Bruce Dickinson. Terminado ese intro, se escucha la voz de Sir Winston Churchill junto con imágenes de la Royal Air Force que marcan el comienzo de “Aces High”. Ya en este instante la inmutación era total. Los 6 caballeros del metal estaban allí, amplificados por las bondades de la tecnología.
Además de este factor, del telón de fondo cambiante que tenía a Eddie como fijo en cada momento y de los cambios de vestuario que Dickinson hacía, el mayor de todos era tener a tres guitarristas en escena en un duelo para la historia. Cada uno, Janick Gers, Dave Murray y Adrian Smith se la pasaron en las casi dos horas de concierto dando clases magistrales y presenciales de cómo se toca la guitarra eléctrica, aparte de que en todo momento estaban gozando un imperio. Y en seguidilla sonaron “Wrathchild”, “2 Minutes To Midnight”, “Children Of The Damned”, “Phantom Of The Opera”, “The Trooper”, “Wasted Years”, cada una clásica por derecho propio, con la voz eterna, etérea, inmortal y única de Bruce; el mejor ejemplo de cómo un cantante se debe comportar en escena y una prueba viviente de que la juventud se lleva en el espíritu. Pero la maestría vendría a continuación.
The Number Of The Beast
Tan sólo al escuchar a Dickinson aludir al daño ecológico y cómo la naturaleza se venga, sabíamos que lo que iba a sonar era algo épico y sublime: “Rime Of The Ancient Mariner”, completa de arriba a abajo. Si en ese instante estábamos en el séptimo cielo del metal, llegamos al octavo al escuchar “Powerslave” y “Run To The Hills”. Más lo siguiente fue el momento en que Iron Maiden nos llevó hasta los confines del espacio metalero al tocar la inmortal “Fear Of The Dark”, a título personal nuestra canción favorita del grupo y que, sin saber leer música, nos la conocemos de principio a fin, al derecho y al revés, acorde por acorde y línea por línea. Ese es el modo correcto de hacer rock. Incluso un grupo de guardias nacionales que se encontraban en la vía cercana al estacionamiento vigilando en el monte cercano estaban agitando las cabezas, en un momento muy a lo “Monsters Of Rock” en el Estadium Lenin de Moscú en 1991 con los guardias soviéticos tripeándose a Metallica. Si querían demostraciones de que el rock no distingue raza, sexo o gustos musicales y que convoca a todos, he aquí la prueba.
Y no conformes con lo anterior, se mandan “Hallowed Be Thy Name” y “Iron Maiden” para la clásica aparición de Eddie en clave Terminator y gozando un bolón. Esto, para el falso final, y luego regresar a escena, y un servidor a los 14 años cuando escuchó por primera vez (entonces en disco, ahora en vivo) “The Number Of The Beast”, “The Evil That Men Do” y “Sanctuary”, para esta vez sí terminar con el concierto.
The Evil That Men Do
Ciertamente, y por haber entrado tiempo después de la hora de inicio del concierto, no pudimos ver todo lo que en otros sitios de Internet han reseñado: acceso lento para entrar al estacionamiento del Poliedro, por parte del público asistente la empujadera, los coñazos (aquí no censuramos palabra alguna), la actitud “rockera”, la gente que era una cagada, etc. Pero sí haremos notar cuatro detalles.
En primer lugar nos gustaría saber a quién fue el de la genial idea en Evenpro de que hay que vender entradas VIP para un concierto de metal. Puede que haya gente que quiera estar separada de la masa en lugares como este, pero si de algo se ufana el rock es de su carácter gregario y unificador que traspasa diferencias económicas y sociales. Y además amigos lectores, ¿cuándo han visto que en este país el VIP de los conciertos de lo que sea se respete? Metallica en mayo de 1999 se mezcló el VIP con la olla por el mismo motivo expuesto. Y ni hablar de lo que pasó con Juan Luís Guerra en diciembre pasado. Señores, olvídense. El concepto de conciertos con entrada VIP es aplicable a ciertos estilos musicales y en otras latitudes, no aquí y menos en géneros de música tan masivos.
En segundo lugar y a consecuencia de la actitud del público empujando que hasta hubo unos cuantos desmayados, el propio Bruce Dickinson hizo el llamado a que las personas dieran dos pasos hacia atrás de manera educada y decente; un gesto que el público agradeció y aplaudió, además de demostrar el poder de convocatoria que él tiene y que definitivamente hay momentos en que al público hay que arriarlo.
Y en tercer y cuarto lugar mencionaremos la falta de potencia que hubo a lo largo del concierto. Las canciones sonaban, pero no duro, no con ese efecto de que retumba así sea en un espacio abierto y que hace al heavy metal lo que es. Además, en la mitad del concierto la pantalla izquierda, aparte de estar mal calibrada que por momentos se apagaba, tuvo una falla que mostraba un cuadrado blanco que sólo vino a solucionarse al final del concierto.
Pero estos detalles fueron lo menos. Este concierto de Iron Maiden vino al fin a saldar una deuda con nuestra alma rockera al paso de 17 años de habérnoslos perdido, siendo así el tercer mejor concierto al que hayamos asistido (el segundo fue Metallica el 4 de mayo de 1999 y el primero, por supuesto, Nine Inch Nails). Así mismo, nos demostró el carácter rejuvenecedor que tiene el metal en sus cultores; los seis rondando la cincuentena y están como los propios veinteañeros. Y Eddie vino a hacer de las suyas otra vez. Si así va a ser el cartel musical para este año, el mismo promete ser muy bueno. Solo queda corear del mismo modo que cuando se acabó todo:
¡Maiden… Maiden… Maiden… Maiden… Maiden… Maiden!


1 Comments:
Excelente mi amigo!!! y como tú dices, los detalles fueron lo de menos, o sea, maiden es maiden. Sin embargo para proximos eventos evenpro debe tratar de realizar una mejor organización.
Ahh y otra cosa, entre los mejores conciertos también está el de Slayer!!! ojalá la música en maiden hubiera sonado como cuando se escuchó en slayer, aunque eran dos cosas distintas porque maiden fue al aire libre por supuesto. Saludos bro.
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