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jueves, marzo 06, 2008

Quiero ser George Clooney



No, no nos malinterpreten. Lo que estamos citando en el título no significa desorden de personalidad, fanatismo psicótico a lo Mark David Chapman o John Hinckley Jr., ni sesiones intensivas de conductismo o que ameriten que nos internemos en un manicomio. Es simple, queremos ser como George Clooney. ¿En qué sentido? Sigan leyendo.

Podría decirse que nos simpatiza el amigo George desde que co protagonizaba junto con Anthony Edwards, Noah Wyle, Sherry Springfield, Juliana Margulies y Eric La Salle las mejores cinco primeras temporadas de “E.R.” Su personaje del doctor Doug Ross nos parecía agradable en medio del entorno de salas de emergencias, planos de cámara en círculo y sangre artificial.

Las cotas de admiración se acrecentaron cuando aceptó coprotagonizar junto a Quentin Tarantino “From Dusk Till Dawn”, dirigida por Robert Rodríguez y por Quentin y cuya primera hora es un film 100% Tarantino. Su personaje de ladrón estuvo hecho a la altura; cosa que no pasó cuando se empeñó en hacer una comedia romántica con Michelle Pfeiffer en “One Fine Day” –un chick film más–, cuando trabajó junto a Nicole Kidman en “The Peacemaker” o cuando aceptó la oferta de Joel Schumacher para ponerse el traje de Batman en la olvidable “Batman & Robin.” Más ese año (1998) empezaría su asociación con el director Steven Soderbergh en la magnífica “Out Of Sight”, todo un placer en cuanto a actuación y prestancia por parte del pana George; así como en su breve papel del Capitán Bosche en “The Thin Red Line” del prestigioso director Terrence Malick.

Y lo magno vendría en 1999 de la mano de los hermanos Coen en la subestimada –porque en estas fronteras no se estrenó en las salas de cine– “O Brother, Where Art Thou?”, y del señor David O. Russell en la aclamada e influyente “Three Kings” junto a Mark Whalberg y Ice Cube. Con ambos papeles, el compadre George se ganó nuestra admiración. Misma que seguiría en el 2001 (no consideramos “The Perfect Storm” del año 2000 porque aun cuando no es mala, no nos parece memorable en cuanto a actuación), cuando se alía de nuevo con Soderbergh, Brad Pitt, Andy García, Matt Damon, Don Chedale, Bernie Mac, Casey Affleck, Carl Reiner, Elliott Gould, Scott Caan, Shaobo Qin, Eddie Jemison y Julia Roberts en el remake de “Ocean’s Eleven”, que se tradujo en dos secuelas más. ¿Y quién más sino George para hacer de Danny Ocean del mismo modo que en 1960 lo interpretó –quién más– Frank Sinatra?

Además de desplazarse en la arena de los filmes más comerciales, también ha hecho obras de carácter más artístico en cuanto a lo argumental, cual fue el caso de su siguiente asociación con Soderbergh y con James Cameron en rehacer el clásico de 1972 de Andrei Tarkovsky basado en el libro de Stanislaw Lem “Solaris”; un film complejo en el fondo y malinterpretado por las audiencias. De igual modo su debut como director de la biografía del productor de televisión Chuck Barris en “Confessions Of A Dangerous Man” demostraba que su talento detrás de la cámara estaba en gestación hacia algo bueno.

Y ciertamente lo anterior fue un anticipo para lo que fue el año 2005, el año de George. En primer lugar por el rol extraordinario que hizo en esa maravilla llamada “Syriana” de Stephen Gaghan, papel que le significó el Oscar™ como mejor actor de reparto, y por el cual mutó en sobrepeso, barba y parlamentos de lujo. Además, ese mismo año repetiría fortuna como director, actor y guionista en colaboración con Grant Heslov en la que a nuestro criterio es la cuarta mejor película de la década: “Good Night, And Good Luck.” Tal como dijimos en su momento, George se graduó de director de cine con este documento tan bien concebido que supera al cine para ubicarse en un contexto social y artístico a todo nivel.

Algo que si bien estuvo hecho correctamente, el resultado fue anodino al colaborar de nuevo con Soderbergh, Cate Blanchett y Toby Maguire en “The Good German”, otra pieza de arte y ensayo que recreaba la estética de los filmes de la década de los 40. Cosa que no pasó igual con “Michael Clayton”, por el que recibiría una nominación al Oscar™; esta vez como actor principal. Aun cuando su actuación no nos pareció estelar, sí reconocemos que fue digna y bien realizada.

Pero además de las películas que ha realizado, también está la actitud cool con la que se toma las cosas. El amigo George va a las fiestas (cuando no es que las organiza en su villa en el Lago Lugano en Italia con sus panas Brad y demás secuaces) en plan de disfrutarlas, sean de los estudios o tobos caseros; con él si hay buena bebida, comida y conversa, está más puesto que un zapato. Junto con ello, hace comerciales para Martini & Rossi™ todos en tono cómico; uno como el aguafiestas, el otro disfrazado cual ídolo de matinée italiano de los 50 a lo Ralf Vallone, Maximillian Schell y demás importaciones de Europa. Esto, para no contar los comerciales de cafeteras automáticas de la Nestlé™ Nespresso™, en los que pasa desapercibido para los actores de la cuña. Si bien estos spots no se pautan en la televisión americana, Internet permite disfrutarlos. Y, cosa irónica, sin cortes comerciales.

Y encima, sale con cuantas piernas femeninas con faldas se le atraviesan. Podría decirse con propiedad que se ha acostado con la mitad de la población femenina de Hollywood, y otro tanto con algunas de la Costa Este de Estados Unidos. Desde la más aniñada en la figura de Renée Zellwegger hasta su “amiga” Julia Roberts, literalmente ha dejado rastro a su alrededor, a tal punto que antes de contraer matrimonio, la periodista de E! Entertainment Television Giulianna De Pandi lo perseguía sin cuartel a cuanta fiesta se daba en Hollywood que parecía acoso. Y aun con todo el kilometraje que lleva en lo femenino, las mujeres de toda clase lo acechan cual leonas tras un ñú.

En la pasada entrega de los Oscars™ durante el preshow, el animador Regis Philbin decía que en el pasado los hombres querían parecerse a Cary Grant, y que en la actualidad querían parecerse a George Clooney, a lo que esté le responde que es cierto porque Cary Grant ya está muerto. Y no es invento. Al menos este que les escribe quisiera aunque fuese un día ser como George Clooney. Sólo tener el rastro de mujeres persiguiéndonos es motivo suficiente para ser como él. ¿Psiquiatras? Más barato es ver “Ocean’s Eleven.”

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